Mª DEL CARMEN MÚRTULA

—Entonces, ¿tú eres de las feministas?

 —Bueno, no soy de las que van reivindicando para la mujer unos derechos de igualdad con el varón. Sencillamente creo que somos dos modos de ser persona, dos modos que se complementan pero que no se pueden confundir. Somos equivalentes, pero no iguales. Ahora bien, otra cosa es que, como ser humano, ante la ley y demás, todos debemos ser personas con los mismos derechos y deberes. Es evidente que existe lo femenino y lo masculino, pero no podemos verlo como castas o diferentes niveles del ser, sino como complementarios que se necesitan mutuamente, porque saben que juntos forman un todo.

—Sin embargo, en muchos de los países aún es la mujer como ciudadano de segunda categoría. ¿No?

—Sí, esta es una triste realidad. Pero es gratificante el pensar que parte de la sociedad mundial está ya despertando ante la evidencia. Lamentablemente, a lo largo de la historia poco se ha tenido en cuenta el valor de esta complementariedad y ha sido tremendamente machista. Pero sin duda que es un signo de nuestro tiempo el ir tomando conciencia de la riqueza que la mujer puede aportar a la marcha de la historia. Tenemos que ir corrigiendo esos errores ofreciendo a las nuevas generaciones la complementariedad del hombre-mujer, aceptando las dos dimensiones de la persona humana como necesarias para que la sociedad crezca armónicamente.

—Esto es un camino muy largo para recorrer aún, ¿verdad?

—Por supuesto. Estamos aún inmersas en una sociedad patriarcal, donde la mujer sigue un paso por detrás de los varones, pero ya va siendo hora de que nos pongamos a estudiar el modo y la manera de que esto vaya cambiando. Hay que ir transformando las mentes hacia la aceptación de la participación igualitaria de hombres y mujeres a todos los niveles cívicos. De hecho, ya se van abriendo cauces en las estructuras políticas, económicas y profesionales, dando paso, incluso en los campos directivos, a la participación femenina. Aún los hombres tienden a elegir a sus iguales, los varones, porque actúan como ellos y a veces la lógica de las mujeres les descoloca. Pero sin duda que, con el reconocimiento de la mujer, la sociedad se verá muy pronto beneficiada. Su aceptación en las tareas públicas la está convirtiendo en agente de transformación de la sociedad y yo creo que es un signo de progreso de la historia.

—Y dime, ¿cómo ven los líderes de este país esta problema?

—Aún hay mucho que hacer, pero se va tomando conciencia de ello. Es verdad que nuestro concepto de hombre y mujer, como ya hemos comentado, tiene raíces muy machistas y es muy difícil eliminarlos en una primera generación, pero te aseguro que estoy satisfecha de los pequeños pasos que se están dando, tanto en el ámbito social, laboral e incluso educacional.

—¿Y qué cambiará la sociedad por la mujer?

—Pues verás, tomando el tema desde sus raíces existenciales, la experiencia biológica de la maternidad como raíz de lo genuinamente femenino, infundiría a la ciudadanía una gran riqueza en el campo relacional. Esos valores de entrega, acogida, apertura, preocupación por el otro, atención por el más débil, inclinación por la solidaridad, la unión, la aceptación de la singularidad de cada uno… en fin, asumir la dimensión femenina en la sociedad es hacer una historia más comprensiva y tolerante, abierta a aceptar la igualdad y la originalidad de cada uno de los individuos que la componemos.

—Me temo que tiene mucho que girar nuestra planeta para ser esto una verdad universal. ¿No te parece?

—Pues sí. Pero ya es hora de que nos vayamos dando cuenta de que excluyéndonos no sale ganando la historia. Esto es irreversible, y es una realidad que la presencia femenina en todos los ámbitos de la sociedad enriquece al bien común.

—Pero yo creo que también hay mujeres muy severas y duras ¿no son femeninas?

—Bueno, estos criterios femeninos no son exclusivos de la mujer, ni tampoco lo son los contrarios del hombre. El ser humano es muy complejo y el equilibrio femenino-masculino no se da con toda pureza en nadie, somos imperfectos y cada uno tiene sus inclinaciones que le hace único y genuino.

Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”

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