ROCÍO PRIETO VALDIVIA

 

La exaltación sin herida abierta.

El ungüento derramado, fragancia plena.

Hazme saber que resguardas mi viña.

Y las vigas de mi casa las sostienes.

Que bebes sólo del rumor de mi mar.

Ponme como sello en tu corazón.

Cíñeme a tu costillar hasta ser un sola carne,

un sólo soplo, un único testigo.

Fuimos selva y dos tigres buscando el acecho.

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