AKUARIES

La familia de Gabriel se ganaba bien la vida, compraban pisos, casas o locales que luego restauraban y los volvían a vender revalorizados, su padre empezó trabajando de joven de albañil en las obras y sabía lo que sé hacía, ni a él ni a ninguno de sus hermanos les faltó nunca de nada. Era el que se parecía más a su padre, en el carácter afable y la facilidad para hablar, su padre lo aprovechó para negociar y él para ligarse a las chicas. De sus hermanos él era el más “travieso” y menos responsable, pero su padre se lo perdonaba todo por el hecho que se veía reflejado en él cuando era joven.

Bastante alto y guapetón le gustaba mantenerse delgadito pero sin pisar mucho el gimnasio o haciendo deporte que lo encontraba una pérdida de tiempo, decidió estudiar derecho y su vida transcurría entre fiestas y chicas, pronto se dio cuenta que tenía cierta facilidad para hacerlas reír y llevárselas a su terreno. Tardó algunos años más de la cuenta en acabar la carrera, él se encontraba muy a gusto con la vida de estudiante.

Tenía un amigo que era el propietario de un local de copas cerca de la universidad, muchas de las fiestas se organizaban allí. En la primera fiesta universitaria que asistió un jueves por la noche a media noche se estaba besando con una chica por los rincones, fue a la barra a pedirle un par de copas a su amigo, se las sirvió diciéndole que estaba invitado y le puso en la mano una llave, le dijo al oído que arriba había una habitación con una cama y le hizo un gesto mostrándole unas escaleras, a los cinco minutos estaban subiendo.

Era una habitación pequeña con un cristal que desde dentro se veía el local desde arriba y desde fuera no se veía nada, parecía un espejo, tenía un cuarto de baño con una ducha y era acogedora. Los dos se la miraron medio tambaleándose por el efecto de los cubatas y se pusieron a reír, dejaron las copas encima de una mesita y se besaron dejándose caer en la cama. El le desabrochó el pantalón a la chica estirando para quitárselo con las bragas y las zapatillas, metió la cabeza en medio de sus piernas y le comió el coño, llevaba un rato en ello y la chica casi no se inmutaba, le apartó la cabeza y le dijo que se desnudara, lo estiró, le puso un condón y se subió ella encima, lo cabalgó un rato y se corrieron. La chica se vistió, agarró su copa y antes de salir de la habitación le dijo que era muy simpático y agradable pero que no tenía ni puta idea de cómo darle placer a una mujer.

Le tocó tanto la moral que puso más interés en aprender a tocar a las chicas que a los libros, uno de los motivos porque se le alargó la carrera. Tan preocupado estaba que una tarde sentado en la barra tomándose una cerveza en el local de su amigo se lo preguntó.

AMIGO: ¿Pero vamos a ver, tú a quien quieres darle placer?
GABRIEL: A las chicas hombre, a las chicas, ¿a quién quieres que se lo quiera dar?
AMIGO: Yo que sé tío, ¿pero quieres dárselo a todas las chicas o a una en cuestión?
GABRIEL: Joder, ¿te estás quedando conmigo no?, a la chica con la que esté en ese momento tío.
AMIGO: Entonces por qué coño me lo preguntas a mí, pregúntaselo a ella que es la interesada, un poco tonto si eres chaval.

Gabriel se quedó en silencio tieso como un palo, como podía haber sido tan inútil y no haberlo pensado él. A partir de ese momento fue más humilde con sus relaciones y supo encauzar sus conversaciones amorosas para aprender de los detalles de cada una de las amantes que fueron pasando por sus brazos. Un par de meses más tarde estaba orgulloso de sus avances en la cama con las mujeres.

Acabó su carrera y gracias al abogado de su padre encontró trabajo en un pequeño bufete, hasta él mismo se sorprendió de lo bien que se le daba el trabajo de abogado, su jefe al poco tiempo le propuso de hablar con un gran bufete en el que podría hacer carrera a otro nivel. Allí en su primera entrevista fue donde coincidió con Víctor, a partir de ese momento fueron inseparables, ser los novatos hizo que se apoyaran él uno al otro y pasaran mucho tiempo juntos iniciando la amistad.

