HELEN ÁLVAREZ

Todo comenzó cuando…

Como toda espera natal, allí estaban ellos, ansiosos de poder ver al nuevo miembro de su familia, con miles de planes en su corazón, jugar a la pelota, correr un rato entre los pastizales,—le haré un nuevo atuendo — pensaba su madre, con sus ojos llenos de ilusión extrema, su mirada perdida, y una sonrisa en sus labios, ocultando la ansiedad que escondía tras sus ojos llenos de esperanza, alimentaba la idea de que todo estaría bien.

Ella era fuerte, había superado grandes procesos, y después de esperar años por la llegada de su anterior bebe, su corazón agradecido desbordaba de amor, había ocurrido un milagro, las mañana no podían ser mejores, aquella que era estéril estaba lista para gestar una semilla llena de sueños, Raquel, hermosa y radiante, doncella de su corazón, el amor que les unía había sido cimentado sobre un esfuerzo infinito, Israel sabía esperar, verla extendida en aquella tienda al dar su ultimo respiro, mientras alumbraba la nueva vida que acompañaría a su primer y milagroso retoño, sin duda ella lo hizó feliz, pero sus ojos desbordados de gotas como grandes cascadas indetenibles, fluían sobre aquel cuerpo inmóvil, se había ido, su ultima expresión fue Benoni, (Dios a traído aflicción a mí alma) batalló por darlo todo, nació la ultima tribu de una nación escogida, Benjamín pequeño de mí corazón, amado hermano, —¡que dicha verte!— exclamó de asombro su hermano, —eres el consuelo del adiós de mi ternura—, sus cuidados aun se dejaban ver sobre aquel otro infante creciente, se levanta la estabilidad de un Padre con más fuerza, para establecer sobre ellos los designios del cielo, y ahí estaba José, el numero once de doce hermanos, huérfano de madre, y amado de su padre, que al observar su rostro recordaba una y otra vez la semejanza de su anhelada esposa, amado por él sin duda, pero lidiando con esa ausencia tan importante en el corazón de un niño, Raquel se había ido.

“…la fascinante historia de la vida José, describe acontecimientos no muy distantes a nuestras realidades, todos en ocasiones atesoramos recuerdos de niños, como pudó ser el caso de José, recuerdos que nos conectan ha anhelos manifiestos, tras juegos como—¡Soy un Doctor! — mientras tomábamos el delantal de nuestras abuelas, mamás o tías, con la mesa de escritorio, y algunos accesorios prefabricados, para parecerlo—¡Soy un cantante!— tomando en la mano un cepillo de cabello, y un control remoto de TV, recitando infinitas canciones, mientras nos imaginamos todo un escenario de personas cantar junto a nosotros, sobre un montón de arena o pavimento sin concretar.

¡Era nuestro gran puesta en escena!, y podríamos hacer una lista de la cantidad de cosas que nos imaginábamos de pequeños, probablemente José lo hacía, de seguro jugaba con sus hermanos a ser un gobernador, a lo que sus hermanos respondían con desprecio y celo por ver que su Padre le amaba con ansías, lo que tal vez le hacía jugar solo, pues benjamín aun era muy pequeño.

Y todo comenzó cuando en su adolescencia camino a ser casi un adulto, se atraviesa la desgracia, vista así por muchos, las maquinaciones de sus hermanos se habían convertido en más que amenazas, querían aquella túnica colorida que su Padre había tejido para él, sólo tenia 17 años.

El pozo

Sumergido en una profunda oscuridad sin poder respirar muy bien, la falta de oxigeno, la agonía, y desesperación, debieron haber tocado la puerta, ahí se encontraba José, agradeciendo a Dios, tal vez por la sequedad de aquel pozo al que lo habían arrojado, o tal vez atemorizado por no saber que le depararía el destino. Un dato interesante es que los pozos, son excavaciones profundas, con propósito de penetrar la tierra, intentan llegar hasta alguna vena de agua o manantial, buscando la extracción de aguas mas puras, que para los pastores de aquellos tiempos representaba un lugar de encuentro, ya que podían dar de beber a sus ovejas.

Generalmente se les construía un borde alrededor para evitar que se pudiera caer, alguna persona o animal, además se le añadía una polea con una cuerda ceñida a un tobo o cubo, con la cual poder sacar el agua. Lo que en este contexto, podría significar el inicio de un desierto personal en el que se aproximaba a entrar la vida de José.

