DANIEL JUNG

Caminaba de un lado a otro encerrada dentro de su dormitorio en penumbras. Sentía enojo, bronca, se comía las uñas que se las arrancaba de a pedazos. Murmuraba, se refrejaba el rostro Se sacó la hebilla que ataba su pelo. Miraba el celular, llamaba y figuraba fuera de cobertura. Sentía náuseas, un calor le subía por su cuerpo hasta el cuello. Entraba al baño, se miraba en el espejo y se negaba con la cabeza. estaba descalza, con el vestido negro puesto que a él tanto le gustaba.
Sintió la puerta principal en la planta baja cerrarse, en medio del silencio se escuchó el ruido de las dos vueltas de llave. Enseguida, los pasos por la escalera y el picaporte del
dormitorio moverse. Se abrió lento, ella se quedó petrificada con las manos en la cintura y el rimel corrido. La puerta se abrió del todo y Alejo entró, aún tenía el manojo de llaves en la mano. La vio, no le dijo nada, le pasó por un costado, apoyó las llaves en la mesa de luz, se agachó a desacordonarse los zapatos y con los pies pisándose los talones se los quitó.
Se desprendió el saco, seguido el cinto. entró al baño y con la puerta abierta orinó
levantando la tapa. Estaba de espalda a ella que fue hasta la puerta que dejó abierta.
-Hijo de puta no me vas a decir nada….
Apretó el botón de la descarga de agua, levantó la cremallera del pantalón, se lavó las
manos y con la toalla blanca secándose se dió media vuelta con el rostro de cansancio.
-No se que queres que te diga Karina… – Vine lo más pronto que pude.
-Sos un hijo de puta – Gritó ella.
El bufó, dejo la toalla tendida dentro del baño y salió sentándose en el borde de la cama
para quitarse las medias.
-Podes dejar de gritar? se van a despertar los chicos – dijo clavándole la mirada y en tono
tranquilo
– Me importa una mierda si se despiertan, que me escuchen, son mis hijos… ¿me vas a
decir que estuviste haciendo?
-No puedo creer lo que me estas preguntando. Te traje primero, para que acuestes a los
chicos, llevé a mis hijos hasta su casa, no tardé ni media hora en ir y volver. Son más de 30 cuadras. Ida y vuelta son 60. Hay semáforos, hay pendejada corriendo carreras por la
avenida, vine despacio. Pero tampoco tardé más de la cuenta…
Karina seguía caminando de un lado a otro, se agarraba el pelo, se lo acomodaba de
adelante hacia atrás, golpeaba con los puños cerrados la cama, revoleó la almohada al
suelo. El seguía sentado se quitó la camisa quedando con el torso desnudo. Ella se le
acercó, lo comenzó a observar detenidamente, le pidió que se diera vuelta y le revisó
milimétricamente la espalda para ver si tenia algun rasguño, luego lo olió. Le revisó los
bolsillos del saco que había dejado tendido en una silla, los del pantalón que aún llevaba
puesto. La billetera por si encontraba algo sospechoso que en algún descuido haya olvidado de hacer desaparecer.
-No podés ser tan desconfiada, tan perseguida. Ya pasamos varias veces por esto y todas
las veces decimos que así no podemos seguir. No aguanto más tus celos. Tu paranoia. No
hay más nadie en este mundo que me importe mas que vos.
-Deja de chamuyar querés…. se que estuviste con la otra. Mi instinto de mujer me lo dice.
No te olvides. Si de algo los hombres tienen razón, es cuando nos llaman brujas. Por qué lo sabemos todo. Lo percibimos.
-Te esta fallando la persuasión entonces…
-No me tomes de idiota…. – Dijo ella cada vez más enojada y furiosa.
-Esto es enfermizo… si no la cortas me voy a dormir al sofá
-Andate… le dijo ella abriendo la puerta de la habitación
Alejo, se rasco la nuca y con la cabeza gacha moviendo la cabeza, dándose por vencido,
camino hasta la puerta pero no lo dejó pasar. Le cerró la puerta y se quedó parada frente a ella.
-Que facil es irte cobarde. porque mejor no me decis todo de una buena vez….