Al poco tiempo había lanzado su carrera, con ello sus ganancias aumentaron y se compró su primer apartamento, lo decoró como él quiso y lo convirtió en un bonito picadero para llevarse a las chicas, vivía como siempre había soñado. Víctor le presentó a Samanta y lo invitó a su boda, con el tiempo mantuvo alguna relación estable, estable durante tres o cuatro meses que fue la más larga, no estaba hecho para relaciones duraderas.

Una noche de un viernes tomando unas copas con unos amigos vio a una chica en la barra, la miró varias veces y los amigos le empezaron a hacer la típica broma de: “Con esa no vas a poder”, y como siempre a él no le costó mucho entrar al trapo. Se puso de pie a su lado en la barra y llamó la atención del camarero para pedirle una copa.

CAMARERO: ¿Qué ponemos?
GABRIEL: A mí un escocés, a la señorita lo que quiera.

La chica le miró a los ojos sonriendo.

CHICA: Lo mismo que estoy tomando.

Gabriel le pidió permiso para sentarse a su lado y se presentó.

CHICA: Muy bien, ¿y cuanto crees que vas a tardar en ganarles la apuesta a tus amigos?
GABRIEL: ¿Perdona?
CHICA: Vosotros os pensáis que las chicas somos idiotas.

Se levantó y le cogió la cara con dos dedos.

CHICA: Mira pijito, te agradezco la copa pero tengo cosas mejores que hacer que estar contigo.
GABRIEL: No puedes ni acabártela conmigo, aunque solo sea por educación.
CHICA: Te equivocas conmigo, yo no soy una presa, soy cazadora.

Se miraron a los ojos en silencio.

GABRIEL: Pues habrá que ver quien acaba cazando a quien.

Rieron y ella le tocó la cara.

CHICA: Hoy no, tal vez otro día.

Se giró y empezó a caminar para irse.

GABRIEL: Dime tú nombre por lo menos.

La chica se paró girándose, le miró a los ojos, sonrió y antes de irse.

CHICA: Me llamo Marga.

Se vieron varias veces en el mismo local, Gabriel loco porque Marga fuera una más de la lista de chicas conseguidas y Marga sabía perfectamente lo que buscaba él dándole largas. Marga estaba acostumbrada a hacer lo que le daba la gana, ella escogía con quien y cuando follaba, que un chico le entrara por muy guapo que fuera no le gustaba nada, como ella decía era cazadora no presa, ella escogía y conseguía al que quería. Gabriel le gustaba pero no estaba dispuesta a que él sintiera que tenía el más mínimo poder sobre ella, ello conllevaba muchas horas hablando y poca “acción”, en más de una ocasión habían acabado follando cada uno con otra persona.

Se veían cada día, sabían dónde encontrarse y se buscaban, en uno de estos encuentros Marga le dijo que se iba al baño, Gabriel que ya estaba hasta las pelotas y no sabía qué hacer para conseguirla las siguió, entró con ella al baño y la empujó dentro de uno de los lavabos, se arrodilló y le metió la cabeza por debajo de la falda, le apartó las bragas y se tiró a comerle el coño, Marga no dijo nada, se agarró a su cabeza y levantó un pie apoyándolo encima del váter para abrir las piernas y dejar que hiciera lo que quisiera, se lo trabajó bien y consiguió hacer que se corriera, se levantó y le metió la lengua en la boca besándola con pasión.

GABRIEL: Loco, me tienes como un puto loco por ti, ¿vamos a tú casa a follar o te vienes a la mía?
MARGA: A la mía, mis presas a mi guarida.

Fueron a su casa, cerraron la puerta y allí mismo se desnudaron uno al otro como animales descontrolados, Gabriel la agarró por el culo levantándola, la empotró contra la pared y follaron hasta que ella se volvió a correr, él estaba dispuesto a aguantar sin correrse hasta conseguir que Marga lo hiciera varias veces, entró con ella encima al salón y la puso a cuatro patas en el sofá, se la volvió a meter hasta el fondo y le fue dando golpes fuertes y secos en el culo con su pubis sacándole un grito detrás de otro hasta que se volvió a correr. La puso de pie besándola.

GABRIEL: ¿Me llevas a tú cama o te vuelvo a follar aquí mismo?

Marga sonriendo le cogió de la mano y se metieron en su cama, esta vez se puso ella encima cabalgándolo poco a poco, se fueron excitando corriéndose los dos. Se besaron al acabar y a los cuatro días estaban viviendo juntos, pusieron sus normas y los dos estuvieron de acuerdo en la manera de llevar su relación.

