AKUARIES

Cloe se duchó orgullosa, había conseguido lo que quería, que Víctor la viera como se follaba al monitor. Se había criado sin padres de orfanato en orfanato hasta que una familia pudiente la adoptó, tenía problemas para adaptarse a la vida de la gente “normal”, y una de sus salidas fue el sexo. Cuando sus compañeras de estudios se fijaban en compañeros uno o dos años mayores a ella le gustaban bastante más maduritos.

Estudiaba en un colegio caro de pijillos que le hacían ir con uniforme que llevan una faldita de cuadros, en aquel tiempo se le metió en la cabeza el tutor de su clase, el profesor de ciencias, un hombre casado y con hijos con un bagaje en la enseñanza impoluto, todo el mundo lo consideraba un buen profesor y muy serio.

Una tarde esperó que todos los alumnos salieran del colegio, se acercó a una esquina donde nadie la veía, se levantó la falda y se hizo una raspadura desde la cadera hasta la parte frontal de el muslo que sangraba un poco. Volvió a entrar en el colegio y fue al despacho de tutor, abrió la puerta de golpe llorando y gritando pegándole al pobre hombre un susto del copón, le dijo que se había caído y que le dolía mucho, el profesor con buena fe la acompañó al botiquín, un cuarto apartado del paso de la gente sin ventanas, había una camilla y un armario con las cuatro cosas típicas para curar alguna herida, vendas, alcohol, agua oxigenada, tiritas y cosas así, Cloe se estiró en la camilla.

PROFESOR: ¿Es un golpe o una herida abierta?

Ella se hacía la nerviosa y desesperada.

CLOE: Abierta, abierta, sangraba y todo.

El profesor con buena intención mojó un poco de algodón con agua oxigenada y se acercó a ella, esperó que el profesor estuviera a su lado y se levantó de golpe la falda por encima de la cintura enseñándole la herida y las bragas, el profe pegó un salto de la sorpresa, no sabía qué hacer, si no la curaba alguien podría decir que no quiso ayudarla, y si lo hacía tendría que pasar el algodón acercándose a ciertas partes de una alumna que tampoco estarían muy bien vistas.

Cloe le cogió la mano y la acompañó hasta su cadera donde empezaba la herida mirándole a los ojos, el profe se empezó a poner nervioso, ella misma hizo que el algodón que sujetaban sus dedos contactara con su piel herida, dejó ir como un gemido abriendo las piernas un poco para que el profesor se enterara bien de lo que tenía allí, consiguió que sus ojos se clavaran en la entrepierna, acariciándole la mano la fue bajando por la herida hasta encontrarse con las bragas, pegó un tirón de ellas y se las bajó a medio muslo abriendo un poco más las piernas, los ojos del profesor se abrieron como platos mirándole el coño, al no reaccionar ella sabía que lo tenía donde le convenía, siguió con su mano encima de la suya bajándola con el algodón por encima de la herida hasta el final cerca de la ingle, le miró a los ojos y en un movimiento dejó caer el algodón al suelo y se metió dos dedos del profesor en medio del coño, él la miró y ella se le tiró a comerse su boca a la vez que le agarraba el paquete, el pobre tío tenía un calentón encima de puta madre, Cloe notó su polla tiesa, él le frotó el coño con los dedos y ella le desabrochó el pantalón bajándoselo con los calzoncillos haciéndole una paja, el profesor perdió la cabeza, le estiró de las bragas quitándoselas, se subió a la camilla y Cloe abrió las piernas, se tiró a comerle el coño con ella gimiendo exageradamente para ponerlo más caliente si se podía, totalmente salido de excitación se agarró la polla y se la metió hasta el fondo, ella levantó las piernas rodeándole la cintura y él agarrado a la camilla la empotró con toda la fuerza que pudo hasta correrse fuera haciéndose una paja, a ella no le dio tiempo a llegar al orgasmo. El se bajó sentándose en el suelo con las manos en la cabeza, era consciente del error que acababa de cometer, ella se levantó, recogió sus bragas, se las puso y le tocó la cabeza como el que acaricia un perro antes de irse con una sonrisilla.

El profesor estaba asustado por lo que había hecho, la podía haber dejado embarazada, sería el final de su carrera como profesor. Por otro lado ella estaba contenta de haberlo conseguido y no había acabado con él, aquella misma semana volvió a presentarse en su despacho después de las clases, el intentó hacerse el adulto hablándole serio.

