MANGER

(1) “Dit”: Espacio de tiempo equivalente aproximadamente a treinta horas terrestres.

(2) “Anuat” equivale a mil dits.

(3) “Hort” es la unidad de tiempo más pequeña, equivalente a treinta minutos terrestres. Cualquier medida inferior al hort se califica por fracciones o partes (por ej: un medio, un tercio, un cuarto de hort…)

(4) “D.E.F.”: Después del Éxodo Final

(5) “V.T.F.”: Viable de Tercera Fase

(6) “Quill”: Distancia equivalente a dos kilómetros terrestres.

(7) “Métl” es la unidad más pequeña, equivalente a dos metros terrestres. Cualquier medida inferior al métl se califica por fracciones o partes de métl (por ej: un medio, un tercio, un cuarto de métl…)

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Lugar: En la superficie del planeta Ípotas.

Proyecto: “Expectancy”. (Traducción aproximada)

Objeto: Extracto de las videograbaciones realizadas por la unidad-jefe del cuadrante H-130, responsable único de la Base “Plain 1”.

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(Doscientos anuats (2) después, tras la explosión de calor en Kortz…)

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De nuevo aquella invisible compañía ronda mi cercanía, desde la garita de vigilancia hasta la pequeña estancia que ─a su vez─ me sirve de cocina y comedor, junto a mi litera. Incluso en las aburridas rondas caminando entre los pasillos de la sala de cultivos hidropónicos que realizo cada seis o siete horts (3), aquella compañía, ─o más bien diría “sensación”, por llamarla de la forma más exacta posible─, se manifiesta en mí haciéndose notar por medio de una leve opresión cerebral, apenas dolorosa y gratificante al mismo tiempo.

La “Presencia” (como al final he llegado a bautizarla tras darme por vencido, intentando comprender su origen y significado) surgió de repente desde mi desembarco en Ípotas, después de la frugal cena a base de clorofila sintética que cerraba mi tiempo de trabajo en el campamento “Plain 1”, ubicada en una irregular planicie en lo alto de un extenso otero, marcada en nuestros primeros mapas ípotas como cuadrante H-130 de este extraño planeta.

Su primera manifestación no me ha resultado traumática. Ni siquiera el miedo ha hecho su aparición en mí. Es más, diría que hasta fue muy oportuna.

Esa noche mi moral estaba por los suelos, y juro que la más extraña compañía me hubiera servido de consuelo, aunque fuera la del mismísimo Rey de los Grandes Fuegos. Aquello era lo más parecido a no sentirse solo y abandonado en el mortificante y perpetuo silencio que se había encargado de angustiarme desde el primer momento de mi estancia en la Base.

El hecho de centrarme en los cultivos de las pequeñas plántulas (las ciento y una variedades de diversas especies vegetales, algunas de ellas arbóreas y otras tantas de jugosos micofitos), hacía que me sintiera vivo en cierta manera, si es así como se le puede llamar a estar rodeado de minúsculos seres del reino vegetal a los que era mi obligación cuidar como a bebés vigilando en cada momento el suministro correcto de sus raciones diarias de H2O, CO2 y componentes minerales.

***

Ípotas, nombre con el que lo bautizamos nada más llegar a su atmósfera, es un planeta bastante peculiar.

Clasificado con categoría “VTF(5), es el octavo más alejado de un pequeño y joven sol nada comparable al ígneo astro que abandonó definitivamente a su suerte a nuestro añorado planeta Kortz. Aunque ninguno de nosotros lo llegó a conocer, disponemos de una surtida videoteca en la que podemos disfrutar de la inmensa y nostálgica belleza de aquella lejana y casi olvidada esfera eternamente azul y verde, cuna de nuestros lejanos antepasados, cuyo parecido no hemos encontrado en ninguno de los más de doscientos planetas y miles de lunas explorados hasta la fecha.

Según los cuadernos de bitácora de la nave nodriza, los sistemas solares hasta ahora visitados no ofrecen grandes esperanzas para nuestra raza. Según parece, nuestras necesidades vitales no son fáciles de colmar. Todo indica que estábamos condenados a una temprana y dolorosa extinción hasta que el descubrimiento de Ípotas nos ha hecho abrigar una pequeña esperanza de salvación.

