HELEN ÁLVAREZ

 

Vástago que crece

Despertado por las olas de las brisas nocturnas

Voz desconocida se escuchó muy clara

Sorprendido en aquel lugar

Donde la vista perdió su brillo

El sonido divino desapareció del pueblo

Por el letargo de un llamado opacado

Atemorizado e inexperto, ahí estaba El

Recibió el reflejo de la voluntad celestial

Deseosa de transformar historias

Con sensibilidad se levantó para correr tras ella

Prestó sus oídos desbordados de temor

Vino hacer porta voz de su deidad

Pero ¿ Dónde está tu sombra Elí?

¿Hasta cuándo dormirás?

La Primavera  brota como semilla germinada

Nazareno consagrado

Samuel de su corazón

Fuiste el consuelo de un pueblo que gemía por el silencio

Desapareció el Frío del invierno

La calidez tomó lugar

Pero no pudiste verlo, ¡Elí!

En las telarañas de tus pardos, Samuel

Sólo fue un incomprendido infante

Un comentario sobre “Samuel

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