PROFESOR: Lo que pasó el otro día no puede volver a repetirse, cometí un error y te pido disculpas.

Cloe hizo como que no le escuchó sacando una caja de condones tirándosela encima de la mesa, él abrió los ojos mirándola, no se podía creer que ella hiciera eso.

CLOE: El otro día solo te corriste tú y eso no es justo, ¿quieres hacerlo aquí o vamos al botiquín?

El profesor la escuchaba atónito.

PROFESOR: Es que no has oído nada de lo que te he dicho, no se puede volver a repetir.
CLOE: El que está sordo eres tu cabrón, iré llorando al despacho del director diciéndole que me has violado, a ver qué le parece.
PROFESOR: Vamos Cloe, yo admito el error, pero una violación sabes que no fue.

A Cloe le cambió la cara saliéndole lo peor de ella, apoyó las manos en la mesa acercando la cabeza al profesor.

CLOE: ¿Me follaste, o no me follaste?, porque mientras lo hacías no te noté ningún arrepentimiento, te sujetabas fuerte a la camilla para metérmela hasta el fondo, y los gemidos y gritos que pegabas no eran precisamente de estar pasándolo mal.

El la miraba sorprendido de la mala leche de Cloe sin saber que decirle.

CLOE: ¿Me follas aquí o en el botiquín?

El seguía sin decir nada y Cloe empezó a quitarse la chaqueta.

PROFESOR: En el botiquín.

En aquel despacho era fácil que los pillaran y él lo pensó, igual que intentaba darle vueltas a su cabeza para encontrar una solución, una alumna le estaba chantajeando y eso no podía ser. Entró Cloe, dejó que el pasara y cerró la puerta con el pestillo, se acercó a él y sin darle tiempo a abrir la boca se arrodilló delante desabrochándole el pantalón, le bajó la cremallera sacándole la polla y se la empezó a mamar con fuerza, él estiró sus manos para atrás sujetándose a la camilla temblándole las piernas, otra vez se estaba dejando llevar por ella, parecía que cuando le tocaba la polla se le desconectaba el cerebro no pudiendo pensar, se excitaba y estaba a su merced sin poder evitarlo, Cloe le había puesto la polla tiesa a base de chupadas y succiones, paró y se levantó.

CLOE: Estírate en la camilla.

Se lo dijo de forma seca y autoritaria, mientras él lo hacía ella rompía el envoltorio de un condón, cuando se estiró se lo puso, se quitó las bragas y se subió encima metiéndose la polla despacio, se empezó a mover mirándole a los ojos.

CLOE: Que no se te ocurra correrte antes que yo.

El profesor obedecía aquella voz autoritaria y segura quedándose quieto para no excitarse y correrse antes de tiempo. La que se movía cada vez más violentamente sujetándose a la camilla como había hecho él el día anterior era ella, se movía adelante y atrás con tanta fuerza que sonaban los golpes de sus cuerpos, él cerraba los ojos y la boca intentando aguantar. Cloe sentía como le empezaba un fuerte placer en su coño que le recorría el cuerpo subiendo.

CLOE: Córrete, córrete ahora, ahora.

El profesor que estaba en las últimas se dejó ir llenando el condón a lechazos, Cloe se corría con los ojos cerrados, de pronto los abrió y al verle la cara levantó una mano descargándola en la cara del profesor abofeteándolo, él se sorprendió moviendo el cuerpo dándole más placer a Cloe que volvió a pegarle otra ostia, con la intención de esquivarlas el profesor se movía en la camilla y a Cloe le volvía a subir el calor y el gusto, se excitó tanto que volvió a correrse pegándole a los brazos del profesor que había puesto por delante para no recibirlos en la cara.

Cloe se bajó de la camilla, se puso las bragas, le acarició la pierna y se fue sin decir nada. El se quedó estirado con el condón lleno de leche, de aquella manera no podía seguir o ella se lo follaría o le obligaría a follársela cada vez que le diera la gana, ya le costó disimular delante de su mujer la primera vez, si aquello se convertía en algo normalizado no podría soportarlo.

El profesor hizo algo que Cloe no tenía previsto, se reunió con su padre y armándose de valentía y sinceridad se lo explicó todo, el padre de Cloe que ya la conocía y sabía hasta donde era capaz de llegar para conseguir lo que quería le creyó. La sacó de aquel colegio al instante y la metió en un internado en el extranjero esperando que alguien pudiera “domarla”.

