ALMUTAMID

Mientras me duchaba no paraba de recordar las imágenes y sensaciones de mi primer polvo. Aunque los sentimientos eran contradictorios. Yo no sentía nada por Marina. No había sido algo bonito. En un baño y al grano. De hecho ni siquiera sabía si había estado bien pues aparentamente aquel polvo era parte del “cuidado” al equipo de fútbol. Sin embargo cuando cerraba los ojos bajo el agua caliente aun podía ver el culo de Marina, su chocho rasurado y mi polla entrando y saliendo. Casi podía sentir ese calor que casi me quema cuando mi mástil se abrió paso dentro de su carne. Y desde luego el orgasmo fue infinitamente más intenso que en cualquier paja que me habían hecho hasta ahora. Pero no era Claudia…ni siquiera Viqui…con las cuales me habría llenado mucho más el momento.

¿Que haría si Marina quisiera repetir? Evidentemente repetir…jajaja. Esa chica no era mi novia, pero físicamente le habría gustado a cualquiera. No se le conocía novio en la facultad pero sí multitud de pretendientes. Y yo me la había tirado…bueno, seamos realistas. Ella se me había tirado a mí. Aunque a saber si sus elogios eran reales o formaba parte de su “cuidado”. ¿Realmente lo hice bien? Luis no te comas la cabeza y disfruta lo vivido. Ya habrá oportunidades de estar con la chica que te gusta de verdad y mejor que el día que eso ocurra estés preparado para darle todo el placer que ella se merece.

La respuesta fue muy fácil. Marina me saludó afectivamente cuando la vi en la facultad pero cuando le propuse tomar algo me dió largas. Al menos conseguí explicarle que no buscaba nada nuevo en ella pero quería que fuese sincera en cuanto a como me había portado. Me dijo que cuando tuviera tiempo me explicaría. Vamos, que me dió largas…

El haber terminado los exámenes hizo que María y yo pasáramos menos tiempo juntos mientras en la residencia con quien pasaba más tiempo era con Claudia, más relajada pero aun agobiada por la incertidumbre de saber el resultado de los exámenes. Tenía un sentido de la responsabilidad tan alto que le daba remordimiento no seguir estudiando por lo que era yo el que me pasaba de vez en cuando a buscarla para dar un paseo o tomar un café. Aunque un día cometí un error convencí a Claudia para tomar café conmigo y con María. Ya se conocían del día del partido contra Óscar. No fue buena idea. Por una parte me agradó verlas como gatas en celo hablándose secamente sin más motivo para caerse mal que yo mismo. Pero por otra parte el regreso a la residencia fue un monólogo de Claudia criticando sin razón a mi compañera de clase. ¿Por qué se caían mal? ¿Yo les gustaba a ambas? No les gustaba pero me trataban como una posesión. ¿No querían compartir mi amistad con la otra? Joder, no entiendo a las mujeres, si os gusto ¿por qué no me lo decís? Que tontería, yo no me había declarado a ninguna y además tenía novia en mi ciudad. Pero a los hombres es más fácil entendernos…y más desde que Marina me hizo un hombre…me encantaban las mujeres, su voz, su piel, sus tetas, su chochete, ains…quería mojar el churro otra vez…

Y es que lo de Marina fue importante, pero fue efímero. Vamos, duró mnos de 10 minutos. Por su parte María me preguntó varias veces por Claudia, mostrando cierto interés por saber el tipo de relación y lo que hacíamos juntos en la residencia mientras que Claudia alguna vez me soltó una fresca como “Déjame estudiar tranquila y vete con tu amiguita la rubia”. Casi le suelto: “Mejor, que por lo menos me la menea”. Pero ya me conocéis lo suficiente como para saber que jamás se me ocurriría semejante desplante.

Sólo me quedaba Viqui. Así que en cuanto tuve oportunidad me fui de fin de semana a casa. Mi relación con los números siempre ha sido mala, así que no miré que ese fin de semana e prinipio de febrero coincidía exactamente con dos ciclos lunares desde el puente de la Inmaculada. O lo que es lo mismo, para un fin de semana que voy, a Viqui le toca la regla. ¿Creéis que por haberme esrenado unos días antes iba a estar yo más relajado? Pues evidentemente no. Sin embargo, Viqui me contó aquellos días algo que sí cambiaría mi ánimo. Os cuento…

Ante la imposibilidad de poder jugar con los bajos de Viqui, de lo que me enteré cuando nos íbamos solos después de hacer botellón con el grupo que aglutinaba a sus amigas y mis amigos, nos sentamos a charlar en plan acaramelados en un banco. Y me dijo lo siguiente:

-Voy a verte en breve…
-Mañana…
-No tonto, jajaja. Que voy a tu universidad…
-¿Y eso?- pregunté sorprendido y alarmado.
-Viaje con el instituto. Y es a la ciudad donde está tu universidad…
-¿Y podré verte?- pregunté.
-Claro. Es lo que te stoy diciendo. Tenemos visita turística y nos dan tiempo libre…
-Me tienes que decir cuando es para organizarme- dije aparentando ilusión.

