CAPITÁNTRUENO

Elena estaba tirada en la cama, había puesto velas por todo el cuarto. En las escaleras había creado un camino guía con más velas. Sobre la lamparilla de la mesita de noche había colocado un pañuelo rojo, lo que daba un ambiente muy íntimo a la estancia.
La música lenta, baladas inglesas, sonando bajito en la habitación.

Se había pintado los ojos, los labios, la raya del ojo, el rímel, se miraba al espejo y se veía preciosa. El conjunto de lencería recién adquirido, rojo, un tanga de encaje un liguero rojo con unas medias a juego, y un corpiño rojo con muchos encajes, y unos zapatos negros con muchísimo tacón, finísimo. Tenía una botella de cava en un recipiente con hielo. Y esperaba. Esperaba impaciente a su marido.

Paseaba por el cuarto, bajaba las escaleras, las volvía a subir, cuando escuchó a un coche detenerse en la puerta. Se asomó desde el ventanal del aseo, en su cuarto y vio un vehículo negro parado enfrente, junto a la entrada de los vecinos.

Se volvió para dentro. Mas paseos y de nuevo el sonido de un coche. Volvió a asomarse y vio el taxi detenido, con el motor en marcha y a Andrés bajando del mismo. Se metió en la habitación, nerviosa, y se tumbó en la cama.

Andrés bajó del taxi, abrió la cancela y subió los 4 escalones hasta la puerta de casa. Entró y todo estaba a oscuras, a excepción de unas velas que iluminaban la escalera. Dejó la cazadora en la barandilla de la escalera y mientras subía, se fue quitando la camiseta.

Cuando entró en el cuarto y vio a Elena se quedó impresionado. ¡¡¡Que pedazo de mujer tenía.!!!
Elena le vio entrar y le miró con una mirada que iba más allá del deseo. Le hizo un gesto con la mano y le dijo
-Ven. Quítate todo
-Voy voy

Andrés torpemente se quitaba los pantalones, el calzoncillo, los calcetines, no sin antes haber tropezado al quitarse las deportivas.
Completamente desnudo, con la polla morcillona, empezando a endurecerse.
Elena le agarró de la mano y tiró de él. Sus bocas se juntaron en un beso largo húmedo y caliente. La polla de Andrés se endurecía. Y las ganas de Elena crecían al ritmo de la polla de él.
Andrés se acercó a ella, y fundieron sus bocas en un tórrido beso. Elena le abrazaba, le rodeaba con sus brazos y Andrés acariciaba las mejillas de Elena. Se miraban a los ojos.
-Te quiero Andrés
-Y yo a ti cariño.
-Eres toda mi vida