A Cloe el internado le sirvió para varias cosas, aprender varios idiomas, iniciarse y acabar siendo una experta en darle placer a otras chicas, follarse a todo hombre que aparecía por allí, el jardinero, algún profesor y cualquiera que se acercara y ella pudiera “cazar”, y también para salir licenciada en derecho.

No quiso volver a su casa con la familia, se había acostumbrado a controlar su vida a su manera y creyó que en una gran ciudad como Paris pasaría más desapercibida. Después de dos meses sin preocuparse de buscar trabajo estaba viviendo de lo que su padre le enviaba de dinero. Trabajo no buscó pero si conoció algunos locales nocturnos donde conoció todo tipo de gente, rara era la noche que no acabara en la cama de alguien o acabaran en la suya.

De todo ese grupo de gente variopinto con la que mejor se llevaba era con una chica, Paola, una italiana que hacía de modelo en una galería donde enseñaban pintura y se codeaba con gente del arte, sexualmente era muy parecida a ella, muy liberal y una cazadora implacable de hombres o mujeres, no podía tener una pareja estable, la última que tuvo fue otra chica italiana que la enganchó en su casa en una orgía y la quería matar.

Con ella tuvo una de las primeras experiencias en Paris, las orgías multitudinarias, no tres o cuatro personas no, de diez para arriba. Supo lo que era tener a cuatro o cinco personas pendientes de ella para lamerla, chuparla, darle placer a la vez, y como no, follar por todos lados, las dos podían estar horas follando, eran insaciables sexualmente.

Su padre que hablaba con Cloe de vez en cuando pensó que ella sola en una ciudad tan grande seguro que se distraería con otras “cosas”, habló con su abogado, amigo suyo que tenía un bufete muy grande y había abierto no hacía mucho tiempo uno en Paris. De esta manera Cloe empezó a trabajar en el bufete.

Nunca fue una abogada que dedicara mucho tiempo a sus casos trabajando en ellos, pero si era inteligente, valiente en tomar decisiones y no dudaba en utilizar todo lo que tenía a mano para ganar sus casos, legal o ilegal, se fue ganando la fama de buena abogada por los casos que ganaba y fuera del trabajo seguía con su frenética actividad sexual, cuando ella pensaba que lo conocía todo le presentaron a una persona “especial”, Sebástien.

Su primera impresión cuando se lo presentaron era de estar delante de un hombre apuesto, extremadamente educado y bastante más mayor que ella, eso le había puesto siempre cachonda y aquel hombre parecía tener todas las cualidades para atraerla, estaba de buen ver, vestía bien y desprendía una seguridad en él mismo tremenda. Tomaron algo sentados hablando de diferentes temas y él consiguió que Cloe le fuera cogiendo confianza en tiempo record.

Sebástien se dio cuenta muy pronto que Cloe le estaba tirando la caña, los tejos y todo lo que tenía a su alcance para llevárselo a la cama, no le costó mucho entrar en una conversación sexual a la que ella no renunció. Cloe se sentía tan cómoda y natural hablando con él que se le sinceró bastante.

CLOE: Sí, es verdad que estoy intentando desde hace rato sacarte de aquí, ¿lo que no sé es si tú estás interesado o no?
SEBASTIEN: Podría estarlo, pero no creo que esta noche estés preparada.

A Cloe le pareció un poco chulesco que le hablara así.

CLOE: A lo mejor eres tú quien no estás preparado para estar con una mujer como yo.
SEBASTIEN: No lo has entendido, tú estás aquí con otras expectativas de las que yo te hablo, hoy consigue lo que estás buscando con otra persona y cuando quieras me llamas o pasas a visitarme y hablaremos de otras cosas.

Se levantó y le entregó una tarjeta con sus datos para poderlo localizar, a Cloe le impactó que fuera el primer hombre que poniéndoselo tan fácil provocándolo no callera en sus redes, guardó la tarjeta en el bolso con curiosidad sobre aquel personaje que se despidió educadamente dándole la mano.

Una mañana ganó un pleito complicado y tenía el resto del día libre, estaba en su despacho limpiando con su secretaría la documentación para archivarla y pensaba en que ocupar el resto del día, se acordó de la tarjeta que le entregó aquel hombre apuesto y misterioso. Cuando se quedó sola lo llamó, él le dejó escoger donde podrían verse, de las diferentes opciones estaba su casa que fue la que escogió ella, quería follárselo y para que estar perdiendo el tiempo.

