Mª DEL CARMEN MÚRTULA

» Habían pasado unos tres meses cuando un día, por pri­mera vez, no aparecí por la cabaña a la hora convenida. Él se cansó de esperarme y fue directamente a buscarme. Me encontró medio dormida en mi habitación. Bruscamente entró y me preguntó casi gritando:

‘¿Por qué no has venido?

‘Hoy no me apetecía —dije en un susurro de voz para evi­tar que me oyeran en las otras habitaciones, al tiempo que me incorporaba y me cubría hasta el cuello con la ropa de la cama.

‘¿Por qué? ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión? —me preguntó cogiéndome fuertemente de un brazo para obli­garme a salir de la cama.

‘¡Suéltame! —le ordené forcejeando con él—. Me estás haciendo daño.

‘Perdona —Se disculpó soltándome. Y continuó sentán­dose a mi lado y llevándose mi mano a sus labios—. Pero es que me costaría mucho el que terminara todo así. Sabes que no podría pasar sin ti.

‘Pues tendrás que ir acostumbrándote, porque esto se acabó —le dije retirándole la mano.

‘¡Qué dices insensata!

‘Bueno, tarde o temprano tenía que suceder, así que tienes que saber que estoy embarazada —le confesé bajando los ojos como si con ello ocultara mis sentimientos de culpabilidad.

‘¿Cómo? ¿Estás segura? ¿A caso no te has cuidado como te advertí con aquellas pastillas que te di?

‘No. Tuve miedo y las eché por el váter.

‘¡Desgraciada ignorante! ¿Y ahora qué?

‘Ahora ya ves, esperando un hijo tuyo.

‘Esto no es lo convenido. A ninguno de los dos nos inte­resa. Tendrás que pensar en deshacerte del crío.

‘¡Eso nunca! —Le contesté con firmeza.

‘Pues si te empeñas en seguir, tú verás cómo afrontas la situación. Esto ha sido sólo culpa tuya porque eres una ca­bezona y como te empeñas en no seguir mis consejos ¡arré­glatelas! —Y dando media vuelta, se marchó dando un por­tazo que hizo vibrar los cristales de la ventana. Seguro que todos en la casa lo oyeron, pero de esto no tengo noticia. Allí, en mi habitación me pasé el resto del día, pero nadie se preocupó de mí.

» A la mañana siguiente traté de no encontrarme con mi madre, cogí cuanto dinero tenía ahorrado, metí mi ropa en una bolsa y después de dejar una carta encima de la cama, salí hacia la puerta de la finca, a esperar que mis hermanos marcharan a la escuela en la furgoneta. Les dije que iba a pasar unos días a casa de una amiga y me despedí de todos.

» En cuanto me vi sola, me dirigí a la estación y cogí el primer tren que pasó, bajándome en la última ciudad donde este moría.

—Sin duda que mi padrastro es un hombre muy inteligente —concluyó en su relato Elsa. Sabía que a la fuerza y con amena­zas no conseguiría su propósito de tenerme a su merced, como él pretendía. Y al verme tan resuelta perdió todos sus falsos en­cantos. Gracias a Dios pude salir de aquella situación, pues lo que más temía era verme indefensa ante su ternura y halagos y caer en la tentación de abortar como él pretendía. Ahora veo que era como una sutil araña envolviéndome en su tela. De ninguna ma­nera debía consentir más aquello que tanto me trastornaba y que podía llegar a convencerme de que tenía que abortar. ¡Matar a mi propio hijo! Ya sé que hay jóvenes que no piensas como yo, pero yo sigo creyendo que lo esencial en la mujer es la maternidad y no concibo el renunciar a ello por egoísmo o por lujuria.

» ¡He disfrutado tanto cuando la iba sintiendo moverse en mi interior!, ahora comprendo el gesto de las futuras madres tocán­dose la tripa porque ahí va sintiendo como va creciendo su bebé. Y ¿qué decirte del momento del parto? Cuando notas al bebé sa­lir y le ves todo amoratado y embadurnado como de una grasilla blanca y te lo ponen encima. Desde ese instante no puede nada, absolutamente nada, hacer que deje de ser tu bebé y ese momento queda grabado para siempre en tu corazón. Y piensas: ‘¡Es mi hija! Esa personita que tengo ahora sobre mi pecho, ¡es mi hija! Que ha estado todos estos meses viviendo, formándose, creciendo, ali­mentándose y respirando, porque yo la he protegido dentro de mí.

» Por todo esto nunca podré dar suficientes gracias al Señor por haberme librado de mi padrastro y haberme puesto en mi camino a Marta. Ha sido como si hubiera roto un pacto con el mismo diablo y encontrar compensación con las atenciones de un ángel. Esto ha sido Marta para mí. Sobre todo, me ha ayudado a confirmarme en mis principios, y ahora sé que, aunque hice mal, mis convicciones son rectas.

Quisiera hacerte unas preguntas.Le propuso M95

—¡Adelante!

¿Cuántos años tiene tu padrastro?

—Cuarenta y dos y mi madre treinta y siete.

¿Otra?

—¡Vale!

¿Sabe tu madre dónde estás?

—No. Sé que es muy duro para ella, pero temo que si le doy cualquier pista él se lo saque y le dé por venir a buscarme. Pero tuve ocasión de mandarle una carta y le dije a Juan que la enviara desde otra ciudad. En ella le contaba parte de la verdad, lo sufi­ciente para que esté tranquila, pero nada le dije para que pueda localizarme.

Una última pregunta.

—Las que quieras.

¿Qué significa eso de que tú eras su amante?

—Bueno, eso le llamamos al hombre y la mujer que tienen relaciones íntimas sin estar casados.

 

(Reflexiones de M95 ante su realidad)

 

¿Quién de nuestra sociedad sabe que la función principal de la existencia de la mujer es el ser madre? ¿Quién de nuestras jóvenes pue­den sospechar que son capaces de engendrar e ir formando en ella un nuevo ser como se hace en nuestros laboratorios? ¿Cómo reaccionarían estas mujeres si se enteraran que nuestras adolescentes desde el momento de su primera menstruación hasta los 21 año que celebran la mayoría de edad con el rito del cierre de la trompa de Falopio permanecen com­pletamente aisladas del mundo masculino? 4

» Y yo me pregunto: ¿Qué función le queda por cumplir a la mujer en nuestra generación? ¿Somos individuos sin un papel propio, dado que se nos privó de nuestra función reproductora? ¿Es un avance el haber privado a la mujer de la experiencia de ser madre?

» Cuando he sido estos meses testigo de tantos sentimientos positivos respecto a este asunto, sin duda que me cuestiono nuevamente el poner en duda los avances de nuestra civilización en esta materia. ¿Es más humano que las relaciones sexuales se limiten a ser simplemente una satisfacción de los placeres higiénicos de los adultos?

» He aquí como hemos ido perdiendo el sentido relacional de la pareja y su misión de formar una familia. La madre probeta es la encargada de la gestación y el desarrollo del bebe. Hemos privado a nuestras mujeres de algo tan hermoso como debe ser (según he podido comprobar por la información de estos meses) la experiencia maternal de sentir el crecimiento de un bebé dentro de ellas.

¡Esto es impensable para nuestra generación femenina!

¿Otro avance del progreso de nuestra civilización?

__________

4  Lo que ni ella misma sospecha es que todas las adultas de su generación fun­cionan con un ovario sólo, ya que, en aquella ceremonia, se lo extirpan para fecundarlo en los laboratorios maternos.

 

FIN del capítulo 15 DE NIÑA A MUJER

Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”

http://minovela.home.blog

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