En una cena que le invitaron Samanta y Víctor les dijo que les presentaría a alguien, al principio no le dieron mucha importancia, ya en alguna ocasión había llevado alguna otra chica y no pasaban de un par de meses juntos, pero esta vez le vieron algo diferente y acertaron, un tiempo más tarde eran una pareja estable, se casaron y Marga con Samanta se hicieron buenas amigas, seguramente por lo diferentes que eran.

***

A Víctor que su amigo le confesara que estaba liado con Cloe le sorprendió, que Gabriel estuviera totalmente enganchado a ella porque lo dominaba y él se sintiera su sumiso todavía más. Intentó convencerle de que tenía una buena relación con Marga y que no se fiara de Cloe, le explicó los comentarios que había tenido que aguantarle, que eran precisamente todo lo contrario de lo que estaba haciendo con él, que ella estaba loca porque él la dominara. Gabriel no quiso escucharlo, estaba encegado con Cloe y se estaba convenciendo de terminar la relación con Marga.

Aquella noche después de cenar y que los niños se fueran a la cama, Samanta y Víctor estaban muy preocupados por sus amigos, se daban cuenta que se estaba rompiendo la pareja y ellos no podían hacer nada. Víctor le confesó a Samanta la conversación con Gabriel, quien era la chica por la que había perdido la cabeza y el desenlace que podía tener aquello, como a él no le había caído bien Cloe desde el inicio, como Gabriel siempre creyó que no le caía bien porque le había quitado el sitio de socio y era lógico porque Víctor nunca le explicó a nadie sus conversaciones con Cloe, ni se las explicó a su mujer, pensó que lo único que conseguiría con ello es hacer dudar a Samanta y eso no lo podía permitir, él la quería como el primer día y la protegería de cualquier cosa que pudiera hacerle daño. Esa noche durmieron muy abrazados, como confirmando que ellos tenían algo muy fuerte que no se rompería nunca.

Invitaron a cenar a Marga el viernes, Gabriel había hecho las maletas y se había ido del apartamento hacía un par de días, la chica estaba destrozada, no entendía que le había pasado a Gabriel para abandonarla así en tan poco tiempo. Intentaron animarla pero que se le puede decir a una persona cuando está en esa situación, ellos tampoco entendían que le había pasado a Gabriel, como lo había tirado todo a la basura por estar con Cloe.

El lunes Víctor se entrevistó con Cloe por el tema del caso, ella se dio cuenta que estaba más serio de lo normal y sabía el motivo.

CLOE: ¿Estás serio por mi culpa?
VICTOR: No importa porque estoy serio.
CLOE: Supongo que ya sabes que tú amigo es mío.

Víctor no se pudo aguantar.

VICTOR: ¿Tuyo?, ¿qué quieres decir con que es tuyo?
CLOE: Bueno, ha dejado a su mujer por mí, ¿tú como lo llamarías?
VICTOR: Que una persona sin escrúpulos se ha metido en medio de su relación, así lo llamaría yo.
CLOE: Eh, eh, yo no tengo la culpa de que él la deje, yo no se lo he pedido.
VICTOR: ¿Porque no dejas de jugar con él?, a ti no te importa? ¿Por qué lo haces?
CLOE: Ven tú a mi casa y lo dejaré, seguro que volverá con su tierna mujer para pedirle perdón.
VICTOR: ¿Qué quieres que me separe yo?, ¿qué deje a mi familia por ti?, estás loca Cloe.
CLOE: Tú sabes que acabarás conmigo, tardarás más o menos pero acabarás conmigo.
VICTOR: Vete a la mierda.

Salió de su despacho muy enfadado, como podía hablarle así, acosarlo de esa manera. Se fue directo a hablar con Fernando, socio y su antiguo supervisor. La respuesta de Fernando no fue precisamente la que esperaba, le dijo que si se quejaba de que Cloe lo estaba acosando no estaría bien visto, que un abogado de su prestigio no supiera cómo gestionar algo así no decía nada bueno de él. Víctor no dijo nada, se encerró en su despacho y pensó, acabó la jornada y se fue a casa.

Samanta lo estaba esperando muy preocupada, había visto a Marga y la había encontrado muy mal, tenía miedo de que hiciera una tontería, estaba sorprendida de lo que llegaba a sentir Marga por Gabriel, siempre había pensado que su relación no era demasiado fuerte y se equivocaba, lo llevaban a su manera pero comprendió que su amor era tan fuerte como cualquier otro.

