ALMUTAMID

Desde luego admito que todo con Viqui pasaba de lo enternecedor a lo pasional en minutos y volvía a lo enternecedor. Su espectacular orgasmo terminó con ambos abrazados un buen rato simplemente sintiendo nuestros cuerpos pegados. De hecho nos vestimos por el frío y nos pasamos más de una hora los dos sentados atrás charlando. Le gustaba escuchar mis historias de los partidos de fútbol sala y ponía carilla de celosa cuando le contaba como nos animaba nuestra hinchada femenina. Pero la niña era deliciosa de trato y de cuerpo. Casi me sentía mal por estar más encaprichado de Claudia que de ella y sobre todo por mis tejemanejes con María que habían terminado en una paja brutal.

Lástima que se fuera en Navidad pero desde luego no iba a intentar engañarla esos días. Ni intentar ni poder, porque en la fiesta de fin de año donde acudí con mis amigos, que salían en grupo con sus amigas, éstas me vigilaban como centinela en la garita. Ni me atreví en aquellos días a contarles en confianza a mis amigos mis “aventuras” en la universidad por más que me preguntaban si las tías se dejaban…

Así fueron pasando las fiestas en las que por cierto no abrí un libro a pesar de que a la vuelta empezaban los exámenes. Por fin pude ver a Viqui antes de irme. El mismo 6 de enero quedamos pero con tan mala suerte que no había coche pues mis padres andaban de cena con amigos. Nos fuimos de paseo pero no teníamos un lugar donde meternos mano y los dos andábamos con ganas y se nos notába en los arrumacos y besos constantes. Al final terminamos en el rincón oscuro detrás de su casa que aunque pudiera parecer arriesgado por la cercanía era tan oscuro que nadie nos veía si no entraba. Pero el problema era el frío.

Los dos con abrigo. Ella tenía fácil acceso a mi cuerpo metiendo las manos por dentro de la ropa y abriendo mis pantalones. De hecho no perdió tiempo y mientras nos comíamos la boca sus manos a pesar de estar heladas ya se paseaban por mi pecho y nalgas, que amasó y apretó como no recoradaba que hubiera hecho antes. Yo lo tenía más difícil pues Viqui se había abrigado y llevaba unos pantalones bastante ajustados que por más que abrí no me dejaban meter la mano con facilidad especialmente en su culo y entrepierna. Lo que peor llevaba era tantear a ciegas. No había visto sus tetas en toda la navidad por más que eran la parte de su anatomía que más me deleitaba. De nuevo me tuve que conformar con sobarlas por debajo de su jersey de lana y aunque intenté lamerlas a través de la tela me tragaba toda la pelusilla de la lana y no era agradable, aparte de empaparle la prenda con el frío. Pero no os podéis imaginar las ganas de volver a chupar y succionar los pezones de mi novia. Asi que cambié de dirección y me volví a comerle la boca pero no sin esfuerzo conseguí colar la mano dentro de su braga lo suficiente para tras atravesar su pubis peludillo alcanzar su raja y rozar su clítorix con la yema de mi dedo. Me encantaba como gemía y reaccionaba a mis roces y más cuando alcancé a colar el dedo corazón en su coño. Masturbaba a mi novia con gestos espasmódicos de mi mano mientras ella echaba la cabeza en mi hombro ahogando los gemiditos para no delatar nuestra presencia allí. Me encantaba sentir su placer pero por fortuna Viqui era de orgasmo fácil y en 5 minutos estaba empapándome la mano y sus bragas mientras cerraba las piernas aprisionándome la mano entre ellas y ahogaba grititos contra mi pecho.

Estaba orgulloso. Se había corrido y ella ni me había tocado la polla. Tras besarme se sentó en el poyete del arriate y cuando yo iba a revestirme pensando que no habría nada más (no se lo iba a pedir) tiró de mi pantalón acerándome a ella. Me paró y metió su mano en mi pecho y barriga de nuevo. Yo estaba expectante por ver que hacía. Entonces bajó pantalón y calzoncillo lo justo para liberar mi culo y polla que saltó como un resorte casi frente a su cara. La agarró y me miró. Ví sus ojillos brillar en la oscuridad hasta que agarró mi verga sin dejar de acariciarme el pecho con la otra. Después ví como acercaba su cara. “!!!Me la va a comer¡¡¡¡” pensé. Pero Viqui se pasó mi glande por la mejilla y el bigote. Jugó así con ella pasandosela por la cara aumentando mi excitación y con la otra manó jugó con mis pelotas. Levantó mi miembro y besó el tronco con los labios. “Que sí, que sí, que me la come…” No pude resistir un gemido de aprobación:

-Ainsss, Viqui….
-Shhhhhh- me pidió que no hablara y la besó de nuevo.

