AKUARIES

Samanta se vio el lunes en el trabajo con Dani, él se volvió a disculpar y ella educadamente le dijo que no pasaba nada, pero los dos sabían que no había ninguna posibilidad de que lo suyo fuera más lejos, al revés, poco a poco se fueron distanciando.

Comiendo con Marga en su casa le explicó lo que había pasado con Dani y como lo habían dejado, Samanta creía que era demasiado retraído, tenían buenas conversaciones pero ella estaba acostumbrada a otro tipo de hombre, con más iniciativas, más carácter, además todavía no estaba segura de querer emprender una relación más o menos seria con nadie.

MARGA: Samanta guapa lo que creo que te hace falta es pegar un buen polvo.
SAMANTA: Pues no te digo que no, ¿pero qué hago?
MARGA: Confía en mí, te voy a presentar a un amigo de cuando Gabriel y yo éramos liberales que te va a encantar.
SAMANTA: Coño Marga, pero presentarme a alguien como, mira aquí menganito, ya podéis ir a follar como locos, pues no lo veo qué quieres que te diga.
MARGA: Que confíes en mi joder, mira, quedamos los cuatro para ir a cenar y tomar unas copas, tú lo conoces, si te interesa desapareces con él, si no, pues pasamos una buena noche riendo y cada uno a lo suyo.

Samanta le confirmó levantando y bajando la cabeza con una sonrisa que ese plan si le gustaba.

Quedaron los cuatro en un restaurante, le saludo con dos besos, desde luego Marga tenía buen gusto, el hombre era guapo y con buen tipo. Cenaron los cuatro hablando de diferentes temas y anécdotas, Samanta rio mucho y se empezó a encontrar a gusto en su compañía, después tomando unas copas habló más íntimamente, le pareció un tío simpático y “echao pa lante”, cuando se acabaron la primera copa se dieron un par de besos en los labios y se fueron a casa de él. Su apartamento era claramente un picadero pero a eso iba ella, se besaron pasándose los brazos por la espalda, él la apoyó sobre la mesa del comedor y se arrodilló metiéndose por debajo de la falda que llevaba besándole los muslos, Samanta abrió las piernas para facilitarle la labor y en nada tenía su boca encima del coño por encima de las bragas, las bragas salieron volando y su lengua, que se notaba experta en esos menesteres, fue hurgando por el medio de su rajita subiendo y bajando, la agarraba con sus dos manos el culo y la lengua iba y venía lamiéndole el coño, Samanta gimió un par de veces apoyando una mano sobre su cabeza, entre sus lamidas y la calentura que llevaba se mojó el chichi en un momento, se levantó empezando a desnudarla, ella también le quitaba la ropa a él, cuando estuvieron desnudos él le agarró una mano y la acompañó a su habitación, Samanta le cogió la polla pajeándolo y él le metió dos dedos entre medio de los labios del coño frotándoselo, al apoyar la espalda en la cama ella abrió las piernas, señal que él entendió a la primera poniéndose en medio, le levantó una pierna y le metió la polla todo lo profundamente que pudo, la hizo gritar de gusto, cogió un buen ritmo de follada y ella le apretó el culo con sus manos gimiendo y gritando, en poco tiempo se estaba corriendo como hacía mucho tiempo que no hacía, con un hombre encima, uno que parecía tener energías de sobra, la giró y la puso a cuatro patas volviendo a llenarle el chichi de polla, Samanta se sentía llena y excitada, tenía ganas de una buena noche de sexo y no la iba a desaprovechar, en cada penetrada ella tiraba el culo para atrás para que fuera más fuerte, le volvía a subir el gusto, le volvía a quemar el cuerpo de placer y se volvió a correr gritando como hacía mucho tiempo que no hacía. Se dejó caer en la cama recuperándose, el “amigo” se le puso al lado tocándole la cara, sabía cómo tratar a una mujer. Samanta se incorporó, le agarró la polla y se la metió en la boca, se la chupó, pajeó y succionó haciéndole gemir y gritar, le agarró los huevos con una mano, se metió el capullo en la boca succionándolo y le hizo una paja por debajo con la otra mano, el tío empezó a mover las piernas dando señales de que se corría y ella se sacó la polla de la boca haciéndole una paja para que se corriera en sus tetas, nunca le había entrado el semen de nadie en la boca y tampoco sería esa noche. Se levantó entrando en el cuarto de baño para limpiarse, se fue vistiendo con las prendas de ropa que fue encontrando por la casa y se fue despidiéndose de él con un “hasta la próxima”.