El planeta que ahora hemos descubierto (sin atmósfera respirable y sin recursos naturales para nuestro tipo de vida, con apenas un ridículo 0,05 por ciento de oxígeno residual), en principio no ofrece mucha viabilidad, excepto durante los horts nocturnos por su extrema frialdad, pero sí presenta el suficiente nitrógeno en su composición como para lograr en la superficie un entorno amigable para nuestra mermada especie, siempre ─claro está─ que se pueda conseguir el arraigo vegetal en condiciones seguras de permanencia, calidad y cantidad suficiente. La humedad, el frío y los nutrientes básicos son esenciales para nosotros.

Los primeros análisis del sustrato han demostrado que dispone de todo lo necesario para la adecuada síntesis de la clorofila, lo que unido a los cortos días y noches que provoca su rápida rotación alrededor de Kóneos, su recién bautizado sol, asegura que en apenas seis “anuats(2) podamos lograr una atmósfera provista del oxígeno suficiente para hacerla compatible con nuestro sistema de vida.

Mi misión en la Base es bien sencilla: vigilar el desarrollo de las plántulas y ordenar de inmediato a los agrobots su cultivo y arraigo definitivo en los horticampos, unas áreas perfectamente parceladas y roturadas por éstos alrededor del epicentro que marca la ubicación de cada uno de los campamentos.

Tan sólo tengo que esperar la autorización de “Número Dos”, denominación abreviada con la que apelamos al Consejo Central de Exploración nombrado por la Asamblea Suprema.

***

Tras el largo viaje de la nave nodriza “Icehouse” hasta este planeta, clasificado en principio como “deshabitado”, fue declarado apto por el Consejo y dos centenares de nosotros hemos sido trasladados hasta su superficie para montar los respectivos campamentos.

Realizar los trabajos de adecuación del terreno y la instalación de los primeros habitáculos es nuestro primer cometido; contamos para ello con la inestimable ayuda de las “Skulds”, unas enormes máquinas tan dispuestas para la defensa y ataque frente a lo desconocido como para los trabajos más rudos. Están provistas de unos sofisticados ciborg-cerebros diseñados específicamente para tales cometidos según el plan que se les asigne en cada momento. Basta con transmitirles la orden oportuna y automáticamente se encargan de desarrollar los trabajos encomendados de una forma inteligente y perfectamente ordenada, sin necesidad de nuevas instrucciones ni asistencia de personal alguno.

***

Los campamentos más cercanos, de los ciento noventa y nueve restantes, distan de mi ubicación aproximadamente unos dos mil “quills(6) de norte a oeste en sentido giratorio en cada una de las direcciones, repartidos por todo el planeta de forma equidistante con el fin de cubrir la totalidad de su enorme pangea helado, un extenso y único continente sin solución de continuidad desprovisto de foresta y aparentemente sin vida animal, carente de ríos, lagos y mares superficiales, pero rico en caudales de agua subterránea cuya presencia no resultó muy difícil de detectar bajo su corteza por las primeras sondas lanzadas desde la nave nodriza. Se interpretó así que el desembarco en aquel mundo y la posterior repoblación sería sólo cuestión de tiempo, a partir de cuyo esperado momento el “Arca Icehouse(Traducción aproximada) estaría dispuesta para vomitar sobre su corteza las últimas unidades de nuestra maltrecha especie.

***

Tras perforar el permafrost, permanentemente helado por consecuencia de las bajas temperaturas nocturnas, las máquinas encargadas de realizar estas últimas catas han topado con la durísima roca que forma el segundo manto del terreno, al parecer un rocoso proto-pasado de origen volcánico, consiguiendo por fin atravesarlo hasta una profundidad aproximada de unas doscientas unidades “métl(7).

Los taladros perforadores de los poderosos bots han tenido que emplearse a fondo para quebrar la gruesa corteza, pero al final han conseguido dar con la brava corriente de estos ríos que desplazan bajo la celosa superficie ípota una excelente agua pura que nos ha sorprendido por sus misteriosas propiedades.

