CAPITÁNTRUENO

Ya había salido el sol y sus rayos, atrevidos, se colaban por el ventanal y se estampaban en la cara de Elena. Abrió los ojos con cuidado y se tapó la cara con la mano.
A su lado, dormido, respirando pausadamente, estaba Andrés. Así dormido irradiaba tranquilidad. Elena se levantó, prácticamente desnuda, seguía con las medias puestas y el liguero desabrochado. Nada más. Entró al baño, se miró en el espejo de la mampara de la ducha, todo su cuerpo. Se admiró. Estaba despeinada, con la pintura de los ojos corrida, pero se veía guapa. Estaba feliz.
Se limpió la cara, se arregló un poco el cabello, y se quitó las pocas prendas que le quedaban puestas, y así, completamente desnuda, salió del baño y se acercó a Andrés.
Retiró la manta que le cubría el cuerpo. Andrés llevaba el slip puesto y una camiseta. Estaba boca arriba. Elena deslizó la goma del slip, y sacó su miembro flácido.
Con cuidado le echó la piel hacia atrás para observar el capullo, y con tranquilidad acercó su boca al mismo. Y lo lamió, lo acarició. Lo chupó. Le sabía delicioso. Lo notaba crecer dentro de su boca. Andrés seguía dormido, pero su rabo se estaba despertando. Cuando estaba casi dura del todo, la meneó, para conseguir una perfecta erección. Estaba completamente dura, grande, gorda, muy gorda. El capullo brillaba, pringado de saliva como estaba, al recibir la luz del sol. Se la metió en la boca, y la chupaba, pasaba la lengua por el capullo y la engullía. Andrés abrió los ojos y sonrió. Elena continuó sus maniobras y Andrés aceleró la respiración, mientras cerraba los ojos y se dejaba hacer.
-Anoche no te corriste.
-Buf. Pues lo hago hoy
-Dámelo todo, cariño
-Sigue así, que me vas a matar de placer.

Elena aceleró la velocidad con la que engullía, dentro, fuera. Andrés suspiró, y una espesa leche salió de su miembro, inundando la boca de Elena. El semen brotaba por los lados de su boca, mientras seguía succionando y pajeando aquella polla. Cuando de la polla de Andrés dejó de salir líquido espeso, la sacó de su boca, le paso la lengua por el capullo y se separó de él.
Se limpiaba los restos de corrida de los labios con los dedos, y se ayudaba con la lengua.
-Joder, que mamada. Así da gusto levantarse.
-Te quiero guapo. Y le besó en los labios.
-Voy a la ducha.

Andrés se levantó de la cama, se acomodó el rabo dentro del slip y salió al balcón.
Encendió un cigarrillo, y se apoyó en la baranda, mirando la calle. Más allá de su verja nada. Ni perros, ni gatos, ni gente. Una mañana plácida de sábado. El coche que había visto en la noche, ya no estaba.
Elena salió de la ducha:
-Habrá que ir a por tu coche
-Déjalo, ya iré por la tarde. Vamos a casa de tu madre con el tuyo.
-Como quieras. ¿Te duchas? Mientras preparo algo para desayunar.
-Corro.

Desayunaron juntos en la cocina. Hablaron de los planes para ese día, y decidieron cambiarse para marchar a casa de Pilar. Los dos tenían ganas de ver a su peque.
-Me ha dicho mi madre que va a comer su tía Dolores con nosotros
-¿Su tía Dolores?
-Si hombre, la mujer de mi tío-abuelo Fidel. El que murió en el accidente con mis abuelos.
-Ah vale.
-Andrés eres un despistado.
-Tienes mucha familia, que no conozco
-¿Como que no?
-A muchos no
-Pues a la tía dolores deberías conocerla, es una de las socias de tu padre, en esa megaempresa vuestra.
-Vuestra no. De mi padre. De mi padre y sus socios.
-Trabajas allí ¿no? Pues eso.

Llegaron a casa de Pilar. La casa estaba en mitad de un terreno muy grande, desde la verja de entrada hasta la casa había que recorrer un largo camino de gravilla, rodeado de un jardín con toda clase de árboles, flores e incluso un estanque.
Dejaron el coche bajo una pérgola habilitada en un lateral de la casa para dar sombra a los coches que allí estacionaran.
En la puerta de la casa, de pie, serio, como siempre, les esperaba Augusto, el padre de Elena.
El señor Augusto Plaza, dueño de varios restaurantes, entre ellos el MANACORÍ, un restaurante de alto standing con varias estrellas del muñeco gordito. Era raro que Augusto estuviera en casa, ya que a él le gustaba supervisar personalmente los trabajos de sus restaurantes.
Les saludo, frío, como siempre, dando un beso a Elena en la mejilla y la mano a Andrés.
Del interior de la casa, salió Sara, corriendo, soltando la mano de Mireya, la chica que la cuidaba, directa a los brazos de su padre. Andrés la cogió y la alzó, abrazándola contra su pecho. Para pasársela a Elena, que hizo lo propio y ya se la quedo en brazos mientras entraba en la casa.
A Andrés aquella casa siempre le había encantado, la luz que tenía dentro, gracias a los grandes ventanales. Un amplio salón con varios sillones y sofás estratégicamente repartidos por el mismo. Muchas estanterías desde el suelo hasta el techo repletas de libros.
Pilar Y Dolores estaban sentadas en un grupo de sillones, casi al otro lado de la estancia. Ambas se levantaron a recibirles. Mientras dolores besaba a Elena y la abrazaba. Pilar le dio dos besos a Andrés y le hizo una mueca de cariño, apretándole los brazos. Andrés le devolvió el gesto a Pilar. Dolores se acercó a Andrés, mientras Pilar decía:
-¿Te acuerdas de Andrés? Mi yerno.
-Sí claro. ¿Cómo estas Andrés?
-Muy bien Dolores, ¿Y usted?
-¿Usted? Por favor, de tú, de tú, Ese usted me hace mucho más mayor de lo que soy
-Como quieras Dolores.