Después de almorzar cogió un taxi que la llevó a su casa, una especie de palacete, Cloe miró el pequeño jardín delantero al través de los barrotes de una verja, buscó el interfono llamando, la puerta se le abrió y fue hasta la entrada de la casa que se abrió cuando estaba a punto de llegar, allí estaba Sebástien vestido con un pantalón elegante y un polo, se saludaron y cuando ella pensaba que le iba a dar dos besos la sorprendió dándole un piquito en los labios, pensó que había empezado mucho mejor de lo que se esperaba. Le hizo entrar con educación y la invitó a un té, sentados en unos butacones volvió a salir el tema sexual.

SEBASTIEN: Dime Cloe, ¿has venido con la intención de mantener relaciones sexuales?
CLOE: Yo no lo habría dicho tan fino como tú pero está claro que sí.

El le sonreía con total tranquilidad, Cloe pensó que tal vez era uno de esos tíos impotentes que le gustaba mirar como otros follaban delante de él.

SEBASTIEN: ¿Lo has hecho alguna vez con los ojos tapados?
CLOE: Una vez en el internado con una compañera de habitación.
SEBASTIEN: Debes de confiar mucho en la otra persona para hacerlo, déjame enseñarte otra manera de disfrutar del placer, confía en mí esta tarde y pruébalo.
CLOE: ¿No me harás daño, no serás un sádico que disfruta con el dolor de los demás?
SEBASTIEN: Te prometo que lo único que haré será darte placer.

Se miraron a los ojos y Cloe vio la misma mirada de confianza que cuando lo conoció.

CLOE: De acuerdo.
SEBASTIEN: Ponte de pie por favor.

Cloe se levantó con la curiosidad de saber donde llegaría aquello.

SEBASTIEN: Quítate la ropa y quédate en ropa interior.

Ella lo hizo en silencio, delante de él sin prisas, se quitó el vestido, se iba a quitar los zapatos de tacón.

SEBASTIEN: Los zapatos déjatelos puestos.

Cloe estaba de pie en sujetador y bragas a conjunto y él sentado mirándola, fijándose en cada detalle de su piel, le hizo un gesto para que se diera la vuelta al que Cloe obedeció, giró la cabeza para ver como él la miraba por detrás. Sebástien se levantó y se acercó rodeándola con sus brazos a la altura de la cintura, le besó el cuello delicadamente y le susurró al oído.

SEBASTIEN: Confía en mí y sentirás un placer nuevo para ti.