***

Hoy, los eficientes agrobots se han encargado de instalar los equipos de bombeo y depósitos necesarios en cada uno de los puntos elegidos para los campamentos.

Tras cuarenta largos “dits(1) de frenético trabajo, todo ha quedado dispuesto para comenzar a aflorar a la superficie ese líquido elemento y dar vía libre a su canalización a través de un sistema de acueductos construidos con gruesos tubos de titanio que, formando una intrincada red en forma de tela de araña para unir entre sí nuestras doscientas Bases, deberían ser suficientes para asegurar el permanente riego de los campos necesarios y el abastecimiento de clorofila con el que sustentar lo que serán las futuras ciudades de las nuevas colonias.

Creo que pasear por ese entorno durante las heladas noches mirando el bello firmamento que rodea este mundo va a ser toda una bonita experiencia.

***

Hemos rebasado ya el quincuagésimo quinto “dit(1)  de estancia.

Nuestro primer trabajo ya está hecho, pero notamos que los tecno-químicos están tardando demasiado en darnos el visto bueno.

Esperamos con impaciencia el resultado de los análisis de esa  agua tan particular. Algo ha debido desconcertar al equipo de científicos al analizar las muestras que enviamos a “Icehouse” desde cada uno de los puntos de extracción; y no creo que haya sido precisamente la ausencia absoluta de microorganismos en su composición, ni siquiera la falta de solución de sales minerales, sino más bien la pureza que hemos observado en este preciado elemento, de tan subyugante aspecto místico y su intrigante color azulado-eléctrico cuyo origen tampoco hemos sabido descifrar.

Acostumbrados al incoloro del agua que nuestros equipos se encargan de reciclar a partir de nuestras pérdidas acuoso-orgánicas, no es para menos nuestra sorpresa; y más aún si cabe cuando se ha comprobado su adulzado sabor, unido a un delicado olor que nos recuerda algo a una planta conocida con el nombre de “krotzmint(Menta, traducción aproximada). Es la más pura contradicción a lo conocido por nosotros como “ordinario”: colora, olorosa y tan dulce como los cristalizados disacáridos que comúnmente nos servimos con nuestras heladas infusiones de coca o marihuana.

***

Ayer nos comunicaron desde “Icehouse” que las unidades-cobaya que se ofrecieron voluntariamente para comprobar los posibles efectos perniciosos de esa agua no han mostrado reacción tóxica alguna, sino más bien todo lo contrario; a las pocas horas de su ingesta, notaron en ellas un casi imperceptible pero evidente crecimiento de su tálamo cerebral, lo que da respuesta a la extrema sensibilidad que han demostrado padecer de repente por sus reacciones de rechazo al sonido y a la luz, unido a una capacidad inaudita de resultarles innecesario caer en la fase profunda del sueño.

Sin lugar a dudas, se han convertido en unidades hiperactivas sin llegar a caer en un estadio posterior de cansancio; su necesidad de descanso apenas ha quedado reducida a un par de pequeñas fracciones de “hort(3) en las que ni siquiera han llegado a cerrar los párpados.

Sin embargo su estado vital ha seguido siendo envidiable. Esto ha desconcertado a los químicos y han preferido posponer su autorización hasta no tener la certeza de que esos efectos no ponen en peligro nuestra propia seguridad.

***

Más de cien millares de nosotros, todos descendientes de los pocos que consiguieron salvarse antes de la incineración de nuestro planeta por la Gran Estrella, esperan expectantes en la nave nodriza deseando tomar posesión de las parcelas que les serán asignadas en los respectivos campamentos.

El proyecto “Expectancy”, aprobado por una mayoría asamblearia de casi un 99 por 100 de los kortzs, se para claramente en subrayar que cada familia se hará cargo de la explotación y mantenimiento de la subparcela que se le asigne dentro de cada una de las Bases; la producción total se recogerá por las agro-cosechadoras para almacenarla en el Megacentro Comunal, y desde allí se redistribuirá hacia todos los campamentos en función de unas necesidades diarias previamente estudiadas y debidamente tasadas por el Consejo Central.

