ALMUTAMID

Por fin en casa para 4 días. Llegué un jueves por la noche para ver a los amigos pero cuando hacían planes para la noche siguiente ya les avisé que yo tenía mis propios planes. Los ataques de calzonazos yo los recibí con una sonrisa de orgullo dando a entender que todo valía por una velada con una chica. Me pasé todo el viernes nervioso con ese cosquilleo particular de vejiga y huevos cuando sabes que vas a tener sexo.A la hora acordada recogí a Viqui con el coche de mi padre. Me sorprendió que llevara pantalones en vez de una de sus falditas de vuelo que tan bien le quedaban. Entró al coche y nos dimos un largo beso. Más de un mes sin vernos aunque nos habláramos a diario.

Nos contamos cosillas en el camino al cine con cierta ansia de los dos al hablar. Realmente nos echábmos de menos. Y mi cosquilleo en los bajos aumentaba. De nuevo eligió Viqui la película, una futurista supongo que para complacerme. Nos tocó otra sala más pequeña pero con el mismo tipo de asientos. Eso sí, era más difícil pillar una fila donde estuviéramos solos. Nos sentamos cada uno en nuestro asiento pero cuando empezó la película quedando la sala a oscuras Viqui se sentó encima mía como la última vez. Lo interpreté como una invitación a jugar con su chochito así que en apenas 5 minutos mi mano jugaba por su cintura. Sin embargo cuando fuí a tocar el cinturón me detuvo. Me extrañé. Se me acercó al oído y me dijo:

-Hoy no puedes jugar ahí…me ha venido la regla…

A ella le ha venido la regla y a mí se me va la ilusión. Se me bajo todo, bueno todo no. El bulto de mi pantalón apretado contra su culo de sentirla sentada en mi muslo no se bajó. Lo peor es que bajó la cabeza y se echó en mi hombro y a mí no me quedó más remedio que ponerme cariñoso a darle mimitos. Ella estaba encantada montada sobre mí y con la cabeza en mi cuello mientras yo sujetaba su espalda con un brazo y no sabía que hacer con la otra mano. Fue la propia Viqui la que me dió la idea. En esa postura desabrochó dos botones de mi camisa y empezó a acariciarme el pecho mietras no dejaba de mirar a la pantalla. Se dedo índice recorrió el contorno de mis pectorales y abdominales hasta el ombligo y después metió su mano entera para tocar mi piel jugando de vez en cuando con mis pezoncillos. Si ella tocaba yo lo iba a intentar. Colé mi mano por dentro de su jersey de cuello vuelto y me encontré directamente con su piel. Por debajo del pantalón asomaba una faja o braga alta que supongo que vestiría por su perido menstrual, pero hacia arriba pude jugar con su imbligo mientras su mano no dejaba de pasearse por mi pecho y vientre. Subí la mano hasta un pecho y no se inmutó, como el día que jugué con su chochito, así que me apresuré a sacarle la teta de la copa del sijetador. La sentí mas grande y dura, y no hablo de mi polla, sino de su teta. Destapé el otro pecho notando sus pezones endurecidos y jugué e incluso pellizqué ambos mientras acomodaba su cabeza sobre mi hombro dejándose hacer sin dejar de tocar mi pecho. No fue gran cosa pero me pegué una hora sobando teta que no estaba mal para lo necesitado que estaba.

Cuando terminó la película nos apresuramos a recolocarnos la ropa, sobre todo yo que tenía la camisa abierta. Me tapé el bulto con el jersey y el abrigo aunque me incomodaba al andar. Viqui comentaba la película como si no hubiera pasado más que eso entre los dos en la sala. Cuando llegamos al coche le pregunté si quería irse ya a casa o le apetecía ir al descampado. Me dió un beso en la boca y me sonrió diciendo inmediatamente:

-No me puedes tocar ahí abajo, pero yo sí que te puedo tocar…

Conduje hasta el descampado con cierta ansiedad. Llegué y nos pasamos al asiento de atrás. Aunque Viqui tenía reparos a follar no podía quejarme de su complacencia. No sé que grado de molestia le generaría su menstruación pero aún así no rechazaba mi deseo limitandome solo el acceso a su chochito.

