FABIANA ECHEVARRÍA

Lo que abriga una canción, una tenue voz, una melodía irrisoria, armoniosa, luminosa. Lo que abriga, pero también lo que hunde, lo que arrastra, haciendo sentir que estamos delante del último suspiro en la tenue noche, en la penumbra de la vida. ¿A dónde quieres que vaya? ¿A dónde me estas guiando? no logro entender- porque cuando suenas siento que me asomo al vacío, lo siento dentro de mí en mi estómago, como soy arrancada de mi cuerpo para habitar ¿Qué?  ¿En dónde estoy en esos minutos que suenas? ¿Qué quieres decirme?, no lo entiendo- te juro no lo entiendo, me inunda la tristeza la añoranza, mi corazón está en pedazos ¿Pero por quién? Si ni siquiera me he atrevido a amar, ¿o es acaso solo por mera identificación? ¿Con quién? Con el personaje de esa película, que tenía que decidir entre hablar y morir, hasta que se decidió por hablar, fue valiente, pero al final parecía morir de amor de falta de amor, de amor que fue vivido, sí, pero el insoportable destino tenía otros planes ¿El destino?, no, el destino no tenía que ver, eran las decisiones que se tomaron, alguien decidió partir, continuar su vida, cerrar el paréntesis después de que el amor ya había sido vivido, ¿Qué quedaba? ¿De qué le había servido hablar?, después de la pasión, las risas, la oscuridad, la claridad ingresando por el balcón, la camisa, el pantalón, las borracheras, los libros y Bach. Todo fue posible porque entre hablar y morir el joven fue valiente y dejo escurrir de su boca las palabras que parecían prohibidas que no sabía que las tenía, ellas lo hablaron a él, ellas lo anticiparon, se le escaparon como caballos salvajes que se reúsan a ser montados, así habían salido de su boca sin pasar siquiera por ser antes pensamientos. Y había recibido una respuesta, una respuesta de amor, él era correspondido, tenía esa dicha ¡oh Dios!, eso sí tenía que ser motivo de envidia, no el dinero ni la fama ni el éxito ni quiera la salud, él amaba y era amado por el que amaba ¿A cuántas personas en el mundo les conceden dicho deseo?, ¿Qué tan bien han obrado en la vida para recibir ese indecible sentimiento?  ¿Acaso tiene que ver con el bien o el mal? ¿se reduce a esta dicotomía? no lo creo, seguro hay muchos ajenos a la empatía y el buen trato que han sido amados por quienes aman, estoy segura. ¿Sera por el azar? Lo imagino así; hay una ruleta o una lotería dónde sacan tu número y dicen “eh aquí el afortunado o el torturado” depende como vaya la historia. Aunque la historia siempre termina- bien o mal siempre termina- otra vez la dicotomía.

