MOISÉS ESTÉVEZ

Esas alas de plástico servían para volar, o al menos eso es lo que le
hubiese gustado a Marco. Volar lejos, muy lejos. Poder huir de allí, del
mundanal ruido que le atenazaba su psique, de los rumores que lo habían
doblegado. Porque ya no aguantaba más. Comportamientos egoístas e
interesados de habitantes de una ciudad de carroñeros y sinvergüenzas, una
ciudad de un país de corruptos y zafios. Volar a un lugar diferente, lejos de
aquel que lo había devorado por dentro, carcomiendo un alma en la que no
creía…

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