Eso no me iba a privar del placer de sus labios y su piel. Viqui se sentó sobre mis muslos frente a mi poniendo sus rodillas a ambos lados de mis piernas. Nos comíamos la boca mientras mis manos recorrían su culo y se colaban bajo el jersey alcanzado la piel de su espalda. Aunque hacía frío Viqui colaboró levantando los brazos para desnudarla quedando en sujetador. Sus pechos majestuosos rebosaban un sujetador gris de copa rígida mientras sus brazos bajaban por mi cabeza y cuello hasta llegar a los botones de mi camisa y empezó a desabrochados de uno en uno hasta dejar mi torso a la vista.

Me sacó la camisa y yo de inmediato busqué el broche del sujetador para liberar sus tetas y poder disfrutar de su visión. Me fijé en la braga que asomaba y le pregunté pasando mi dedo por el elástico superior:

-¿Te duele?
-No. Sólo antes de que me baje la regla.
-¿Y por qué te pones esto?
-Para bajar la inflamación de mi barriguita…
-¿Y cómo se baja la inflamación de tus tetitas?-pregunté subiendo mí mano hasta su pecho.
-Con muchos cariñitos…
-¿Así?- pregunté pasando mis pulgares por sus pezones.

Viqui se estremeció y lanzó un leve “mmmmm” para continuar diciendo:

-… Están muy sensibles..

Se dejó caer hacia atrás apoyando su espalda en el asiento delantero. Me deleitó con la visión de sus pechos y rápidamente volví a agarrarlos con mis manos apretandolos volviendo a oir los gemiditos de Viqui. Inmediatamente me eché hacia adelante y tomando su teta con la mano acerqué mi boca succionando su pezón. Ella gemia como si le tocara el coño y yo disfrutaba realmente con su tacto, su sabor y su placer. Me di un auténtico festín de tetas tocandolas, chupandolas, lamiendolas, mamando de sus pezones indistintamente. Tenía la polla a reventar pero no me detuve hasta que Viqui se cansó de la postura.

Después me sorprendió lo que hizo. Se acurrucó entre los asientos y mis piernas. Desabrochó mi cinturón y bajó la cremallera de mi pantalón. Inmediatamente el bulto de mi polla aprisionada toda la noche saltó formando una tienda de campaña en el calzoncillo. Viqui pareció no fijarse pero tomó el elástico de mi calzoncillo y tiró de él junto con el pantalón. Levanté el culo del asiento para ayudarla dejándolos a la altura de mis tobillos. Entonces apoyó los codos en mis rodillas y me sonrió diciendo:

-Vamos a ver qué podemos hacer con la pollota de mi niño…

Con el culo resbalado en el asiento y las piernas muy flexionadas, con Viqui sentada en el suelo del coche, bendita amplitud del Octavia, y el poder de mi polla totalmente tiesa, estirada, con el glande muy hinchado y las venas marcadas, yo veía la carita de mi chica con mi miembro en medio. No era la primera vez que tenía una chica observándola tan cerca en las últimas semanas, pero de las tres chicas a las que les había plantado mi nabo cerca de la cara era la única que iba a jugar con él.

De hecho era delicioso y excitante ver su carita allí frente a mi polla con sus brazos apoyados en mis piernas, y más cuando su mano agarró mi verga y empezó a subir y bajar despacio mi prepucio. Me encantaba su maestría rozando las partes más sensibles para hacerme suspirar. Y sobre todo me encantaba que usaba las dos manos, una para pajearme y otra para acariciarme el vientre, el pubis, los muslos y las pelotas. Pero además me encantaba su dedicación. No sabía si lo hacía porque se veía obligada al complacerme por su miedo a follar o simplemente porque ella también disfrutaba jugando con mi cuerpo y viendo mis reacciones. Pero tenerla allí abajo en vez de al lado, repito, me estaba encantando.

