ALMUTAMID

Aquella semana me dejó más dudas que seguridades. ¿Qué relación teníamos Claudia y yo? ¿Le gustaba yo a María y su aparente inocencia era una forma de acercarse a mí guardando las formas en su entorno? Pero la gran pregunta seguía siendo la misma: ¿Conseguiría estrenarme con alguna?

Con esa incertidumbre me despedí primero de María en su piso con un abrazo y dos besos y por supuesto buenos deseos para las fiestas de Navidad, y luego al mediodía de Claudia practicamente igual. Me despedía de mis dos amigas especiales: la que me gustaba y a la que creía gustarle yo. Aun así el horizonte de pasar dos semanas y media en casa y poder profundizar con Viqui en todos los sentidos del término me daba esperanzas y disipaba de mi mente las extrañas sensaciones de la última semana en la residencia.

Pero lo mío no tenía remedio. Me empezaba a ver condenado a morirme virgen. Lo que iban a ser oportunidades de pasar tiempo con Viqui y terminar convenciendola de poder meterle todo el mandado de una vez se veía bastante mermado, pues se iba al día siguiente de mi llegada al pueblo de sus padres y no volvía hasta justo antes de Reyes. En mi mente juvenil y calienturienta, aparte del palo de no poderle meter mano en muchos días, se alejaba la posibilidad de tirarmela. Pero siempre hay una esperanza, de modo que cuando pude hablar con ella por teléfono conseguí cerrar fechas. Nos veríamos esa noche para despedirnos y desearnos felices fiestas y el mismo 6 de enero por la noche el día antes de que yo me volviera a la residencia. ¿Habría regalo de Navidad? ¿Sería en forma de chochito abierto para mí? Por si acaso, y para no quedar mal llegué a casa como a las 6 de la tarde y casi sin tiempo de saludar me fuí corriendo a comprarle un detallito de regalo: Una bufanda con gorro y guantes a juego para que me “llevara con ella todas las fiestas”. Cursi, sí, pero quien sabe si eso ablandaría su corazón y su negativa a abrirse de piernas…

Con la bolsita y bien duchadito con calzoncillos nuevos le pedí el coche a mi padre y me fuí a buscarla. Cuando la ví llegar desde el coche me pareció que estaba guapísima con un abriguito de paño beige por debajo del cual asomaba un vestido o una falda marrón con medias a juego y botas. Lo bueno era que al sentarse en el asiento se le subía dejando su muslo a mi alcance, aunque no me atreví a tocarlo. Nos dimos un piquito rápido pues le gustaba ser prudente a la vista de los vecinos de sus padres y arranqué el coche. Por mí me habría ido del tirón al descampado pero guardé las formas y nos fuimos a tomar algo a un centro comercial cercano. Cenamos pizza, a pesar de ser temprano y después le dí el regalo que había llevado oculto debajo de mi chaquetón. Lo abrió y se lo probó de inmediato. Estaba preciosa con el gorrito.

-Pero yo no te he comprado nada, Luis. Vaya sorpresa.-me dijo guardándolo ya en la bolsa.
-No pasa nada, es un detalle que quería tener contigo por las fiestas- dije mientras pensaba: “Y que te sientas obligada a algo más conmigo…”
-Bueno- respondió con media sonrisa pícara- ya se me ocurrirá algo que regalarte esta noche…

Claro, diréis que hay que ser muy bajo para intentar hacerle sentir que me debía algo y cobrarmelo en sexo. Pues claro que era muy bajo, pero si me servía para estrenarme ya valía del todo. Maquiavélico, del todo. Es que se acababa el año en que había cumplido los 18 sin haber mojado el churro. Y lo peor no era la edad, sino sentir que en los últimos meses había tenido oportunidades de hacerlo, o eso creía yo, con tres chicas y no haberlo conseguido con ninguna. Totalmente frustrante. Y una era mi novia…

Pero bueno, volviendo al relato de los acontecimientos. Pagamos en aquel sitio y cuando bajábamos hacia el coche le pregunté:

-¿Dónde quieres que vayamos?
-¿No quieres tu regalito?
-¿Pero lo tienes aquí?- pregunté extrañado.

