ANTONIO LÓPEZ VALLEJO

Amanece, y las calles, hoy como ayer, están vacías, ausentes de la vida que las recorría y daba sentido. Las escaleras que se deslizan junto a mi casa echan en falta las carreras atropelladas de los niños, sus risas y sus gritos excitados de camino a un colegio hoy cerrado, de aulas vacías y frías, de pupitres huérfanos. Están tan solos los recreos como las puertas de este pueblo blanco, montañoso y centenario, donde ya no se ve a Manuel afanándose cada mañana en colgar de su fachada las jaulas con chamarices y canarios que, soñando con cielos más amplios, le cantan a la soñada libertad; tampoco se ve a Dolores, a cuestas con su cubo de agua a medio llenar, baldeando su puerta y espantando la soledad; falta la vida en estas calles donde se han visto en los últimos días tormentas, vendavales y cielos plomizos como guardianes de este cautiverio impuesto, que va alargándose y corriendo por delante nuestra como un horizonte escurridizo.

Las higueras y los parrales reverdecen extrañados por la falta de vida bajo su sombra, así como los perros callejeros, con su carga de pulgas y desamparo, caminan sin rumbo ni meta, añorando sobras y caricias, sobrecogidos al verse dueños de unas calles sin presente, silenciosas y mustias.

Dentro de casa, si se mira mucho hacia fuera, las paredes se estrechan y los cuartos se espesan, por eso es tiempo de mirar más hacia dentro, tiempo para estar en casa, ventilar habitaciones y retomar soledades. Aquellas soledades que solían reconfortarnos junto a un libro, una manta y un vaso con vino o con agua; las soledades que llenaban cuadernos y diarios, que imaginaban cuentos, que trazaban líneas y curvas, coloreando dibujos que hacían crecer los sueños y agrandar el alma; esas soledades que nos redescubren fogones, ollas, sartenes y cazos donde se mezclan sabores, olores, texturas y colores, convirtiendo el fruto en guiso y el tiempo en experiencia.

Desde el sillón de la tarde, donde se busca la siesta, es tiempo de mirar para dentro, de reconciliarse con uno mismo, tiempo para tomarle la medida a nuestros miedos y reencontrarnos con los sueños y anhelos que nos dieron sentido y rumbo, tiempo para estar con uno pero con la mirada siempre puesta en los otros, en la vida que vendrá, que llenará de nuevo las calles y las aulas, que nos encontrará más despiertos y preparados para un nuevo presente aún por escribir.

https://antoniolopezvallejo.wordpress.com

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