HELEN ÁLVAREZ

“…. de niña íbamos a un lugar montañoso cerca de el pueblo en que crecí, la neblina en ocasiones lucia de bufanda en nuestro cuello, tras el vértigo que subía por mí garganta mientras conducíamos hasta la cúspide de aquel lugar, en el camino, estaba ella, era una inmensa cascada espumosa que rodeaba toda la vista, surgía de una gran protuberancia rocosa que apenas se podía ver detrás de aquel salto de agua que por su curso fluvial parecía una gran nube extendida sobre los pies de la peña, sin hablar de la fauna que la envuelve, el verdor de grandes arboles, erguidos como soldados en formación, ¡Oh sí! amaba esos días, algunas veces nos deteníamos allí para disfrutar de la vista, mientras otros se recreaban entre aquellas heladas aguas.

Solía sentarme a lo lejos sobre una roca para escribir o detallar el sitio, perdí la cuenta de las veces que estuvimos allí, siempre descubría algo nuevo, algún helecho, alguna flor, alguna roca, algún árbol, algún pájaro, encontraba libertad al mirar y escuchar el murmullo como de miles de voces al unisonó, al caer verticalmente aquella pequeña catarata, podía sentir el oxígeno fluir en mi cuerpo, al sonar la orquesta de canarios y azulejos recitando melodías sin cesar, sin duda en ese ambiente lleno de calma, comprendí que la naturaleza es un ejemplo de Fe.”

Fragmento: ¡Sube a la Torre! #BajoSusAlasBlog

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