ESRUZA

 

Se quedó sola, emocional y físicamente.

Sola con sus miedos, ya nada importaba,

la marea lo arrastró todo.

 

Ese mar y esa barca llena de ilusiones,

esa playa solitaria de crepúsculos hermosos

compartidos en su mente, ya no existen.

En esa barca no hay más un timonel

 

Ya no había nada qué hacer,

nada qué decir, todo estaba dicho

ante una pared inconmovible

llena de rencor.

 

Nunca comprendió nada, no sabía escuchar.

Su barca se quedó a la deriva,

no había más un timonel.

 

Se preguntaba: ¿por qué tuvo qué recargar

su ser en un hombro inanimado?

Había pasado ya  tanto tiempo.

Tiempo en el que sólo persistió el rencor,

no el amor.

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