ROCÍO PRIETO VALDIVIA

Se han marchado los días de nostalgia.

 El canto de las aves rompe el silencio.

 Te devolveré tu libertad, para que el amor ya no te escadelde.

Y las espinas de los cardos ya no pinchen mi piel.

Nos volveremos al muro donde los que se amaron suelen pasar las horas autoflajelandose.

Cómo pidiendo al verdugo más dolor.

Dejando al rojo vivo la piel.

Ahí donde gimen, muerden, desgarran, pero no sueltan una plegaria.

 Nuestra felicidad sólo  fue un soplo asomado  en el abismo.

¡Una pequeña flama de un cerillo!

¡Una piedra que rompió el silencio!

Una guarida para dos en dónde yo no quise enamorarme de nuevo, para no contraer las tripas y que el corazón saltará de alegría  en este Ridículo  poema…

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