Apoyó mi glande en sus labios. Sentía su suavidad. Los rozaba pero no abría la boca. Se detuvo dejando mi polla apoyada en sus labios y empezó a pajearme fuerte. Quería decirle que me la chupara pero no me atrevía. Ella seguía con sus labios cerrados apoyados en mi glande mientras me la meneaba con fuerza y con la otra mano amasaba mis nalgas o jugaba con mis pelotas tan cerca de su cara.

-Despacio que me corro….

Viqui se levantó ligera y se colocó detrás mía como la primera vez que nos enrollamos acariciandome el vientre mientras me pajeaba hasta que me corrí con fuertes chorros. Casi me la come…casi…

Mi relación con Viqui seguía la lógica normal de dos chavales de nuestra edad inexpertos. Ella daba pasos para soltarse. El problema era mi impaciencia. Y no porque no valorara los momentos con ella. Los mejores que hasta entonces había tenido en mi vida. El problema es que con mi ansiedad no terminaba de disfrutarlos. Y a pesar de no ser demasiado exigente, más bien prudente en mi trato con ella, pues la procesión iba por dentro de mi mente. Mi trato con ella creo que excelente, paciente y comprensivo. Otra cosa era mi decepción.

Pero a pesar de vernos solo dos veces en todas las vacaciones volví a la residencia totalmente convencido de que lo mío con Viqui tenía futuro y además futuro sexual. Cada momento con ella era un paso en cuanto a lo que veía, hacía y por supuesto me hacía. Sentir sus labios aunque fuese cerrados rozarse con mi glande fue toda una experiencia. En mi mente sabía que faltaba menos para sacar su lengua o definitivamente dejarme que se la metiera.

El regreso fue triste. Tocaba ponerse a estudiar a piñón y se acababan las vacaciones. Al primero que ví nada más llegar fue a Óscar tan fanfarrón como siempre aunque menos condescendiente que cuando me conoció. A Víctor y Claudia los ví en la cena. Víctor vivía una situación opuesta a la mía: deseando volver para estar con Lourdes. Y Claudia, pues era la Claudia de siempre, responsable y con un puntito de agobio con los estudios. Ya estaba programando las horas de estudio en común.

Lo más llamativo ocurrió a la mañana siguiente en clase. Tras los saludos a todo el personal para quien me había convertido en alguien muy popular en la facultad me senté junto a mis amigas Teresa, Chusa y María. Esta última me dijo al oído: “Tenemos que hablar”.

En la cafetería me eludió, tenía que ser a solas. Hasta después de comer no pudimos conversar. Me tenía intrigado. Por fin, caminando por la calle me dijo:

-Me has engañado.

Me pue pálido. ¿Sabría lo mío con Viqui?

-Me has engañado y te has aprovechado de mí.
-María, no sé que me estás diciendo…-respondí con el ritmo cardiaco acelerado.
-Les conté a mis amigas del pueblo lo del masaje…
-¿Todo?
-Eso sobre todo.
-¿Y qué paso?- pregunté curioso.
-Que se rieron en mi cara poniéndome de tonta para arriba. “Ese niño te la está colando, Mariquilla. Se la meneas de gratis y ni sois ni novios ni te interesa ni nada…” Qie si bla,bla, bla. Y yo sin saber para donde mirar.

Uff, era eso. Menos mal. A ver como lo arreglo.

-Verás. María…, mmmm, yo no te he engañado. El masaje me lo diste tú porque quisiste. Tu eres una niña muy guapa y yo soy un tío y no soy de piedra. El masaje me puso como una moto y eso no se puede controlar. Estabas tan cerca y tocabas tan cerca que eso se puso como se puso…
-Ya, ya. Eso es normal. Pero te aprovechaste después de mí…-añadió bajando la mirada.
-María, yo te avisé. Te dije que podía hacerlo solo y que si tu me ayudabas sería más rápido. Y tú quisiste. Te ofreciste. Y además lo hiciste muy bien.- mentí en esto último pero fue efectiva.
-Ya , pero es un poco fuerte…es que te toqué el pito y te corriste…
-Pito, pito. Me gusta más cuando le dices cosota…

María se sonrió por fin. Parecía que se destensaba un poco la situación.

-¿Lo hiciste obligada?- pregunté buscando su mirada.
-No….-y volvió a rehuirme los ojos avergonzada.
-¿Por qué lo hiciste?

Luis te vas a meter en un lío. Y si te dice que está enamorada de tí ¿Qué haces?

-Por ayudarte…
-¿Te dió asco o algo?

Bajó la cabeza negando.

-¿Y dónde estuvo el problema entonces? Somos amigos…- insistí.
-En que mis amigas se han cachondeado de mí. Pero se van a enterar tomándome por tonta….
-Anda dame un abrazo, que me has asustado…

Nos abrazamos y seguimos caminando hasta donde solíamos despedirnos, ella para su casa y yo para la residencia cada día.

 

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