Víctor miró serio a Samanta.

VICTOR: Está bien, voy a hacer que Gabriel vuelva con Marga, espero no tardar mucho.

Samanta lo escuchaba sin entender nada de lo que le estaba diciendo.

SAMANTA: ¿Qué vas a hacer Víctor?
VICTOR: No te preocupes, si sale bien esta noche Marga estará otra vez con Gabriel.

Víctor se fue de su casa y Samanta no sabía si preocuparse o no, estaba claro que él tenía alguna información que no había querido darle. Confiaba en él como siempre había hecho y esperaba que todo saliera bien.

Víctor conducía para ir al caro apartamento de Cloe en el centro de la ciudad, sabía que se encontraría con Gabriel y sabía qué hacer para que volviera con Marga.

Llamó a la puerta y le abrió Cloe sorprendida, entró seguro de sí mismo haciendo que Cloe retrocediera sobre sus pasos, Gabriel estaba sentado en el sofá tomándose algo levantándose de golpe cuando lo vio.

GABRIEL: Víctor, ¿qué coño haces aquí?
VICTOR: Evitar que sigas haciendo el gilipollas, vete a casa por favor.

Gabriel miró a Cloe preguntándole con la mirada, no entendía lo qué pasaba.

CLOE: Lárgate, vuelve con tu amorcito.
GABRIEL: ¿Pero qué dices?

Cloe no le dejó ni respirar.

CLOE: Que te largues joder, ahora tengo a quien quería, agradécele a Víctor lo que ha hecho por ti.

Gabriel no sabía qué cara poner, que Cloe lo estuviera haciendo servir para atraer a Víctor no lo había visto venir, y eso que Víctor se lo había avisado, se dio cuenta de lo insensible que era Cloe, no dudó un momento en aprovecharse de él dejando incluso que se separara de su pareja para conseguir lo que quería. Por la manera que miraba a Víctor estaba claro que si por alguien sentía algo era por él. Gabriel se fue de aquel apartamento mirando a Cloe como si fuera el mismísimo puto demonio, fue como si le despertaran de un sueño de una ostia monumental, le hicieron poner los pies en el suelo de golpe y sin anestesia, se habían aprovechado de él como un tonto, se había dejado encegar por Cloe con cuatro caricias y unas cuantas folladas, se aprovechó para lo que quería y lo tiró sin miramientos. Entró en su coche y sin pensarlo dos veces fue a buscar a Marga.

Víctor se quedó de pie con Cloe delante.

Cloe sabía que Víctor no estaba cómodo, él no tenía idea de lo que ella esperaba y le dio un poco de margen. Víctor entró y se sentó en el sofá, Cloe lo siguió y fue a decirle algo…

CLOE: Mira Víctor…
VICTOR: ¿Tú no eres mi sumisa?, pues cállate la puta boca y siéntate delante de mí en el suelo.

Cloe no dijo nada, por su interior una sonrisilla le decía que Víctor sabía comportarse mejor de lo que esperaba el primer día, se sentó en el suelo con la cabeza baja. Víctor había pensado en una estrategia, si Cloe quería que fuera su amo, lo sería, pero no como ella se esperaba, lo sería para no hacer nada, la tendría sentada delante de él en el suelo como una perra, no le pediría nada, no le haría hacer nada, solo estar allí en silencio, él creía que haciéndole eso ella se acabaría aburriendo.

Pero Cloe no era tan fácil, ella se dio cuenta lo que Víctor pretendía y le seguiría el juego. Estuvo una media hora sentado sin decirle nada, se levantó y pasó por el lado de Cloe sin mirarla, se acercó a la puerta de entrada.

CLOE: Mañana te espero por la tarde.
VICTOR: No te he dado permiso para hablar ni moverte, mañana vendré si quiero, tú sí que tienes que estar aquí por si me parece bien pasar.

Abrió la puerta y se fue, Cloe se levantó del suelo y se metió en la cocina para prepararse algo de cenar, estaba contenta, había sido el primer contacto con Víctor, no fue como ella esperaba pero sabía que tenía la fuerza de voluntad y paciencia para aguantar el tiempo que hiciera falta. Por otro lado veía muy claro que Víctor era el hombre, era quien necesitaba.

