ROCÍO PRIETO VALDIVIA

 

Y mis ojos se han cegado ante la tragedia que nos aniquila.

El viento es un rumor que duele hija mía.

No logro imaginar tu cara llena de temor.

Ni estos brazos que no te acunan.

El muro es un lugar inhóspito para las madres.

La migración es dolor que no tiene curación alguna.

La ciudad queda en silencio a las 6 de la tarde.

Y tu pequeña voz es la voluntad para exaltar una plegaria.

El papel verde no compra la angustia.

Mi corazón se desbarata en silentes cantos.

Y de estos ojos no deslumbran más allá del paraje migratorio donde tus pasos rápidos huyen de la pandemia.

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