La cogió por la cintura y la acompañó al lado de un gran sofá, de un cajón de un mueble cercano sacó unas esposas y un antifaz para taparle los ojos, con delicadeza la arrodilló en el sofá aguantándose con los antebrazos encima del respaldo, pasó por el otro lado y le puso las esposas, volvió a colocarse detrás de ella y le colocó el antifaz haciéndose la oscuridad para Cloe. Tuvo que intentar saber lo que pasaba por sus otros sentidos, notó como el sofá se hundía detrás de ella y el cuerpo de Sebástian que se juntaba al suyo por la espalda, le besó y lamió el cuello a la vez que su mano le acariciaba la piel, debía estar desnudo porque notaba la piel de su pecho en la espalda, Cloe se dio cuenta que le tocaban el sujetador y le cayó sobre sus brazos, algo le rozaba la piel, podía ser un dedo de Sebástien, que se la iba recorriendo de un lado para otro, le pasaba por encima de los pezones sintiendo un escalofrío que se los ponía duros, muy duros en realidad, otro contacto le subía por una pierna, se le acercaba al culo y cuando estaba a punto de tocarlo le daba la vuelta por las caderas, le seguía el contorno de las bragas y no acababa de tocar donde ella más deseaba, calculó que debían ser dos dedos de él, uno lo movía por sus tetas y alrededores y el otro dándole vueltas al culo, le rozaba los pezones y la goma de las bragas, Cloe deseaba que se las arrancara, que la penetrara y se la follara, pero él parecía no tener prisas, no supo el tiempo que estuvo así, le pareció mucho, una eternidad, estaba muy excitada y cachonda, con la boca entreabierta respirando lenta y profundamente. De pronto las bragas le apretaban en la cintura y escuchó el ruido de tela rompiéndose sintiéndose liberada de ellas, se las había arrancado, le agarraba las tetas con fuerza, casi en el límite de hacerle daño, creyó que debían sus dedos que le subían por el medio de los muslos, llegaron al coño y suavemente se los fue introduciendo, estaba muy mojada desde hacía rato, los dedos resbalaban por su coño y las tetas se las apretaban, sentía un placer extraño mezclado con dolor, un dolor suave que le invadía el cuerpo. De golpe aquellos dedos que le recorrían el coño con cierta suavidad dándole placer se introdujeron en su vagina con velocidad haciéndole dar un grito enorme, la mano que le amasaba una teta se aflojó y le agarraron el pezón, seguramente con dos dedos, apretándoselo, se le mezclaba el placer de los dedos dentro de su coño y el dolor en sus pezones, tensó la espalda, los dedos que tenía dentro se movían sabiendo cómo hacerlo, le proporcionaban un placer muy intenso, un placer que le estaba subiendo mezclándose con el dolor, creía que no tardaría en correrse, estaba a punto y le soltaron el pezón para darle un buen cachete en el culo, un golpe seco y fuerte, de los que picaban, el cuerpo le dio un espasmo levantando la cabeza abriendo la boca y empezar a tener un orgasmo que le hacía gritar una barbaridad, cuando parecía que le iba a bajar, los dedos se volvían a mover dentro de sus entrañas tensándola de nuevo y otro golpe en el culo que le volvía a hacer gritar sin saber si era de placer o del daño que le hacían aquellos cachetazos, pero ella se corría y lo hacía muy fuerte, el placer le recorría todo el cuerpo y le salía por la boca en forma de gritos, no recordó el tiempo que la mantuvo en aquella situación, parecía un orgasmo eterno que no se acababa nunca, cuando le bajaba un poco sabía cómo volver a tenerla a punto, también perdió la cuenta de los golpes que le dio en el culo.

Cuando acabó y se separó de ella dejó caer la cabeza apoyándola en el respaldo el sofá, recuperándose, estaba destrozada. Escuchó como Sebástian debía estar vistiéndose, le quitó la máscara de los ojos y le soltó las esposas. Muy amablemente le ayudó a ponerse de pie y a vestirse, la invitó a un té y se sentaron en unos sillones, ella notaba un poco de dolor en el culo de los golpes recibidos pero lo aguantaba. Sebástian le preguntó si le había gustado, que le explicara como lo había vivido, entablaron una conversación de todos los detalles de lo que había pasado aquella tarde, cuando se despidieron, él le besó la mano.

SEBASTIEN: ¿Volverás?
CLOE: Por lo que me has dicho, esto solo ha hecho que empezar.
SEBASTIEN: Así es, pero tú decides si quieres seguir o no.

Cloe le miró a los ojos haciéndose la interesante y se fue, Sebástien sabía que volvería.

Y claro que volvió, sus visitas cada vez eran más seguidas, entendió donde Sebástien la estaba metiendo, en un sexo de confianza, ella la ponía toda en él sabiendo que siempre miraría por darle placer, un placer diferente, mucho más intenso. Se lo daba cuando quería y como quería, él sabía el mejor momento, Cloe se convirtió en su total sumisa, aquella casa se convirtió en un pequeño paraíso para ella, su amo la guiaba, la amaba, la castigaba, la mezcla de dolor y placer era más intenso a medida que pasaba el tiempo, era como aquel pajarillo que le dejan la jaula abierta y no quiere salir, dentro lo tiene todo, se siente protegido y feliz. Sexualmente estaba tan llena y satisfecha que ya no buscaba follar con otros, le parecía demasiado flojo, sin aliciente.

Cloe en un bar conoció a un hombre muy atractivo, lo primero que pensó es que ese macho tenía que probarlo, follárselo y disfrutar de él, entablaron conversación y a los veinte minutos estaban en el lavabo encerrados, el hombre le puso ganas y a ella no le pareció que fuera mal amante, al revés que en otro momento se podía haber corrido unas cuantas veces y volver a quedar con él para repetirlo. Pero ese día se dio cuenta que había dado un paso adelante sin retorno, el sexo para ella ya no sería lo mismo, necesitaba su paraíso y su amo, no se pudo correr y tuvo que ir a casa de Sebástien para que le quitara el calentón, él se enfadó, no por follar con otro, por no saber a aquellas alturas lo que le convenía, ya tenía que haber entendido que para satisfacerse necesitaba un hombre especial, alguien que la dominara, que le hiciera sentirse sumisa. Le impuso un duro castigo que Cloe aceptó y acabó teniendo uno de los orgasmos más intensos y largos de su vida. Definitivamente Cloe fue otra Cloe a partir de conocer a Sebástien.

