SARA LEVESQUE

Aunque haga oídos sordos, ya te adoraba antes incluso de saberlo yo misma. Aunque no quisieras escucharlo, yo te lo descubría con todas mis sonrisas. Aunque sé que no me estás esperando, yo sigo con los brazos abiertos, porque la vida da muchas vueltas. Y quién sabe si, al final, te decides a curar tus oídos sordos para poder escuchar mis “te quiero”, que he ido cobijando en cada rincón de la ciudad, con el paso del tiempo.

Y que no hace falta que me lo digas, porque yo no puedo parar de escribir, de escribirte. Si con ello logro abrazarte el corazón, a mí me basta para soportar la vida sin sentirme triste.

Cuando no sé de ti, a veces me gana mi lado suicida, pero solo con intención de matarme los miedos, los “es que” y los “pero…”, en caso de que regreses a mis días.

Y no volveré a quedarme muda de asombro, paralizada de terror, ante tu mirada brillante. Me armaré de valor para sincerarme contigo, aunque me suponga acabar con los pies por delante. ©

Un comentario sobre “Oídos sordos

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