HELEN ÁLVAREZ

Pensando que vivía el mejor momento, llena de  sensaciones inigualables pero vacías a la vez, no pude medir el dolor que me causarían, pues eran hermosas brisas que parecían hacerme olvidar de todo.

Mientras tanto, ocurría que Él, sin darme cuenta, se había ido. Quiso despedirse de mí pero la autosuficiencia que me embargaba  me impidió siquiera escucharle salir de casa, triste,  con él corazón desgarrado él decidió marcharse. ¿Cómo es que no lo note?

Su esencia comenzó a faltar en la atmósfera de mi entorno pero aun así no pude ver que ya no estaba, su ausencia  fue palpándose  poco a poco, y en ese punto, ya su aroma no era respirable, todos lo notaron, menos yo, mis ojos enceguecidos por la vanidad sólo veían la niebla que me rodeaba, y le escuché de lejos, sí, sentí su llanto muy tierno, era como el sonido de aguas quietas, que en ocasiones por la brisa corren muy lentas. Él me cuidaba en la distancia, dejando en evidencia la fidelidad que le envuelve.

Hubo noches donde el llanto era más agudo, llegaba ser un gemido indetenible, y ahí despertó mi corazón, saber que le había maltratado ignorándolo después de mostrarme tanta atención me avergonzaba pues el afán me impidió  darme cuenta.  El siempre quizó arreglarlo, insistió en ocasiones que conversáramos sobre las amenazas del olvido pero nunca, nunca tuve tiempo. Le extrañé con tal  desesperación que me faltaba el oxígeno, me ahogaba entre un laberinto que parecía no tener salida, sin embargo al final, una luz salto hasta mi rostro y le seguí.

En el camino conocí ha Soledad, era tan amable pero tan callada que aterraba en ocasiones, me escuchó y, pacientemente trajo quietud a mi alma perturbada, junto a ella y el silencio el clamor de mí Espíritu  gritaba muy fuerte, hasta que ella supó que me había perdido. Algunos dicen que es aterradora, yo la conocí,  y no siempre lo es, tiene momentos reflexivos ¡ Y vaya que te confronta! Pude escuchar su voz muchas veces pero sólo cuando era necesario. Ahí estaba yo,  tratando de encontrar la raíz del hoyo en el que había caído , muy dentro de mí sabía que tenía una forma pero ya no recordaba cual era.

Él ya no estaba, y era quién mantenía mi enfoque en el cielo,  mi calma, mi aliento, mi guía, mi maestro, mi consuelo. Abusé de su bondad muchas veces, y no noté que el rechazó lastimó su corazón transparente.

Él nunca quisp dejarme pero le grité que lo hiciera con mi desprecio disfrazado de preocupación. No tuvo otro remedio que amarme a la distancia, en medio de la rutina mañanera y desde las esquinas de la noche  me observarme. Su amor  retumbante se dejo oír tras un llanto trasformado en una luz, estaba lejos, era como un lucero latente que me indicaba el camino a casa. Siguiendo aquella luz, desesperada caminé hacia ella, mientras la soledad se despedía.  Alguien se acerco, una silueta se dejo ver, ¡Libertad! Era libertad poco a poco se presentó tan segura, y con un tono de voz  FUERTE que parecía gritarme.

Ella me presentó el perdón, me enseñó donde vivía la sanidad, y recordé mi origen. Cómo peleé por proteger mi pureza quien  suele ser muy frágil y a quién casi pierdo en el camino, no me daba cuenta que era él quien cuidaba de ella, ¡Cuánto lo necesitaba! La agonía de mi alma era inexplicable.

Gracias al perdón pude abrazar fuerte la sanidad, la libertad siempre trae compañía, nos guió desde la sombras que dejo la soledad; donde se ven los  Chacales, las fieras, y aúllan algunos lobos, vi como las tinieblas viajaban en el bote de la destrucción, así transita la maldad, ¿Cómo pude llegar allí?

Fueron muchos episodios… pero la libertad  me ayudo a vencer, fue como un escudo en medio de todo ese valle,  gracias a ella no perdí el camino hacia aquella luz que ahora era más clara. Y desde lejos observé dibujarse la silueta de unos brazos al final de aquel túnel, era El.

Sentí de inmediato un respiro profundo dentro de mí, me acerque de espacio hacia sus brazos avergonzada por haberle ignorado, me rendí como la noche se rinde ante la luna, de nuevo sus manos me sostenían, ¡cuanta seguridad alberga! Podía disfrutar su aroma. Su rostro brillaba de felicidad, y pensé —¡Me ama!— quería explicar las razones de mi abandono pero su dedo tierno y delicado puesto sobre mis labios silenciaron todo mi ser. Todo ha pasado, susurró muy suave — ¡Ya te perdoné!— abrazándome con ese amor infinito.

De vuelta a su corazón, atravesando aquel puente donde le vi gemir, camino al  Gólgota de dolor, mi culpabilidad y pasado quedaban ahí impresos sobre el madero que sostenían sus hombros, yo vivía mientras él moría. No dejándome en las sombras porque resucité también con él.

¿Pero quién es El?…

Una persona con vida, que se entristece y se quiebra, que sufre en nuestros fracasos, que llora en nuestras tormentas, que se ríe cuando triunfamos, que celebra cuando hay fiesta, donde hay arrepentimiento él es el autor de aquella. Mi dulce Espíritu Santo, ¡No te vayas!  ven de vuelta, te necesito en las noches, las mañanas, Sol de puestas, eres un precioso lirio, quédate siempre en mi puerta. Tú que me lees ya no sufras, no le ignores cuando venga, él siempre está a tu lado, a lo lejos o de cerca, no evadas su compañía su poder es una estela, que te guía y te protege, abre tu corazón sin pena.

 

2 comentarios sobre “Sé alejó sin darme cuenta…

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