SARA LEVESQUE

Ayer recapitulé, a través de la niebla de los recuerdos, cómo te reías con tu perfecta hilera de dientes, sin ningún pudor. Cómo masticabas despacio, saboreando la comida, igual que saboreabas la vida según la descubrías. Cómo me hacía reír el bigotito que te pintaba la cerveza.

Cómo todas tus palabras eran lentas y firmes, igual que las pulsaciones de un metrónomo. A mí me servían para ordenarme. Cómo la primera vez que me miraste, me caí de boca en tus ojos. Logré levantarme, pero sigo intentando hallar la salida. Es mentira, en realidad no quiero irme de ti.

Cómo, a veces, pretendías ocultar tu sonrisa traviesa sin conseguirlo, y yo me alegraba de tu fracaso. Cómo tu voz, tan cercana y serena como tú, me llenaba de tranquilidad, sabiendo que todo saldría bien. Cómo podíamos acabar con todas las palabras de cualquier idioma, charlando sobre lo interesante o absurdo que nos parecía cualquier cosa… Cómo, sin tú querer, me ayudaste a creer en el Amor.

Mi conclusión es que eres maravillosa. Y si no lo sabías, ya te lo digo yo. ©

Un comentario sobre “Niebla

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