-Mira Karina. No tengo nada que ocultar. Fui, llevé los chicos hasta la casa de la madre, ni la vi. Bajaron. esperé hasta que entren y me volví, eso es todo. No tengo nada que
ocultar. Todos los días revisas mi celular, mi mail, mi messenger, me preguntas quien es tal, quien es tal otra…. nunca viste nada raro, asique basta. Hoy dejame dormir en el sofá o me voy al auto, estoy cansado, mañana me voy a lo de mi mamá hasta que me pueda
conseguir algún departamento, pero esto se terminó.
Delante de él, ella se bajó el cierre de su vestido dejándolo deslizar por su cuerpo hasta
caer a sus pies, inmediatamente se quitó el corpiño y se comenzó apretar los pezones,
mientras no le sacaba los ojos de encima.
-Que pasa? ya no te gusto? no te caliento?- Dijo ella con una mirada felina
-Si que mes gustas y te amo.
Karina empezó a quitarse las medibacha de nylon opacas, para luego revolearlas a un
rincón del cuarto, alzó una de sus piernas apoyando el pie sobre la cama.
-¿Acaso estas no eran la piernas que te volvían loco? ¿No te pajeabas mentalmente
mirándome las pantorrillas?. ¿No te encantaban mis pies, que amabas llevarlos a la boca? – Karina no le quitaba los ojos de encima, mientras se mordía el labio – ¿y estas piernas? -se cacheteaba las piernas duras, su cola estrujaba con sus delgados dedos.
Karina lo empujaba son las manos de lleno sobre su pecho. el solo respiraba fuerte, cada
vez entendía menos la reacción de ella.
-¿Quién es la zorrita que te coquetea? ¿Quién te vuelve loco? ¿Quiero saber quien te coje
mejor que yo? que ahora no querés ni dormir a mi lado…
-¿Podes entender que no solo se trata solo de sexo?. Necesito otras cosas. Necesito una
vida normal, sin peleas, sin celos, sin fantasmas que no existen. Quiero llegar a casa y
saber que no voy a tener ningún escándalo.
Dijo él cansado fastidioso. Ella en cambio se paró sobre la cama y muy despacio fue
bajando su diminuta bombacha, partiendo la cintura, dejando sus muslos y sus glúteos casi a la altura de la cara de Alejo.
-Cogeme… dijo ella.
El bufó, a ella no le importó, tenía experiencia, todas las peleas las podía resolver con sexo.
Se le abalanzó y se le colgó con las piernas de su cintura, abrazándolo por el cuello y
besándole apasionadamente en la boca, lamiendo las comisuras. La llevó contra la pared, él se bajó su cierre, desabrochó el pantalón, sacó la pija endurecida y la penetró y se mojó en su interior. Ella gritaba, jadeaba de placer intenso. Le mordía la oreja y recorría con su lengua la nuca, lo arañaba en la espalda. El luego la bajó, la puso de espaldas y Karina con las manos apoyadas sobre el espejo, fue opacando con su respiración el vidrio, mientras él con movimientos cada vez más fuertes, más rápidos la iba dejando sin aliento hasta sentirse asfixiada entre orgasmos.
La llevó sobre la cama, boca arriba, con lo pies de ella apoyados en su pecho, miraban
como entraba y salía, salía y entraba, cada vez más profundo, más intenso. Karina se
mordía la boca, gemía con sus ojos entrecerrados, se manoseaba las tetas, hasta que no
pudo más. Lo sacó, apartándolo a un costado, quedando tendido en la cama mirando al
techo. Se le subió, lo jineteaba torciendo su cintura, mientras le escupía dejándole caer un hilo de baba, que él recibía con su lengua afuera. Acabaron rendido, mojados en
transpiración, con sábanas empapadas de sexo.
Alejo se acurrucó a espaldas de ella pasándole un brazo por debajo de la nuca y se quedó
dormido enseguida. Karina estaba tranquila, los celos como tantas veces, al menos por
unas horas se habían disipado. Se acomodo placenteramente, sacó debajo de la almohada el celular, entro a instagram, su personal trainer estaba en línea, esperando que le responda cuando podrían volver a verse.

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