Pero lo que me estaba volviendo loco era escuchar lo que me decía mientras yo asentía y gemía como un tonto:

-¿Las pollas crecen cuando llegas a la universidad o siempre la tuviste tan grande? Que no se entere ninguna amiga mía de lo que tiene mi novio, que esto es sólo mío. ¿Te gusta lo que te hago?
-MMMM ajá…
-¿Quieres que te exprima?
-Mmmmm ajá…
-Voy a dejarte esos huevitos tan lindos vacíos….¿verdad?
-Mmmmm, sí, sí….
-¿Te gusta?
-Me encanta…y también tus preciosos pechos- quise quedar bien y no mentía.
-¿Te gustan mis pechos?
-Me vuelven loco…mira como me pones cuando los veo…

Viqui no dejaba de pajearme cada vez con más intensidad mientras su vocecita seguía diciendome:

-¿Te gusta chuparlos?
-Es lo que más me gusta…

Su voz sonaba como si se fuera a correr ella, pero era imposible. No se estaba tocando el coño, sólo me pajeaba. De repente soltó mi polla, se puso de rodillas y me acercó la boca. La besé muy guarro. Por la postura mi polla quedaba tan cerca de sus tetas que una me rozó. Se separó un poco y agarró de nuevo mi polla. Se la pasó por un pezón. No sentí especialmente el roce, pero de la visión de mi polla en su teta casi me corro ya. Lo mismo ocurrió con la otra teta y los gemiditos que lanzaba cada vez que rozaba mi glande por su pezón durísimo. Realmente estaban muy sensibles o Viqui lo aparentaba muy bien. De nuevo un chispazo, mierda, por un segundo imaginé que eran los pechos de Claudia. Pero era imposible sus tetas eran pequeñas comparadas con las de Viqui. Me encontré con los oos de Viqui mirándome complaciente. Realmente qué difícil es tener todo lo que se quiere. Tenía a una niña preciosa frotándose mi polla contra sus tetas y mi cabeza pensaba en otra. Para salir de la ensoñación hablé:

-Me encanta todo lo que me haces…Vi, Viqui…

Me sonrió y tomando sus pechos con sus manos se echó hacia adelante envolviendo mi polla entre ambos de modo que asomaba el glande por su canal. Su cabeza estaba tan cerca de mi polla que si quisiera podría chuparla como un chupachup así hinchada y mojada por mi precum. Pero sosteniéndolas con sus brazos empezó a subirlas y bajarlas envolviendo mi nabo tieso. Veía como se perdía entre ellas y volvía a aparecer mientras ella hacía lo posible por mantener la postura y el roce.

-Vas a hacer que me corra, mi vida…-al final el sexo te vuelve cariñoso…
-Sí…-decía con dificultad por el movimiento para mover sus pechos- echalo todo, que no se te quede nada dentro, está tan dura y caliente, vamos Luis, dámela….

Sus palabras fueron órdenes el primer lechazo salió y le llegó a la barbilla y el cuello. Se asustó al sentirlo pero siguió con su cubana. Otro más a su cuello, otro másse resbalaba entre sus pechos. Los siguientes más debiles pero muy espesos llenaban su cuello y pechos cubriéndolos de leche condensada hasta que dejaron de salir y se levantó con la risita tonta que se les queda a las chicas cuando te ven correrte. Aunque ya no echaba semen mi polla seguía palpitando y la sensación en mis huevos seguía siendo superintensa mientras Viqui complacida me observaba.

-Uffff, niiiiiña. Que barbaridad, que corridón…¿dónde has aprendido eso?
-Lo leí en una página de internet de consejos para parejas y quise darte una sorpresa.
-¿Y qué más leíste?- pregunté intrigado.
-Eso es un secreto…ya te iré contando…
-Mira que eres mala…
-Dame la toalla porfa, que se me escurre tu leche y me voy a poner perdida…

Levanté el culo y le pasé la toalla para limpiarse mi corrida del pecho, clavículas, cuello y barbilla. Sus pechos se movían al ritmo en que se frotaba la toalla. Mientras se secaba mi polla había ido perdiendo tamaño y ahora ya presentaba un aspecto más disminuido y arrugado.