Evidentemente ni María, ni Claudia se podían enterar de su existencia, o al menos de nuestra relación “formal”. Así que tenía que moverme por lugares en que no me encontrara a nadie que me pudiera delatar pues con ella tenía que comportarme con normalidad, cogidos de la mano y con muestras de cariño.

-Y hay algo más…
-Dime- respondí ansioso.
-Mi compañera de habitación me deja la habitación del hotel para mí sola…
´-¿Sola?
-Bueno, y para tí, si tú quieres…
-¿Pasar la noche contigo?- pregunté ahora verdaderamente ilusionado.
-Bueno tendrías que entrar después de la cena y te tendrías que ir antes del desayuno para que no nos descubran los profesores. Pero…
-Pero me muero de ganas que llegue ese día…y pasar la noche contigo…- que en mi mente significaba “te voy a desvirgar”.
-No tonto, jajajaja. Y yo, pero que te quiero decir que hasta que no lleguemos allí y nos instalemos y eso no te puedo asegurar nada. Pero por fin vamos a estar juntitos en una habitación…
-Muy juntitos…-repetí justo antes de besarla.

Estaba tan emocionado con la idea que aquella noche ni me planteé meterle mano o que ella me ordeñara como era ya costumbre en nuestros encuentros. Otra cosa fue al día siguiente que ya se ma había pasado la emoción del momento y para no romper rutinas nos fuimos al cine…

Aquel día cambiamos de cine. Esta vez elegimos la película antes de ir y la ponían en un cine más tradicional, de sala grande y butacas antiguas donde el reposavasos estaba a la espalda del asiento delantero y los reposabrazos se podían levantar de modo que Viqui y yo nos acomodamos muy pegaditos los dos sentados cada uno en nuestra butaca. No es que me molestar tenerla sentada encima pero cuando llevaba una hora se me dormía la pierna aunque otra cosa estuviera muy despierta con su culo tan cerca.

Habíamos elegido una película que se ve que tenía poco éxito porque cuando empezó la sala estaba casi vacía. No sé si sería por eso o porque la calefacción no funcionaba bien que hacía fresco en la sala, así que Viqi y yo nos cubrimos con mi abrigo a modo de mantay nos dábamos calor mutuamente. Yo pasé el brazo por su espalda mientras ella se acurrucó en mi hombro abrazándome. Estábamos cómodos y calentitos debajo del abrigo y sin nadie cerca. En menos de diez minutos su mano se había colado por debajo de mi camisa y acariciaba mi pecho jugando con los cuatro pelos que tengo en el esternón. Si ella toca, yo toco. Así que mi mano se coló por su cintura jugando con su ombligo mientras veíamos la película aparentemente ajenos a los manejos de nuestras manos.

Evidentemente en cuanto me aburrí del ombligo ya estaba jugando con su teta. Mi irrupción dentro de su sujetador para rozar y acariciar la suavidad de su seno y disfrutar de su pezón empitonado cambió su actitud apretándose más a mí y devolvíendome las caricias a mis dos botones. No nos mirábamos pues estábamos pendientes de la película y nuestras manos actuaban de forma independiente a nuestros rostros. De golpe su mano bajó acariciando mi paquete sobre el pantalón. Estaba duro desde que mi mano encontró su teta. Se levantó de mi hombro y la miré. Me sonrió y sin decir nada levantó el abrigo y desabrochó mi pantalón. Volvió a su postura original acomodándose sobre mi hombro pero esta vez metió la mano en mi calzoncillo acariciando con la yema de sus dedos mi nabo tieso ya descapullado. Nos pasamos un buen rato con su mano en mi paquete acariciando suavemente mi miembro y mis pelotas y yo con sus tetas hasta que le dije:

-Si no me la sueltas hoy no salimos de este cine….

Me besó. Y me respondió:

-Me encanta tenerla….

Me recompuse guardando como pude el bulto en el pantalón y afrotunadamente cuando acabó la película ya se había bajado. Al encenderse las luces estando ambos tapados por mi abrigo me preguntó:

-¿Podemos irnos?
-Sí, princesa. Ya se me ha bajado el bulto…pero no las ganas…-terminé susurrándole al oído.