Andrés acariciaba las piernas de Elena, mientras que ella se dejaba hacer y cerraba los ojos.
El intentó desabrochar el corsé, pero hasta que Elena no se dio la vuelta y se colocó de espaldas a él, no pudo empezar a desatar los tropecientos clips que abrochaban el corsé.
Comenzó de arriba abajo, uno, otro, otro, cuando estaban prácticamente todos, se inclinó sobre ella y le besó la espalda, la recorrió entera, terminó de desbrochar el corsé y lo apartó. Metió una mano por cada lado y agarró cada una de sus tetas, las magreaba, cogía los pezones entre los dedos. Estaban durísimos. Y mientras jugaba con los pechos de Elena, seguía besando su espalda.
Ella de rodillas en la cama se dejaba acariciar, se dejaba besar. Y el detrás con la polla durísima, la empujó un poco hacia delante y ella quedo con el culo en pompa, Andrés apartó la tira del tanga y jugueteó con la rajita de Elena, estaba empapada y brillante. El coñito depilado de Elena palpitaba. Andrés hundió dos dedos en aquella cueva húmeda y Elena gimió y movió el culo para adaptarlo a aquellos dedos.
Andrés movía sus dedos con maestría, dentro y fuera. Elena estaba disfrutando de los movimientos de Andrés. Mantenía los ojos cerrados y respiraba aceleradamente. El notó la respiración de Elena y comenzó a restregar los dedos con más velocidad. No presentaba ninguna resistencia, cada vez estaba más mojada. Elena movía el culo arriba y abajo.
De repente Andrés paró, saco los dedos. Giró a Elena y se colocó sobre ella. Apoyo un brazo a cada lado y se inclinó todo lo largo que era sobre ella. La besaba con dulzura y con la misma dulzura comenzó a aproximar su pelvis a la de ella. Notó la calentura del coño de Elena en la punta de su rabo a través de la telita del tanga, desabrochó las pinzas del liguero y deslizó el tanga hacia los pies, para quitarsela. Luego se volvió a inclinar sobre ella y empujo un poco, muy poco. Los labios de Elena empezaban a acoger aquel mástil. Apretó un poco más y muy despacio, fue metiendo toda la polla. Elena suspiraba, gemía. Y Andrés seguía besándola, ahora las mejillas, las orejas, el cuello. Ella se abrazaba a él, le atraía, le sentía entero sobre ella, y toda la polla dentro de ella. No la movía, apenas, la movía muy despacio, notaba cada latido del corazón de Elena en forma de palpitaciones del interior de ella. Así estuvieron varios minutos, alternando la boca, el cuello, las mejillas. Se apartaban y se miraban a los ojos. Andrés veía en los ojos de Elena una mezcla de deseo, amor, lujuria, cariño. Elena veía en los de Andrés lo mismo, y daba gracias por tenerle con ella.
Finalmente Elena giró sobre sí misma, colocándose encima de Andrés. La tenia dentro, y le miraba a la cara, se echó hacia atrás quedando completamente ensartada por la verga Iniesta de su marido. Comenzó a mover el coño adelante y atrás, sin sacarla, seguía metida hasta el fondo. Arqueo la espalda, y Andrés agarró los pechos de Elena, los acarició, los pellizcó. Elena aceleró los movimientos, se le agitó la respiración y Andrés se dio cuenta de que ya le venía, como siempre, se aceleraba y explotaba.
Elena apretó las piernas contra las caderas de él, una convulsión, otra, un grito, un resoplido, y se la sacó de golpe, justo en el momento en que su coño explotaba y un gran chorro empapaba la barriga de Andrés y toda la polla. Se dejó caer sobre él, agitada, jadeante, sudada.
Andrés la besaba, la agarraba de la cintura y la besaba. Le apartaba el cabello y la besaba,
-Te quiero Elena, Te quiero mucho
-Gracias cariño.
-No me des las gracias
-Es que hacía mucho que no me lo decías

Se volvieron a abrazar. Ella sobre él. Y se quedaron dormidos.
Debían ser la 4 de la mañana cuando Andrés se despertó. Elena estaba a su lado. Seguía con las medias, el liguero y nada más. Admiró aquella desnudez, aquel culo perfecto. Dormía, sentía su respiración calmada, acompasada.
Se levantó, busco su slip y una camiseta. Estiró la manta sobre Elena, y salió al balcón de la habitación, se sentó en una de las dos butacas y encendió un cigarrillo.
Se reclinó y aspiró el humo, que luego expulso formando una O. Se sentía a gusto con Elena. La quería. Siempre la había querido. Pero era un tonto que se dejaba llevar por su cerebro inferior.
Otra calada al cigarro, hacia buena noche a pesar de ser aun febrero.
En frente, al otro lado de la calle, un coche negro. El resplandor de un mechero iluminó la cara al conductor.
¿Qué hacía alguien a las 4 de la mañana en un coche frente a su casa?

Un comentario sobre “El sonido del agua (11)

  1. Para mi que alguien la está haciendo seguir y controlar los movimientos de Elena día y noche, debe ser la misma persona que le envía los mensajes y las fotos.
    La pregunta del millón es …” Quien y porqué…….?

    Le gusta a 1 persona

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