-Que graciosa.Nunca la había visto así.

Bajó su mano y la cogió con dos dedos.

-Si la vuelves a tocar se pone dura otra vez…

Pero con la toalla me secó la punta y me dijo:

-Guardatela ya que es tarde…

Nos vestimos y nos pasamos a la parte delantera del coche comprobando que no habíamos manchado nada y conduje a su casa entre arrumacos y besos en los semáforos.

Mi cuerpo lo tenía muy claro. Me encantaban los encuentros con Viqui. Mi mente es la que me engañaba confundiendome con Claudia. Así que decidí darme una oportunidad. La tarde del día siguiente la pasé como un típico noviete con Viqui. Dimos un paseo al sol y terminamos sentados en un banco comiendo pipas y charlando con los típicos juegos de ponernos a pelarnos mutuamente las pipas, esconderlas y con la excusa de encontrarlas rozarnos y sobarnos para terminar poniendo el fruto seco entre los labios y besarnos.

Estaba agusto con Viqui en los ratos que pasábamos juntos y creí que era el momento de pasar página con Claudia. Íbamos de la mano por la calle y a ojos de todo el mundo pasaríamos por una parejita perfecta. Pero no era así por dos motivos que yo sabía y ella no: mi ansiedad por mojar el churro antes del final de año y mi querencia por Claudia.

Sin embargo Viqui, ajena a mis dudas, parecía disfrutar conmigo. De hecho, el paseíto de aquella tarde-noche terminó en el mismo arriate oscuro donde nos enrollamos la primera vez. Nos sentamos y en menos de dos minutos nos estábamos comiendo la boca con ganas. Fui a meterle mano, pero el frio de diciembre y su menstruación me frenaron.

-¿Cómo está tu barriguita?- pregunté cauto.
-Aun inflamadita, pero ya se va pasando- respondió tomando mi mano y pasando la palma por su vientre aun fajado- todavía no puedes tocar mi chochito…

Acariciando su vientre respondí:

-Me encanta tu chochito…
-¿Ahn, sí?
-¿Mucho?
-El que más…- dije como si hubiera tocado alguno más.
-Pero está malito…
-Por eso me contengo- respondí subiendo la mano por dentro de su chaquetón sin llegar a sus tetas.
-¿Tú también estás malito?-pregunto Viqui.
-Mucho…
-¿Y qué te pasa?
-Tambien tengo inflamación…
-Vaya- respondió Viqui acercando su mano por mi muslo a mi paquete morcillon por los besos y la conversación.
-¿Me curas?- pregunté mimoso
-Bueno, vamos a ver qué podemos hacer.

Subió sus manos a mi cintura desabrochando correa, botón y cremallera.

-Sí que estás muy malito…-continuó metiendo su mano en el calzoncillo.

Tenía la mano fría y di un respingo pero Viqui se sonrió y con su naturalidad habitual tiró del elástico sacando mi polla ya dura.

-Es muy grave, va a haber que hacer un cuidado muy especial…dijo.
-¿Un boca a boca?-pregunté emocionado.

No sé si pilló mi propuesta pero se giró para tener más espacio y empezó a masturbarme mientras sujetaba el elástico del calzoncillo. Me apretaba un poco y me levanté. Ella se quedó sentada meneandomela.

-¿Te sientes mejor?- preguntó levantando la mirada de mi nabo.
-No puedo estar en mejores manos…

Con su mano libre se dedicó a estimular otras zonas de mi cuerpo, vientre, nalgas, pubis y pelotas. Me la meneaba en silencio con ritmo vivo deteniéndose de vez en cuando para apretar mi glande. Se oía su mano subir y bajar mientras mi respiración se aceleraba.

-Que buena eres, nadie pajea como tú, ten cuidado que te voy a pringar entera….-avisé.