Fue otra pero en su interior quedaba aquella chica inconformista y rebelde que siempre había sido, así que aprendió a buscarse placer de otra manera con los hombres que no tenían el carácter ni la habilidad para hacer que fuera su sumisa, los convertía a ellos en sumisos. Al principio alguno se fue asustado, pero pronto aprendió a conocer al que estaba más predispuesto y desechar a los que no le servirían por muy guapos que fueran. A veces desayunando sola en una cafetería se entretenía en mirar a los hombres de su alrededor intentando adivinar, este parece que sería un buen amo, este otro es sumiso seguro, a este mejor ni intentarlo porque saldrá huyendo. A base de prueba error fue conociendo a las personas y llegó un momento que pocas veces se equivocaba.

También supo aprovecharlo en el trabajo, ¿por qué no? pensó, el sexo es algo importante para la gente, se dio cuenta que uno de los socios de su bufete en París podía ser un buen candidato, y lo fue, aprovechó una comida de trabajo para hablar con él, se le insinuó y a media tarde entraban en su casa. Salvador era más mayor que ella, casado con varios hijos, lo fue calentando hasta tenerlo como una estufa, él intento besarla y ella le respondió con una buena ostia en toda la cara, antes que pudiera reaccionar le agarró el paquete, el pobre tío no sabía que pasaba, le acababan de pegar un ostión del quince y por otro lado le agarraban el paquete apretándole la polla dura como la tenía, se la pajeaba y le miraba a los ojos. Le hablaba con una voz muy sensual.

CLOE: ¿Quieres que siga?

Salvador no podía ni hablar bajando y subiendo la cabeza. Le desabrochó y bajó los pantalones y la ropa interior, le hacía una paja lenta mirándole a los ojos viendo su cara de placer, le puso la otra mano en los huevos y se los apretó sabiendo que le haría daño, el tío cambio el careto de placer por dolor y Cloe se metió su polla en la boca chupándosela volviendo a darle placer, le fue combinando una cosa con la otra adaptando lo que le hizo a ella la primera vez Sebástien, se lo folló cabalgándolo pellizcándole los pezones, Salvador tenía una erección como pocas veces se la había visto y se corrió como un animal. Cloe aprendió a correrse con el dolor de sus presas. Y supo como correrse cuando cazaba algún hombre que sabía que no encajaría ni como amo ni como sumiso, se lo follaba de manera enérgica, casi violentamente y cuando estaba a punto de correrse necesitaba ostiarlo para acabar, verles la cara de sorpresa y dolor por la fuerte bofetada hacía que pudiera correrse, evidentemente no lo volvía a ver más pero ya se había satisfecho en aquel momento.

Salvador sí que le sirvió, se dejó dominar por ella hasta el punto de separarse de su familia para ser su sumiso cuando a ella le daba la gana, su ascenso fue meteórico, tan rápido que fue la persona más joven en conseguir ser socia. Se fue de París volviendo a España después de años sin importarle lo más mínimo dejar a Salvador. De Sebástien no podía separarse, el vinculo era demasiado fuerte, se prometió que un par de veces al mes viajaría para encontrarse con él.

Cloe salió de París con todos los deberes hechos, sabía con quien tuvo que “competir” para ser la socia, tenía todo un informe de Víctor, había consultado por la red interna de la empresa varios casos importantes que había ganado y sabía que era bueno, muy bueno, vio varias grabaciones de los juicios y la manera que se comportaba, como hablaba, la seguridad que desprendía con aquel cuerpo. Estaba segura que Víctor era un macho dominante, que por educación y estar con su mujer seguramente lo tenía muy escondido, ella se cuidaría de buscárselo y sacárselo a flote, necesitaba a un hombre como él, que la dominara, la sometiera, que le diera el placer que solo con Sebástien fue capaz de sentir.

Un comentario sobre “El bufete de abogados (8)

  1. Tus relatos se están convirtiendo en una adicción querido autor, realmente sabes como tocar cada cuerda para hacer sentir a tus lectores que tu música es exclusiva, llevando al alma a sentirse cómoda leyéndote.

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