Nada será de nadie, todo habrá de ser disfrutado por todos, y a todos nos deberemos con  nuestro tiempo, excepto cuatro “horts(3)  de ocio y el breve descanso de otros quince más que se entienden como estricta y personalmente necesarios para recuperar las fuerzas y continuar de nuevo con el trabajo que cada uno tenga asignado.

La “Gran Comuna” se establecerá así de forma ordenada en el planeta, administrada hasta lo más esencial por “Número Dos”. Una vez asentados, la nave quedará para siempre en la órbita de Ípotas bajo el control de un comandante, una cuadrilla rotatoria de ingenieros que asegurarán su mantenimiento y una centena de mini-unidades guerreras “Skulds” eternamente vigilantes para asegurar desde la exosfera del planeta nuestra pacífica existencia.

Número Uno” dixit.

***

En apenas un décimo de “hort(3) la luz de Kóneos ha cedido el paso a otra noche.

Podría asegurar que me pillaba de improviso… Pero mentiría.

Desde mi llegada, he tomado la costumbre de sentarme al inicio del atardecer frente al ventanal del compartimento de mandos desde el cual puedo observar con total tranquilidad el lejano y violáceo horizonte de Ípotas. Una vez más me he dispuesto a admirar el enigmático movimiento de las partículas de polvo de nieve que se levantan alocadamente cuando las enormes máquinas aparcan sus trabajos rutinarios al dejar caer sobre el terreno sus enormes pinzas. Un dócil y apenas perceptible viento del este hace de esas motas inermes micro-juguetes, haciéndolas danzar por encima del suelo, dotándolas de complicados, rebeldes y hasta concéntricos movimientos circulares.

También es digno de ver en el exterior el rápido nacimiento de unos hexagonales cristales de hielo que me acercan a esos lejanos recuerdos insertos en mi ADN de ese lugar tan admirable que ya nunca veré…

Este espectáculo obra en mí unos efectos hipnóticos muy relajantes, casi tan parecidos a los de mis heladas infusiones nocturnas de esencia de marihuana.

Estos agradables estímulos me hacen sentir tontamente feliz. Pero, por desgracia, desaparecen en cuanto ─apenas sin avisar─ muere el atardecer y la noche envuelve todo en su negrura dando paso al encendido automático de los enormes proyectores solares que rodean la Base. Es entonces cuando todo el entorno se enmarca en un halo blanco-lechoso y las eficientes “Skulds” paran de pronto convirtiéndose en fantasmales monstruos arrojando sus negras siluetas sobre el helado suelo de Ípotas, a la espera de recargar de nuevo sus baterías con los próximos  y mortíferos rayos de Kóneos.

Me voy a quedar aquí unos instantes, admirándolo como un no adulto, absorto tras el cristal, quieto y embobado ante esta escena de inquietante lienzo hasta que por fin mi mente consiga darme aviso de que también ha llegado para mí la hora del descanso. Es entonces cuando, anunciándolo con una leve presión en mi cerebro, llega a saludarme la “Presencia” y acaricia mis oídos, tranquilizándome en su ensueño con este extraño poema:

Duerme, explorador de hielo, duerme…

 

El frío que de tu mundo traes

se ha trasladado a mi cuerpo;

yo seré tu dulce agua,

tú mi pétreo recuerdo…

 

Por toda la eternidad

nos haremos compañía

y nunca solos estaremos…

 

¡Duerme, por ahora, duerme¡

 

Descansa, translúcido ser de hielo,

que mi sol no te hará daño

mientras las noches envuelvan

la presencia de tu cuerpo…

 

¡Duerme, por ahora, duerme¡

 

Tu esencia nutrirá caudales de estas aguas

cuando la extinción te acoja,

y viajarás por los cauces

de mis ríos para renacer de nuevo,

miles de cientos de veces,

en el hielo hexagonal de la escarcha

que hoy acaricia tu adorado ventanal…

 

¡Duerme, por ahora, duerme!

 

¡Extínguete en mi sustancia,

que la eternidad te envuelve!”

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