Se sentaron alrededor de la mesa baja de aquel inmenso salón y Pilar llamó a una chica del servicio:
-Alicia. Por favor trae unos refrescos.
-Sí, señora
-A mí, por favor, una cerveza, si puede ser. Dijo Andrés
-Sí, Señor, claro.

Cuando Alicia se retiró, Pilar inició una conversación:
-Buenos chicos. Ahora os contaré lo que he pensado
-Mamá, lo que has pensado ¿De qué? Interrogó Elena
-Elena, cariño, yo no necesito nada, y creo que lo mejor es que mis acciones de la empresa pasen a ti. Es lo lógico.
-¿acciones? ¿Tú tienes acciones en la empresa?
-Hija, claro. O que crees ¿que yo no era hija de mis padres?
-Sí, pero no sabía que tenías acciones

Intervino entonces Dolores:
-Elena, cuando tuvimos el accidente, y fallecieron tus abuelos y tu tío… Las acciones de la empresa pasaron a mí y a tu madre.
-No lo sabía.
-Bueno, tampoco has preguntado nunca por la empresa. Inquirió Pilar
-A ver mamá, nunca he pensado que la empresa fuera de mis abuelos.
-La empresa era de mi marido Fidel y de tu tía Consuelo. Respondió Dolores
-Vale vale.
-Y ¿porque quieres ceder las acciones a Elena? Era Andrés el que cuestionaba ahora
-Hijo, yo con los negocios de Augusto, tengo bastante, no necesito más.
-Ya, pero tampoco te sobra. Podrías quedártelas y cuando tenga que ser. Será.
-Creo que ya ha llegado ese “cuando tenga que ser”

Alicia llegó con unas bebidas, que discretamente colocó sobre la mesa, mientras preguntaba:
-Señora ¿A qué hora quiere que sirvamos la comida?
-Danos media hora, Alicia. En la terraza grande, que parece que hace buen día.
-Muy bien Señora. Nos ponemos a ello

Y salió tan discretamente como había entrado.
Dolores, entonces, se incorporó, cogió un refresco de limón, y dirigiéndose a Andrés, le dijo:
-De todas formas Andrés, tendrás que empezar a preocuparte un poco más por la empresa.
-¿Yo? ¿Por qué?
-Esta semana he hablado varias veces con tu padre…
-¿Con mi padre?
-Sí, he hablado con Ernesto, y él está dispuesto a cederte el control ya. Dice que ya estás preparado,
-Pero…
-¿No te ha dicho nada? Me dijo que iba a hablar contigo
-Tengo que ir el lunes al notario, perece ser, Ha mandado a Julia con una documentación. Pero aún no sé para qué. Mañana pensaba pasar por el hotel de Julia, a que me explique
-¿mañana? Pregunto Elena
-Sí, es que el lunes tenemos que ir al notario a las 10

Dolores, hizo una mueca extraña, como extrañándose, pero no dijo nada.
Siguieron hablando de otras cosas, y al rato Alicia, anunció que la mesa estaba preparada.
Se levantaron y fueron a la terraza de la zona de atrás. Una amplia terraza cubierta, que daba a la parte trasera de la finca, desde allí se veía la piscina, una zona cubierta donde estaba la barbacoa y más a lo lejos, el campo, mucho campo.
Mireya trajo a Sara a la mesa, pero Pilar le indicó que la llevara dentro a comer con ella. Elena protesto:
-Mama, déjala aquí con nosotros
-Luego se pone muy pesada
-Mama, que es tu nieta, tu única nieta
-Mireya, déjala aquí, no quiero que Elena tenga un trauma por no poder comer con su hija cerca.
-De verdad, mama. Que cosas tienes

La única que no salió, fue dolores. Estaba paseando por el salón, hablando por el móvil. Gesticulaba y reía. Dos minutos después, ella también se sentó a la mesa, a la izquierda de Andrés.
-Andrés, ya he hablado con tu padre. Esta tarde te mandara un mail, con toda la información.
-Estoy… no se. ¿Documentación de qué?
-Andrés, hijo. Que vas a heredar una empresa.

Andrés estaba alucinando, sin comerlo ni beberlo iba a heredar. Él que nunca había pensado en la dirección de la empresa familiar, como para pensar en el grupo.
La comida transcurrió con normalidad, y cordialidad. Incluso Augusto se permitió hacer algún chiste con Andrés. Sara no dio ninguna guerra con la consiguiente satisfacción de Elena
-¿Ves mama? Ni se ha notado que estaba aquí
Todos rieron. Terminaron de comer, tomaron café entre conversaciones banales y risas.
A media tarde, Elena decidió que ya se podían marchar.
-¿Vamos a por tu coche?
-Vámonos a casa, y me acerco en un taxi. Que Sara estará cansada.

Un comentario sobre “El sonido del agua (12)

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