Camino de su casa sonrió, le gustó aquella experiencia, nada de compromisos, aquí te pillo aquí te mato, con alguien de confianza de su amiga no era un extraño, disfrutaba del momento sexualmente sin preocupaciones, nunca había estado de acuerdo con los “follamigos” pero a partir de ese momento lo vio de otra manera.

Fue saliendo de vez en cuando con Marga y Gabriel que le presentaron a un par más de “amigos”, a partir de aquí ya tenía en la agenda a tres hombres con los que salir y pegarse un buen revolcón volviendo a su casa tan contenta. Lo que había cerrado a cal y canto era su corazón, no creía que se volviera a enamorar de nadie en la vida, ya tenía a sus hijos que le daban cariño, estaba demasiado dolida para pensar en una pareja estable y ni se planteaba llegar a tener una.

Ella sabía que todos ellos eran unos vividores, que solo buscaban sexo, pero ella estaba en la misma situación, con uno de ellos lo hizo en sitios que nunca se imaginaría que lo llegaría a hacer, en los callejones con el morbo de que alguien los viera, le bajó las bragas contra una pared subiéndole una pierna alrededor de su cintura, se sacó la polla metiéndosela allí mismo, se la folló con tanta fuerza que le hizo gemir y gritar corriéndose, le llenó el coño a lechazos y después se fueron a tomar una copa riendo, en otra ocasión se metieron en medio de unos contenedores de basura, se agachó, él le levantó la falda y le bajó las bragas metiéndosela de golpe, los dos estaban excitadísimos y follaron como animales.

Con el otro era todo más fino, tenía mucha manía con tener las cosas de su casa ordenadas, a ella le hacía mucha gracia ver como tocaba y retocaba las cosa que tenía encima de los muebles colocándolas bien, eso sí, a la hora de follar era un máquina y además tenía una buena polla, la más grande que se había follado jamás, con él le gustaba ponerse encima, meterse aquel trozo de carne en el coño que la hacía sentirse llena como nunca y moverse a su antojo consiguiendo unos orgasmos tremendos, a él le gustaba follarla con la postura del misionero, la verdad es que el tío se movía bien y más de una vez conseguía que ella se volviera a correr, cuando él estaba a punto se separaba y se hacía una paja para correrse encima de su coño, se lo dejaba tan dilatado que notaba como le entraban dentro los disparos de leche a distancia.

Víctor seguía con las visitas a Cloe, uno de los días que fue, después de follar y azotarle el culo como si la estuviera castigando por sus desgracias habló con ella. Le pidió que le hablara de Sebástien, que le diera detalles de él, como la trataba, que le hacía, Cloe se deshizo en elogios hablándole de Sebástien, como la hacía disfrutar, como sabía ser un autentico dominante. Cuando acabó de hablar Víctor le pidió donde podría encontrarlo, Cloe abrió una cajita y le entregó la tarjeta que Sebástien le había dado en su momento. Cloe pensó que ya lo tenía donde quería tenerlo, estaba segura que Víctor quería mejorar como dominante, meterse en ese mundo y que mejor que hacerlo de la mano de todo un experto, Sebástien, si él le ayudaba, Víctor podía ser el hombre perfecto para ella, lo que había buscado desde que lo vio por primera vez.