Acercándose a mí para que solo yo la oyera me dijo:

-Ya no tengo la regla como la última vez…

Sólo de escucharlo se me puso morcillona, la sangre cambiaba de dirección y mi cabeza sólo pensaba en su chochito. En menos de un minuto estábamos en el coche camino del descampado con Viqui sentada de lado mirándome conducir y su mano apoyada en mi muslo muy cerca de mi bulto…

La ansiedad no es buena consejera. Cuando llegamos al descampado yo iba empalmado como un caballo. Los pantalones me apretaban. No había terminado de apagar el motor cuando ya corría hacia los asientos traseros. Hacía un frío que pelaba, pero eso no había sido obstáculo nunca para desnudar a Viqui. La ropa que traía no era la más aconsejable para mis planes pues lo que yo creí una falda o vestido resultó ser un vestido bastante complicado de quitar y cuando entre besos y sobeteos con la chiquilla sentada en mi regazo intenté desabrochar se convirtió en una dificultad tan grande que desistí de hacerlo viendome obligado a colar mis manos por debajo del vestido para sobar sus pechos que saqué de las copas del sujetador como pude por lo apretado del espacio. Mierda. No me iba acomer sus tetas. Empezábamos mal. Pero me quedaba la esperanza de desnudar su chochito, el tesoro que yo quería descubri aquella noche.

Entre morreos y mis manos apretando sus tetas dentro del vestido Viqui si había conseguido despojarme de jersey y camisa. Y joder, sí que hacía frío, pero un machote no tiritaba y el calor de la escena supliría lo gélido de la noche. Lo único bueno es que Viqui sí se lanzó a comerme el cuello y besarme el pecho. Incluso me hizo tumbarme en el asiento para que ella, sentada en el hueco que mi cuerpo dejab,a pudiera jugar con mis pezones. Sus manos estaban frías, pero aun así sus lamidas a mis pezones y sus caricias a mi pecho y vientre me gustaban. Además con la postura introduje mi mano bajo el vestido y tocaba su pezón mientras ella jugaba con los míos.

No veía el momento de liberar mi monstruo dolorido de tanta prisión y cuando ella bajó besando mi vientre y mientras jugaba con su lengua mi ombligo empezó a desabrochar mi cinturón y el pantalón empecé a emocionarme: “¡¡¡¡Me la va a comer!!!. Luis resiste note corras a la primera ni cuando la chupe ni cuando la metas…”

Por fin tiró del pantalón hacia abajo dejándome en calzoncillos con una tienda de campaña de las de 5 o 6 plazas. Ya no me quedaba sangre en el corazón y menos en el cerebro, estaba toda acumulada en mi nabo que llevaba más de media hora tieso. ¿Y ahora qué?

-Pobrecito Luis…-dijo flojito mientras terminaba de sacarme los pantalones por los pies.- Voy a tener que curarlo porque está muy malito…
-Sí, estoy enfermísimo…-contesté yo muy nervioso.

Viqui se puso de nuevo a la altura de mi pecho y empezó de nuevo a lamer mis pezones y dibujar mi esternón con su lengua mientras acariciaba mis muslos. De nuevo llegó al ombligo, pero esta vez sus manos subieron hasta mi paquete sobando toda mi dureza:

-Madre mía como estás…

Yo torpemente colé mi mano bajo su vestido y alcancé el elástico de las pantis y torpemente por lo apretado y la postura alcancé sus nalgas dentro de la braga, pero como estaba sentada en el asiento no llegaba hasta su raja. Por fin se movió poniendose de rodillas en el suelo del coche y mi mano se coló hasta alcanzar su chocho caliente y mojado desde atrás. Empezó a gemir. Ella también estaba muy caliente. Me gemía sobre la barriga muy cerca de mi polla. De golpe pasó su lengua por el filo del elástico del calzoncillo mientras mi dedo se colaba en su chocho y mi mente repetía: “¿A qué esperas para comermela?”

Y por fin sentí ago húmedo en mi calzoncillo estaba chupando mi glande a través de la tela. ¿Qué hago? ¿Me la saco y se la meto en la boca? ¿Me mandará a la mierda? Mientras tanto mi dedo la follaba entrando y saliendo de su chocho empapado y Viqui gemía mientras sus labios se cerraban sobre mi miembro. Sentía su calor, y la humedad de su boca, pero no sus labios en zona tan sensible. Pero el morbo y la calentura hicieron su parte:

-Viqui, para, para que me corro….

Mi novia se enderezó alejando su cara de mis calzoncillos y de forma decidida me sacó la polla de los calzoncillos y empezó a sacudirmela de forma que en tres meneos empecé a largar semen sobre mi barriga y polla, mucho menos espeso por estar corrido de la noche anterior.

A pesar de la escasa duración de la pseudomamada de Viqui me corrí efusivamente. Me pringué bien la barriga y la polla. Viqui me sonreía mientras sacaba un pañuelo para limpiar su mano y mi cuerpo y por fin me dijo:

-¿Te ha gustado tu regalo?

