ROSA LIÑARES

Isabel se había adaptado tan fácil y tan rápido a la vida francesa que ella misma estaba asombrada. Cuando llegaron las navidades, tenía la sensación de que llevaba viviendo en París una eternidad. Se había acostumbrado a los horarios y costumbres de allí en poquísimo tiempo. Incluso se había dejado influenciar por el estilo chic de las elegantes mujeres parisinas y se había vuelto más coqueta.
Parecía estar viviendo en una continua luna de miel. Si en un principio tenía algo de miedo a la convivencia con Laurent, todos sus temores se disiparon enseguida. Él hacía que todo resultase sencillo. Y ella no podía dejar de sentirse agradecida por haberse topado con ese hombre.
Todo iba a las mil maravillas hasta que recibió aquella llamada de Charo. Hablaban por teléfono prácticamente todos los días, pero nunca por la mañana, así que cuando sonó el teléfono poco antes de las diez supo que algo había pasado.
-¿Qué pasa Charo?- fue lo primero que dijo, sin saludarla siquiera.
-Es Susana- dijo su amiga, con voz baja y cansada.
-Ya te he dicho que no quiero hablar de ella.
-Ha muerto su madre.
Se hizo el silencio a ambos lados del auricular. Isabel tragó saliva y un nudo le apretó la garganta tan fuerte que por un momento sintió que se ahogaba.
-Creí que debías saberlo- dijo Charo
-Gracias por avisar. Voy para allá.
No tuvo que pensárselo. Llamó a Laurent y gestionó todo para coger el primer vuelo de la tarde. En el trayecto lloró todo lo que no había llorado en los últimos meses. No podía dejar de pensar en la vida de sufrimiento de su amiga. Se había criado sin padre y ahora se quedaba sin madre también. La vida era injusta. Y Susana no lo merecía. Y ahora ella se sentía culpable por haberla despreciado todo este tiempo.
Cuando llegó al tanatorio no hicieron falta palabras. Abrazó a su amiga con toda la fuerza que su tembloroso cuerpo le permitía sin dejar de musitar “lo siento” una y otra vez. Cuando se separaron, las dos tenían el rostro cubierto de lágrimas.
Fue Isabel la que finalmente habló.
-¿Podrás perdonarme? Sé que has perdido a tu madre y yo no puedo sustituirla, pero no volveré a abandonarte. Quiero que sepas que te quiero como a una hija, que somos familia y estaré a tu lado. Siempre…
FIN
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