Viqui se puso de pie a mi lado intensificando la paja mientras su otra mano apretaba mis nalgas. Pero en un momento entrando desde atrás alcanzó mis pelotas apretándolas y notó mi respiración más alterada. Jugó con ellas sin dejar de meneármela y dije:

-Como me gusta que me tengas cogido por los huevos…

No dijo nada pero los apretó casi haciéndome daño para soltarlos de golpe e instantáneamente empecé a resollar soltando chorros mientras mi novia me ordeñaba. Casi me caigo del gusto que me dió al correrme y sin subirme los pantalones y con todo colgando le di un morreo rozando toda mi polla mojada con sus pantalones.

Admito que Viqui me tenía cogido por los huevos. Mea culpa. ¡Pero me encantaba! Siempre dispuesta y entregada. El día que se decidiera a follar me iba a poner las botas y yo tenía esperanzas de que eso sería pronto. Nunca rehuía el contacto y disfrutaba con mi placer. De comerme los ocos a los revolcones con Viqui no había color. Que había que dar paseítos dela mano y hacer arrumacos en un banco, merecía la pena desde luego si terminaba con mis huevos vaciados por sus manos, o por sus tetas, madre mía. Que recuerdo mi polla encajada entre sus tetas. Eso con Claudia sería imposible. Otro punto más para Viqui.

De hecho, si hubiese decidido estudiar en mi ciudad podría estar con ella todos los días, o al menos todos los fines de semana y así tener más oportunidades de disfrutar con su cuerpo. Bueno, un poquito de autoestim, o ella con el mío, que tampoco le hacías ascos.

Pero bueno, estaba en la residencia y quedaban dos semanas para las vacaciones en las que tenía que dejar muchos apuntes recogidos, programar los exámenes que tenía a la vuelta, e incluso acabar la primera vuelta de la liga de fútbol sala. Cada vez que venía de estar con Viqui veía a Claudia más como una amiga y menos como mi musa. Pero vamos por partes.

María era una sosa a la hora de divertirse, pero era una excelente estudiante y compañera. De no ser por ella yo habría estado muy perdido al principio. La verdad es que nos omplementábamos muy bien a la hora de buscar información y lo que ella mejoraba en estudio y planificación yo lo hacía en presentación y búsqueda informática. Gracias a ella me fui de vacaciones con todos los apuntes al día y poder dedica la última semana a hacer un trabajo.

En la liga los buenos resultados habían convertido los partidos en foco de atención. A partir de mediados de noviembre era habitual ver bastantes compañeros de facultad animándonos y dos días antes de las vacaciones teníamos el partido contra la facultad de educación física, hasta entonces primeros indiscutibles. Mierda tendría que jugar contra Óscar y el muy capullo llevaba semanas calentandome la cabeza. Pero volviendo a nuestro éxito de público e n gran parte se debía al hecho de estar en una escuela mayoritariamente femenina. De ese modo venían gente de otras escuelas más a ver a nuestra hinchada de voces agudas que el propio partido. Pero gracias a ello y a que algunas chicas se esperabana a que saliéramos de las duchas para felicitarnos amplié mi círculo de amistades hasta el punto de poder saludar a mucha gente por los pasillos e incluso sentirme popular como en las películas americanas. Eso sí, en esas películas follaban y yo na de na…

Pero voy al relato de aquellas semanas siguiendo el orden cronológico de los hechos. La primera semana fue tranquila. Pasé las tardes entre entrenamientos y quedando con María, Chusa y Teresa para ponernos los apuntes al día. Trabajábamos bien los cuatro, unas veces en la biblioteca de la facultad y otras en el piso de alguna de las chicas más cómodos tirados en el sofá o alguna cama. La mayoría de profesores ya habían cerrado sus temarios y dejaban la última semana para trabajos y dudas previas a los exámenes.

Me veía con Claudia todos los días para cenar y contarnos nuestros día a día. Estaba empezando a agobiarse y desde que Víctor y Lourdes salían juntos le incomodaba estudiar con ellos. Me sorprendió invitándome a estudiar juntos. Yo le contesté que encuato terminara con las chicas de la facultad prefería quedarme en la residencia con ropa más cómoda y podíamos estudiar juntos. Me sentía “curado” de mi deseo por ella.

De este modo los hechos significativos ocurrieron todos en la semana previa a las vacaciones haciendome dudar de nuevo.

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