Un sábado Víctor se subió a un avión con destino Paris, después un taxi lo dejó delante de la dirección que le había dado Cloe, llamó al timbre y salió a recibirlo un tipo muy bien vestido que lo recibió con mucha educación. Se presentaron y entraron en su casa, le invitó a un té y se sentaron en los mismos sillones que Cloe tantas veces había estado hablando con Sebástien, estuvieron hablando horas, tantas que se le hizo tarde para volver el mismo día como había planeado, se quedó a dormir y cambió el billete de avión para el domingo por la tarde.

El lunes por la mañana se vio con Cloe, ella le miró a los ojos y solo le hizo una pregunta.

CLOE: ¿Todo bien?
VICTOR: Todo correcto.

Cloe sonrió, pensó que aquella tarde en su apartamento podía ser una de las mejores. Pero se quedó vestida muy sexi esperando que él apareciera, aquel día la dejó plantada, eso le molesto, la cabreo y acabó rompiendo un jarrón del salón, por otra parte pensó que él la estaba poniendo a prueba, estaba dejando pasar las horas para tenerla así, enfadada, demostrarle que era él quien dominaba los tempos.

Al día siguiente en el trabajo Cloe hizo algo que no había hecho nunca, entró en el despacho de Víctor.

CLOE: Ayer me dejaste con las ganas, toda la tarde esperándote.
VICTOR: Pero quien coño te has pensado que eres puta, voy cuando me sale de los cojones, tú obligación es estar preparada por si voy, y si no te espabilas tú sola, iré cuando quiera, y no vuelvas a molestarme nunca más con tus gilipolleces.

Cloe bajó la cabeza y se fue con una sonrisa, le gustaba que la tratara así, era su amo y señor y podía hacer lo que quisiera con ella.

Aquella tarde también se quedó con las ganas, ella sabía que la estaba castigando y el día que fuera la resarciría del tiempo perdido.

El miércoles por la mañana no le dijo nada del asunto, llegó al medio día como siempre a su apartamento y se cambió poniéndose una combinación negra de sujetador y tanga con unos zapatos con un taconazo tremendo, se sentó en un sillón esperando que sonara el timbre de la puerta. Tardó en sonar un poco más de lo que ella le hubiera gustado pero se levantó ilusionada para abrir la puerta.

Al abrirla se encontró con Sebástien de cara, detrás de él estaba Víctor, se puso nerviosa. Sebástien le hizo un gesto con la mano y Cloe se sentó en el suelo encima de sus talones con la cabeza baja. Entraron los dos y cerraron la puerta.

SEBASTIEN: ¿Esto es lo que te enseñé?, así de mal lo hice contigo, a la que te quedas sola no sigues ninguna de las normas que pacientemente te estuve enseñando destrozando una familia por tu puto interés.

Cloe balbuceo algo que no se le entendió.

SEBASTIEN: Cállate, te has portado muy mal y te voy a castigar. Esta tarde llamarás a tu trabajo y les dirás que tienes que volver con urgencia a Paris, vuelve a trabajar en el bufete que tienen allí, te quiero tener cerca, esto lo vas a pagar caro, muy caro.

Cloe levantó un momento la vista mirando a Víctor, se dio cuenta que se la había jugado.

VICTOR: Lo siento Cloe.

Se giró y abrió la puerta para irse.

CLOE: ¡Víctor!

Se giró mirándola serio.

CLOE: Al propietario no le va a gustar, se lo pasa muy bien conmigo de vez en cuando, yo he decidido lo que se hacía y no se hacía en ese bufete.

Víctor entendió muchas cosas, los dejó a los dos solos y se fue a su casa.

Cloe sabía que se había acabado la aventura con Víctor, su amo le ordenaba volver a Paris y ella lo cumpliría aquel mismo día, le daba igual si la echaban del trabajo, tenía que obedecer a Sebástien, estaba segura que se lo recompensaría con el tiempo.