Estábamos con los “afortunados o torturados”, y si agregamos uno más para dar lugar a la triada, “los ambiguos”, sí, lo voy a llamar así, serán esos que ese amor los hizo dichosos y felices pero se han alejado el uno del otro, los caminos se han separado cual vías de un tren, ya sea por el destino o por decisiones (voy a dejar abiertas las opciones) y allí comienza su tortura, lo que fue presente feliz ahora es recuerdo acompañado de melancolía de lo que fue y pudo haber sido, todo eso ya paso a ser parte de la película de nuestra vida, ya se emitió, pero esa no es la peor parte, la tortura radica en que no se van a emitir nuevas escenas con esa persona. Y ahora le toca saborear el amargo sabor de lo que se tuvo y se perdió, ¿Se perdió? Pero si ahí están los recuerdos, más que estos- están las marcas en su vida en sus deseos, en su ser, “marcas” no me gusta la palabra, diría (se detiene a pensar) “las gotas de la salpicaduras de ese amor” (que pretensioso), gotas que ahora se mezclan con lo que ya había y lo transforman en parte, cada una de ella es de un color diferente y se hunden en el todo, una distante de la otra,  cada una forma un globo de aire en el que contienen cada sensación respecto a él -al amado- cada caricia, cada idea despertada, escalofríos que invadieron su cuerpo cuando lo sintió dentro de él, cuando enredo sus dedos en sus cabellos, ahí están cada una de ellas es una gota, de un color diferentes y como son tantas hay colores nuevos, colores de verano, del lago, el color de la espera, el color de la confusión, del miedo y la felicidad.  Por ende, su alma toda fue bautizada por estas gotas, y si bien lloraba frente a la chimenea la tiranía de saber que la vida de su amado continuaba sin él, ya no era parte del bando de los torturados, sino de los ambiguos, que englobaba a los que fueron afortunados y luego torturado, pero como esa dicha fue vivida con cada partícula de su ser, esta no lo hizo un pobre torturado de por vida, anhelando lo perdido y llorando lo vivido, lo no disfrutad, lo mal amado, ¡no! él no sería parte de esos, él sería un torturado cuyas gotas de colores lo harían libre, libre de la tortura, la cual era solo la primera de muchas, pero si libre de instalarse a vivir en ella como un anciano sin pocilga que se queda a vivir en la estación de tren viendo hombres mujeres y niños subir y bajar, ir y venir, viviendo la vida a través de otros, imaginando la vida de este u otro pasajero, trenes van trenes vienen y el anciano sigue allí, esa es la estación del torturado. El ambiguo solo se queda en la estación por un tiempo, reposa, lava su cara con lágrimas, se aprieta el corazón de tanto sentir dolor, siente morirse, o lo percibe, porque ya no puede sentir, es un cuerpo abandonado, un alma ultrajada, pero un alma salpicada -no olvidemos ese pequeño detalle-, no olvidemos que esas gotas son partículas ilimitadas de lo que pequeñas que son, cuasi invisibles, pero que son gotas de colores, gotas de vida… si gotas de vida… por lo tanto pasado un tiempo el ambiguo primero se sienta, apoyando el torso en la pared porque todavía no se puede sostener solo, no tiene las fuerzas,  se sacude el polvo, el que cubría hasta sus ojos, porque hace tanto no los abría, hacía tanto que miraba solo hacia adentro porque el afuera lo agotaba, lo mutilaba; da sus primeros parpadeos, mira el mundo a su alrededor, trenes van trenes vienen, hombre- mujeres-niños, trenes van trenes vienen, ¿Es el destino o es una elección? se para, se lava la cara esta vez con agua, se ha secado de lágrimas. Eligió un tren al azar pide un boleto y espera, con la ropa aun algo demacrada, tampoco es que será  todo así tan fácil, no! deberá cargar un tiempo con ese traje sucio y rasgado, pero está de pie, el tren se diente frente a él, mira hacia ambos costados, también hacia atrás,  vuelve la mirada al tren, el boleto dice que va a una ciudad que desconoce, suspira profundo como si en ese suspiro se limpiara  su alma toda del polvo que había acumulado este tiempo, se siente aireado, ya en el tren se sienta de cara a la ventanilla. Mientras espera que parta observa la estación, no había notado que había varios como él, varios ambiguos que se sacudían el polvo y abrían lentamente los ojos, los reconocía no por el polvo ni la ropa, veía en ellos esa mirada, de haber amado de haber hablado antes que morir, se dibujó en su rostro una pequeña mueca, cierta complicidad, no estaba solo; cuando el tren arranco lentamente le llamo la atención uno en particular, uno que no tenía esa mirada, pero se veía igual a los otros, resulta que había más, más de estos que parecían no enterados de su existencia, eran los torturados, los que no habían sido salpicados con gotas de colores, los que eran tapados por el polvo porque eran ellos polvo también, ellos no se subían a ningún tren, no compraban boletos a ciudades desconocidas, no se lavaban la cara con agua. Ellos están engullidos en  una realidad otrora que les daba el hecho de mirar hacia adentro, incluso los que tenían los ojos abiertos miraban hacia adentro; había tanta desesperación en su rostro, desesperación por alcanzar algo que se les escurría de las manos cual arena, y lo volvían a juntar y se les volvía a escurrir, el placer era momentáneo, solo segundos duraba- mezclándose así la desesperación con la impotencia, en sus labios había vestigios de euforia por estar perdiendo siempre la partida, en una levedad inagotable, atrapados en el tiempo, presos de este, que  los dejo andar por su borde de forma que no se reconoce un principio y final, en un eterno presente, o pasado, en la insoslayable repetición de lo absurdo.

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