Me sonrió acomodándose el swetter que llevaba y poniéndose su chaquetón. Y me tomó de la mano para salir. Cuando caminábamos por la calle camino del coche ya me dijo:

-¿Dónde me vas a llevar hoy?
-¿Dónde quieres ir?- devolví la pregunta.
-A estar contigo…

La conversación dió para ir besándonos mientras nos sobábamos respectivamente los culos hasta el coche.

Nuestro descampado quedaba lejos, de modo que al primer rincón oscuro que entendí suficientemente aislado dirigí mi coche y lo aparqué. Nos pasamos al asiento de atrás entre risitas tontas. Me encantaba la disposición de Viqui, no me cansaré de decirlo. Estando ella en sus días incómodos no ponía reparos en atenderme. Y yo, por supuesto , en que me atendiera como fuese.

Se sentó encima mía y nos comíamos la boca mientras mis manos daban buena cuenta de su culo y muslos dentro de su pantalón vaquero. Viqui no perdía cuanta tampoco de mi cuello y antes de darme cuenta ya me estaba sacando el jersey por la cabeza. Reconocía que le encantaba acariciar y sentir otra piel y desde luego lo ponía en práctica. En cuanto tenía ocasión me tenía desnudo y acariciándome. Y por tanto en cuanto salió el jersey abrió la camisa para acariciar, sobar y toquetear toda mi piel libre de ropa. Y desde luego darme pie a mí a exigir mi cuota de piel. Sin embargo esta vez fui más atrevido y le pedí que se desnudara para mí. Me sonrió con cade aceptación y se levantó de mi regazo poniéndose de rodillas en el suelo del coche entre mis piernas. Sin dejar de sonreir y mirarme se quitó el sweter que llevaba quedando en sujetador. Uno azul de encaja que sujetaba sus pechos haciéndolos parecer ingrávidos. Pero yo quería más y se lo hice saber. Así que Viqui pasó su brazo atrás y se dasabrochó la prenda sacandose los brazos por las tirantas y dejando sus preciosos pechos a mi vista.

Yo estaba tan atrevido aquella noche sabiendo que no habría más de lo que ya habíamos hecho otras veces que empecé a desabrocharme el cinturón y el pantalón. En cuanto lo tuve abierto tiré del pantalón hacia abajo levantando el culo del asiento y Viqui terminó de ayudarme a sacarlo por las piernas aprovechando que seguía de rodillas en el suelo. Pero esta vez fue ella la que pidió más:

-¿No sobra algo?
-¿Los calcetines?- pregunté haciendome el tonto.

Negó con la cabeza. Y miró a mi paquete con la tienda de campaña perfectamente montada.

-Si te sobra algo ya sabes lo que tienes que hacer…-dije.
-No, no. Quiero que tu me lo des…

Mirándola a los ojos levanté de nuevo el culo del asiento y me bajé el calzoncillo dejando mi nabo tieso a la vista. Me volví a sentar y Viqui terminó al igual que con los pantalones dejándome en bolas. Se levantó del suelo y se sentó abriendo las piernas sobre mi regazo pegando su entrepierna ami polla.

-Qué lástima no poder sentirte pegadita, desnudita a mí…-le dije .
-En el hotel te vas a poder pegar tdo lo que quieras….

Empezamos una nueva tanda de besos, con mucha mano por su espalda, tetas, culo y ella por mi pecho. Sin embargo, la tela del vaquero me molestaba al rozarse con mi polla muy sensible y se lo hice saber. Viqui volvió a colocarse rodillas entre mis piernas y empezó a pajearme mirándome a los ojos mientras me pasaba la otra mano por las piernas. Yo le tocaba los pezones. Los tenía durísimos. Entonces repitió el gesto de la última vez de pasarse mi glande por sus labios cerrados. A oscuras allí debajo de su casa casi ni lo había visto, ahora me excitaba mucho sentir y ver. En otro ataque de valentía le dije:

-No quieres ver como sabe…

Se separó pajeándome y me dijo algo confusa:

-Luis, por ahí sale el pipí y tu corrida. Me da asquito…
-Pero te lo pasas por los labios. ¿no tienes curiosidad?

Se detuvo un instante y tras él acercó de nuevo la cara pero en vez de pasarsela por los labios rozó la puntita de la lengua. Creí que me la chupaba pero en un segundo se echó para atrás diciendo:

-No puedo, no puedo, me da asco…
-No pasa nada, princesa. Todo lo que me haces me gusta…

Volvió a posar mi polla en sus labios cerrados y a pajearme con fuerza. Así estuvo varios minutos acariciádome los huevos a la vez hasta que llegó lo inevbitable y Viqui se echó atrás comprobando como mi semen manchaba mi barriga.

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