CAPITÁNTRUENO

Capitulo 4

Era muy pronto. El sol aún no se había decidido a salir, y Andrés ya llevaba levantado más de media hora.
Su cabeza parecía una montaña rusa, se aceleraba y paraba, daba vueltas, caía en vertical.
-Cariño, ¿ya estas levantado?
-Bueno días Elena. No podía dormir más.
-Me haces un café?

Elena tenía siempre un despertar muy dulce. Con su camisón casi transparente, dejaba entrever sus deliciosas tetas, aquellas que habían vuelto loco a Andrés, el día que las descubrió, porque ella nunca las exhibía, siempre las llevaba escondidas detrás de jerséis amplios y blusas anchas, con sujetadores que las oprimían.
Andrés dejó el café de ella sobre la mesa y se acercó a por el suyo, que ahora estaba delante de Elena, que se había sentado en la silla que antes ocupaba Andrés.
Elena le miró, y acerco su mano a la entrepierna de él. Andrés dio un respingo al notar la mano de ella, pero no se apartó. Elena le miraba desde abajo, esa mirada de “te voy a dar gustito”
Andrés, suspiró.
Elena deslizó su mano dentro del pantalón, y la polla de Andrés comenzó a tomar vida, a crecer.
-Cariño, Sara.
-Está durmiendo, es muy pronto para ella.
 Le dijo Elena mientras le acariciaba la polla.
Andrés se relajó, aun de pie, delante de ella.
Elena le miró, y se metió todo el rabo en la boca, solo ella era capaz de comerse la polla de Andrés de una tacada, entera. Le succionaba, le aspiraba, le llenaba de babas. La sacó, le pajeó.
-¿Anoche te hiciste una paja?
-¿Qué dices?
-No mientas mamoncete. Te lo noto
-¿Cómo me voy a hacer una paja?
-Mira así.

Y le meneó la polla, agarrándola entera con toda la mano.
-Eres un cerdo Andrés. Te pajeas y no te limpias.
-Si me limpié.
-¿Ves? Te pajeaste mamon. Te pillé.

Y siguió chupando y mamando. A la par que le meneaba el rabo.
Andrés cerró los ojos, concentrándose en no correrse. Ya que Elena quería guerra, guerra le iba a dar.
Agarró a Elena de los brazos y la colocó de pie, frente a él. Cogió su camisón, y tiró de él hacia arriba, sacándoselo por la cabeza.
Las tetas, enormes y preciosas de Elena, quedaron al aire. Eran grandes, algo caídas por el peso, con los pezones rosados de gran aureola, apuntando al cielo.
Andrés las miraba. Pero en lugar de ir a ellas, bajó las manos y le quito las bragas, no sin antes pensar que poco sexuales eran esas bragas. Ante él quedó el chochito de Elena, con el vello rasurado formando una tira finísima de pelitos.
La agarró con las manos por debajo de las axilas, y la sentó en la encimera de la cocina, le abrió las piernas, y hundió su cabeza entre ellas.
Elena suspiraba, jadeaba, aceleraba la respiración. Sabía que si le comía el coño, ya no había marcha atrás, ahora querría que se la follara.
Elena notaba como se mojaba. Notaba como le empezaban los temblores, se conocía, eso era señal de un orgasmo, de uno de los grandes.
Andrés también la conocía, y en cuanto noto que ella empezaba a temblar, acelero su lengua, apretó sus labios en su clítoris. Introdujo un dedo en aquel humedecido coño. Comenzó un frenético mete saca de dedo, a la vez que pasaba la lengua por cada milímetro de piel que hubiera en aquella cueva mojada. Succionaba para saborear aquel flujo.
Elena cerró los ojos, levantó el culo, apretó las piernas, atrapando a Andrés, y dando un gemido largo, ronco, estalló.
Un escalofrío recorrió su cuerpo, una corriente eléctrica que hizo temblar cada musculo. Y un gran chorro llenó la cara y la boca de Andrés.
Mientras le daban espasmos, Andrés supo que tenía que hacer. Se levantó y le metió toda la polla en su solo golpe. Haciendo tope al final de aquel agujero.
Ella ahora daba saltitos, ahogaba gritos, suspiraba. El empujaba, la sacaba, y volvía a empujar,
Elena notaba toda la polla de su hombre llenándola el coño. Era gorda, y le acariciaba las paredes vaginales. La embestía, empujaba, no hacia ruido, solo la follaba. Y cuando ella casi no podía más. Andrés la sacó, dejo el capullo dentro, la miró. Y con un golpe de riñones, embistió, dejándola dentro mientras se corría echando chorros de leche caliente en su interior.
Elena abrazó a Andrés con fuerza, le beso.
-Te quiero tanto mi amor
-Y yo a ti
-Quédate así un ratito
-Tengo que ducharme
-Un ratito cariño
-Tengo que….
-Un ratito
-Vale

Cuando Andrés se marchó. Elena se metió en el baño para ducharse. Se miró al espejo. Contemplo su desnudez y pensó:
-Pues estoy buena.
En otros tiempos, había vivido acomplejada por su pecho. Pero Andrés y sobre todo Raquel, la habían convencido de que tenía que darle más juego a su pecho. Raquel siempre le decía:
-Si yo tuviera esas tetas, este no se me habría escapado, y no tendías novio.
Ahora, veía aquellos días de noviazgo muy lejanos, muy felices. Ahora seguía siendo feliz, pero quizás le faltaba algo.
Se volvió a mirar en el espejo, se giró y mirando su culo, volvió a pensar:
-Estoy muy buena, si señora.
Después de ducharse, vestirse, despertar a Sara, arreglarla, después de todas las cotidianas tareas matutinas, se dio cuenta que no encontraba el teléfono, tenía el suyo, pero ¿y el otro?
Mensaje
-Andrés, ¿has visto mi móvil?
-Lo tenías debajo de la almohada anoche
-Ese no. El otro
-¿otro?
-Si pavo, el otro
-¿Tienes otro móvil?
-Imbécil, me lo dio la empresa para la que trabajo. Te lo dije
-Pues no sé.
-Déjalo, tío. Ya me llamo, o no sé.

-Vale.
Elena tecleó, y al rato, en el pasillo, sobre la mesa llena de fotos, entre ellas, apareció el teléfono.
-¿Cómo ha llegado aquí? Estoy fatal.
Y salieron de casa rumbo al colegio y a trabajar

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