Sé que tal como este joven, muchos de nosotros hemos experimentado el rechazo, el abandono, algunos el abuso, alguna situación que provocó el rompimiento de aquellos sueños infantes, muchos de ellos, plantados para orientar nuestras vidas al destino escrito por nuestro creador de ante mano, algunos de ellos desviados hacia planes mal intencionados, que nos fueron alejando poco a poco de nuestro punto de origen, otros enterrados y sustituidos por deseos influenciados por la inmediatez; esa necesidad de salir de aquellos pozos secos a los que probablemente fuimos lanzados y con ellos, nuestros sueños, sin duda necesitamos un encuentro con aquellas vírgenes aguas que puedan limpiar y nutrir nuestra alma.

“…Probablemente los hermanos de José habían heredado esto de sus Madres, quienes habían sido menospreciadas por no ser amadas por Israel, pero favorecidas por el Señor al procrear hijos como una vid llena de uvas, estaban frustrados, estaban llenos de un celo fulminante, y despiadadamente dejaron esa marca sobre José. Como muchos otros también lo hicieron en nosotros.”

¡Aun no acaba!

Hay algo que hace diferente a José, es que él tenía suficientes razones para abandonar sus convicciones e incluso para aborrecer a Dios, y culparlo de toda su situación.

Siempre he descrito a José como una semilla esparcida por el viento, no escogió lo que estaba viviendo, él no tuvo opciones. Haré un paréntesis para aclarar que estudios indican que existen muchos tipos de semillas, unas caen en tierra, otras son llevadas por la brisa, a otros lugares para ser establecidas fuera de sus tierras originarias, sin embargo, siguiendo la línea de lo que estamos estudiando, desde que somos gestados portamos un destino inquebrantable, David expresó:

Tú viste formarse cada parte de mi cuerpo; todo ya estaba escrito en tu libro; fueron formadas a su debido tiempo, sin faltar una sola de ellas
Salmos 139:16 PDT

Dios lo tiene escrito, sólo nosotros podemos alterar ese destino. José es un ejemplo de ello, cuando respirando esperanzas de libertad, escucha voces alrededor de aquel pozo, alguien lanzó una cuerda, comienza a moverse la polea, una voz a lo lejos se escucha —Joseeeé, Joseee, jala la cuerda, sube— y José, toma fuerzas para respirar, echa mano de la cuerda y se aproxima a la superficie, sorprendido al ver las cadenas que le esperaban… ellos le habían vendido como esclavo.

Entrando así, en otra fase de dolor y de angustia, ¿Qué pasará ahora? desprendido sin anestesia de su tierra, de su única fuente de estabilidad, no por que quizó ir a ver que tal le iba en Egipto, si no porque fue arrancado de raíz, sin poder decidir, sería la ultima vez, que vería el rostro de su dulce hermano benjamín, de escuchar sus risas, su llanto, de sentir el abrazó de su Padre, su aroma, todo se fue tras aquella venta inesperada, ahora se aproxima a un destino incierto, los sueños de gobernar, de liderar, se esfumaban, la realidad es que era un simple esclavo, a merced de algún amo irritable.

Seguiremos describiendo la vida de este jovencito, en los siguientes Post, hasta aquí, quiero decirte que hay una decisión firme que atesoro José, el decidió mantener una relación viva con Dios, en medio de todos estos acontecimientos, estoy segura que en la oscuridad de ese pozo en sequedad, Dios fue la fuerza que lo sostuvo, fue el agua viva de la que bebió su Espíritu, muy probablemente en ese pozo El pudo tener un encuentro con su creador, ya no como hijo mimado de su Padre, si no un encuentro confrontador y real, un encuentro profundo que lo llevo a conocer otros atributos de Dios, que tal vez hasta ahí, no conocía, un Dios que provee, que es una torre, que pelea por El, que es su Padre.

Más adelante la historia cuenta que José, hallo gracia ante su amo Potifar, y en todas las cosas prosperaba, por que la mano de Dios estaba con El, pero esto no era mas que la consecuencia de Jose abrir su corazón a Dios, sin entender lo que vivía. Amigo lector Dios está contigo, pero ¿Estás tú con El?

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