No contesté por lo inesperado de su pregunta pero debió notar cierta decpeción en mi rostro pues mi primer pensamiento fue: “¿Tu regalo? ¡Ni siquiera me has comido la polla!” Rápidamente continuó:

-Luis, y sé que tu estás acostumbrado a chicas que te dan más pero yo no m atrevo a hacer ciertas cosas. Esto ya es mucho para mí y…

Me encantaba la alta estima en que me tenía y que no se hubiera dado cuenta, corrida instantánea de por medio, de que tenía hasta menos experiencia de ellas que había tocado pollas antes de la mío y su chochete había sido el primero para mí. Pero fuese como fuese mi engaño por mi status de universitario no iba a dejarla tampoco que se decepcionase por mucho que lo estuviera yo así que en un gesto cariñoso tiré de ella hacia mí abrazándola sobre mi pecho mientras la calmaba diciéndole:

-Nena, ya sabes quetodo lo que viene de tí me encanta. Mira como has hecho que me corra. Y hablando de correrse…

Tiré de su cuerpo hasta conseguir que quedara tumbada encima mía en el asiento y subí su vestido dejando su culo desprotegido. Como pude, volví a colar mi mano dentro del panty y la braga y agarré sus nalgas prietas mientras susurraba al oído:

-…aquí hay alguien que todavía no ha llegado y se lo merece.

Colé de nuevo mi mano entre sus nalgas alcanzando su raja que seguía mojada y de nuevo dió un respingo al sentir como alcanzaba su zona íntima. Pegó su cara a la mía y empezó a gemir con los roces de mi mano. Pero yo quería penetrarla bien con mi dedo, así que dejé que se escurriera en el asiento y yo me levanté sentándome a su lado del mismo modo que ella estaba al principio cuando me desnudó. Imité la operación y bajé panty y bragas dejando su vello púbico a la vista. Aunque su tendencia natural fue cerrar las piernas para poder bajar ambas prendas tenía que abrirlas ligeramente dejandome ver sus labios veginales abiertos y brillantes. Nunca había tenido un chocho así abierto ante mis ojos. Ni que decir tiene que la tienda de campaña había vuelto a mi calzoncillo. Antes de colar mi mano entre sus piernas me los bajé liberando mi mastil de nuevo. Su mano regresó de nuevo agarrándolo como un asa de sartén y la mía se coló entre sus piernas acariciando donde suponía que estaba su clítorix. Y debí acertar porque empezó a gemir y a mover las caderas. No pude callarme y mientras ambos tocábamos el sexo del otro dije:

-Imáginate que no es mi mano…

Viqui cerró los ojos. Yo con la otra mano busqué sus pechos dentro delvestido aun fuera de la copa y mientras introducía mi dedo en su coño acariciaba y sobaba sus pechos. Sentía sus pezones duros y como mi dedo entraba sin oposición en sus chocho empapado. Su mano era incapaz de pajearme pero no soltaba mi polla y su pulgar se rozaba con mi glande generándome sensaciones placenteras. Me tenía alucinado la vista de mi dedo hundiéndose en su sexo y como ya abandonada al placer abría los muslos sin importarle su pudor.

-…imaginate que es mi polla y nuestros cuerpos están fundidos en uno…-continué.

Viqui se mordía los labios con los ojos cerrados mientras su vientre subía y bajaba moviendo la caderas al ritmo en que mi dedo la follaba.

-…¿no te gustaría sentirla así de dura y caliente dentro de tí?
-Annnssss, Luis, qué cosas me dices…
-Y te hago…y te haría el día que me dejes…
-Ahgggg, me vuelves loca…

Mi dedo entraba y salía frenéticamente de su chocho mientras no dejaba de apretar sus pechos con la otra mano.

-Ahgggg, ¿Qué me haces?- repetía.
-Desearte…

Ya era incapaz ni te cogerme la polla entregada a las sensaciones que le llegaban de su entrepierna hasta que de repente empezó a temblar dando grititos como no había hecho antes otras veces que la había masturbado y sentí como mi mano se empapaba. Yo no dejaba de penetrarla con el dedo y Viqui de golpe lanzó un fuerte gemido muy ronco y me rogó que parara. Saqué mi mano pero seguí acariciando su barriguita agitada mientras ella tragaba saliva y ralentizaba el ritmo de su respiración con largas inspiraciones y expiraciones. Lo mejor de todo que con su abndono y sin mi mano tenía su chocho abierto y mojado ante mis ojos. Un chocho que estaba seguro que tarde o temprano sería mío.

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