Víctor llegó a su casa y se dejó caer en un sillón, cerró los ojos y repasó mentalmente toda la mierda que le había caído encima desde que empezó aquella pesadilla, le cayeron lágrimas por las mejillas que le resbalaron por la boca sintiendo su sabor salado y se paraban encima de la ropa. Se acabó, se acabó Cloe y sus paranoias, pero demasiado tarde, había perdido lo que más quería en esta vida, a Samanta, tenía tanto sentimiento de culpa que ni pensaba en la posibilidad de volver con ella, de hecho si se la encontraba de frente no sabría ni que decirle, todo sería insuficiente, pedirle perdón, arrodillarse, arrastrarse, sería capaz de hacer cualquier cosa pero estaba convencido que le había hecho tanto daño que ella ya tendría otra vida, la visión cogida del brazo y sonriéndole aquel hombre le dejaba claro que había pasado página, tampoco le extrañaba, era una mujer joven, guapa, no le faltarían pretendientes y lo mejor que podía hacer era olvidarse de él, del padre de su hijos, lo único por donde tenían un vínculo.

Cloe desapareció del bufete. Fernando a los dos días llamó a Víctor a su despacho.

VICTOR: Hola Fernando, ¿vuelves a ser mi supervisor?

Fernando le señaló una silla para que se sentara.

FERNADO: Mejor que eso, tú vas a ser el supervisor, yo me jubilo y mi sitio es para ti, todos están de acuerdo que eres tú quien se lo merece.

Víctor no hizo ningún gesto, le miró a los ojos impávido.

VICTOR: Voy a acabar los casos que tengo ahora mismo en curso y me iré del bufete.
FERNANDO: No me jodas hombre, ahora que consigues lo que tantos años has estado buscando te vas a ir, ¿te han hecho una oferta en la competencia?, si es así, dímela que te la igualaremos, tú eres parte de este bufete, no te puedes ir.
VICTOR: No, no es eso, quiero montar mi despacho, dedicarme a casos menores sin tanta responsabilidad.
FERNANDO: No aguantaras Víctor, estás acostumbrado a jugar en primera división, ¿cómo te vas a meter a jugar una liga local de barrio?
VICTOR: Es lo que me apetece en estos momentos, de todas maneras muchas gracias por todo, si me permites un consejo coge a Gabriel de socio, es un buen abogado, responsable y se desvivirá por el bufete.

Se levantó y le estrechó la mano a Fernando que lo miraba contrariado sin saber que decirle.

La siguiente semana Gabriel lo fue a ver a su despacho, entró y cerró la puerta detrás de él, se plantó delante de Víctor.

GABRIEL: ¿Se puede saber qué te pasa?
VICTOR: Nada.
GABRIEL: ¿Nada?, ayer me llamó Fernando a su despacho para decirme que sería el nuevo socio, que sorpresa me llevé al decirle que quien tenía que serlo eras tú y me contestó que te ibas, ¿tan mal estás conmigo que no me dijiste nada?
VICTOR: Son cosas mías, tú te mereces el ascenso tanto como yo.
GABRIEL: Venga, a mí no me vengas con gilipolladas, Cloe ya no está para tocarte los cojones, podrías hacerlo tranquilamente, ¿qué es eso de que te vas?
VICTOR: Quiero vivir más tranquilo, montaré mi propio despacho y atenderé casos normales que le pasa a la gente corriente.

Gabriel se giraba poniéndose la mano en la frente.

GABRIEL: Dios mío, este tío se ha vuelto loco. ¿Por qué haces eso Víctor?, dímelo.

Víctor no le contestó, le miró a los ojos y Gabriel lo entendió todo. Bajó la cabeza y salió del despacho lentamente. Lo vio claramente, Víctor estaba sufriendo y mucho, no había superado la separación de Samanta.

Un comentario sobre “El bufete de abogados (15)

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