SARA LEVESQUE

Existe una flor de color (r)osado. Pequeña y tímida, solo nace en aguas de tono templado. Permanece envuelta en su jardín privado, protegida por un matorral sedoso y acolchado. Desprende un aroma perfumado, como la fragancia más pura que nunca se ha esnifado. Al contemplarla, notas como si el mundo se hubiera desliado. Dan ganas de largarte junto a ella sin sentirte un desterrado. Relamer cada uno de sus movimientos culminados, acunar su dulzura con mimos suavizados y cantarle una canción a gemidos delicados.

Si tienes sed, la flor te ofrece su río de aguas cristalinas y sabor muy marcado. Un elixir de la Vida que envuelve tus temores y liquida cada momento que te ha asustado, ahogando tus pesadillas con su néctar perlado.

Entre esa espesura que desfigura mi cordura brilla la más linda flor que el mundo ha regalado. Y yo solo deseo pronto mudarme acurrucada a su lado. ©

Un comentario sobre “Color (r)osado

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