MOISÉS ESTÉVEZ

Intentó zafarse de las esposas, el arte de burlar cerraduras, afición que
su padre le inculcó desde muy pequeño, aunque ese era el menor de sus
problemas.
Lo último que recordaba era haber sido atacado por la espalda con un
aturdidor eléctrico.
A pesar de que tenía los ojos bien abiertos, la oscuridad era absoluta,
pero no le hacía falta luz para saber con total seguridad de que se encontraba
en el maletero de un coche. Reducido y jodido el espacio en el que lo habían
metido – ¡Mierda! –
La obligada posición fetal dificultó sobremanera la liberación de sus
muñecas, sin embargo, tras varios intentos lo consiguió, rompiendo a sudar y
elevando su ritmo cardiaco. Hacía calor y empezó a experimentar una terrible
sensación de fatiga.
Comenzó a palpar como pudo lo que tenía a su alcance, buscando otra
posible cerradura que forzar y así intentar salir de aquel claustrofóbico lugar.
No tuvo éxito, y optó por quedarse quieto para recuperar algo de energía y
tranquilizar su alterada respiración, cuando sus sospechas se materializaron. El
automóvil arrancó e inició la marcha…

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