ISA HDEZ

Pensaba que la habían engañado cuando le contaron la fábula aquella tarde lluviosa de otoño, y sin preguntar salió con premura y se marchó a la estación a comprobarlo. No dijo ni una palabra temiendo ser el hazmerreír del corrillo y sirviera de payasa para ser la beneficiaria de mojigangas y bufonadas del clan burlón. Cuando llegó a la estación se sentó en el banquito y durante la espera estuvo tentada de salir corriendo, pensando que otra vez la habían engañado. En realidad, deseaba con toda su alma que se cumpliera el cuento y tan ensimismada estaba que cuando lo vio aparecer y parar en la estación, delante de su cara, sus ojos se abrieron tanto que parecía que se le escapaban de las órbitas como dos canicas azules. Estaba tan impresionada que no podía creerlo, y sin saber como se levantó del asiento y se subió en el tren, acariciando las puertas como si quisiera comprobar con el manoseo el color tan azul como el cielo, como sus ojos, como la fábula. En su mente recordaba cada palabra del cuento y veía caer y resbalar las gotas en los cristales con los ojos muy abiertos, todo era azul, todo era verdad. Por su cara manaban las lágrimas que se confundían con las del cristal, con la cara pegada a la ventanilla. No recuerda el tiempo que pasó en el trayecto ni cuantas estaciones de más se pasó sumida en su pensamiento. Sintió la felicidad, el embeleso y la enajenación del sueño perpetrado. ©

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s