Víctor llegó a su casa antes de la cena, Samanta lo miró desconfiada y no le dijo nada porque sus hijos estaban delante, esperó a cenar y que los niños se fueran a dormir. Cogió a su marido de la mano y lo sentó en el sofá preocupada, necesitaba que le explicara que había pasado.

SAMANTA: ¿Qué has hecho Víctor?, Marga me ha llamado, Gabriel se ha presentado en su casa y se ha arrodillado delante de ella para pedirle perdón. Le ha explicado toda la historia y le ha dicho que a quien quiere esa tía es a ti. Dime algo porque me tienes atacada.

VICTOR: No te preocupes, no ha pasado nada. He ido a su apartamento y le he hecho ver a Gabriel que ella no le quiere, solo se estaba aprovechando de él.
SAMANTA: Porque te quiere a ti, ¿no?
VICTOR: Está mal de la cabeza, quiere que yo sea su amo, su amo, te lo imaginas, como si fuera una perrita. Me he quedado con ella un rato, le he dicho que se sentara en el suelo y se callara, no le he dicho nada ni hecho nada, esperaré que se arte de la situación y se acabó.
SAMANTA: ¿Su amo?, ¿pero qué coño es eso?
VICTOR: Y yo que sé, ya te digo que está mal de la cabeza.
SAMANTA: Tengo miedo Víctor, no la vayas a ver más por favor.
VICTOR: Tengo que hacerlo y que se dé cuenta que no tiene nada que hacer conmigo, la voy a tener cada día igual, sentada en el suelo y sin hacerle ni caso, en algún momento se cansará y nos dejará tranquilos.
SAMANTA: No lo sé, me está dando mucho miedo esto.

Samanta intentaba entenderlo, ¿como alguien podía comportarse de aquella manera?, si Víctor le había dicho que la dejaba sentada delante de él sin hacerle nada lo creía, siempre habían sido sinceros uno con el otro y no tenía por qué dudar de él.

Subieron a su habitación, Samanta se quitó la ropa para ponerse el camisón de dormir, Víctor se desnudó y miró a su mujer, le pareció que estaba preciosa, que era como los buenos vinos que cuanto más tiempo pasaba mejor estaba. Se acercó a ella por la espalda y la rodeó con sus brazos, Samanta suspiró al sentir los fuertes brazos de su marido que la rodeaban, entre abrió la boca al notar como sus manos se deslizaban por su piel agarrándole un pecho, como lo amasaba y le acariciaba el pezón, gimió, tenía ganas que él la abrazara, la tocara, sentirlo suyo, lo había pasado muy mal aquella tarde pensando que él estaba con ella, con esa chalada que estaba dispuesta a meterse en su matrimonio. Víctor la estrechó acariciándole las tetas y besándole el cuello desde atrás, la llevó hasta la cama y se estiró encima de ella, la besó con dulzura, le recorrió el cuerpo con la lengua chupándole y lamiéndole los pezones, luego siguió bajando la lengua hasta metérsela en medio del coño, se lo comió sabiendo por donde tenía que pasar y donde presionar con la lengua, le hacía gemir sin parar, volvió a subir la cabeza y la besó con pasión, le colocó los brazos por encima de la cabeza y le sujetó las manos con una suya, con la otra se agarró la polla y se la metió en el coño, Samanta dio un pequeño grito de placer y Víctor se empezó a mover encima de su mujer follándola con fuerza. A Samanta siempre le había gustado que él la dominara, que la sujetara con fuerza mientras la embestía con aquel cuerpo, ella abría todo lo que podía las piernas y se dejaba llevar por la pasión y el placer. Víctor sujetaba a su mujer por las muñecas mientras movía las caderas adelante y atrás o le daba vueltas, notaba como el coño de Samanta se mojaba cada vez más y como sus gemidos se convertían en gritos, el cuerpo se le movía tensándose y eso era señal de esta a punto de llegar al orgasmo. Samanta notaba la polla de su marido llenándole el coño, se movía con fuerza dentro de ella provocándole mucho placer, se le tensaba la espalda y no podía para de gritar, un gran orgasmo le subía y se abandonaba a él, de pronto escuchó a Víctor como gruñía, era el preámbulo de una buena corrida que no tardó en notar con el primer lechazo en su vagina. Se corrieron los dos juntos, se besaron y se abrazaron demostrándose que nada había cambiado entre ellos.

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