ALMUTAMID

No había follado pero estaba feliz como una perdiz. Tanto que cuando llegué a casa terminé haciendo contorsionismo en el baño antes de ducharme para comprobar si la polla me olía a coño. Al final a pesar de estar recien corrido terminé haciendome una paja con los ojos cerrados recordando todos los detalles de Viqui: su boca, su lengua, sus tetas, madre mía sus tetas con los pezoncitos duros, todavía podía sentirlos en mi lengua, pero sobre todo su chochito. Pasarme media película con la mano acariciando su vello púbico ensortijado con su carita pegada a la mía ya era incomparable con cualquier cosa que yo hubiera hecho antes, pero tenerla desnuda con sus piernas abiertas viendo como mi polla se frotaba contra su chocho a la vez que podía tocarle sus tetas ya era el éxtasis. Así duré lo que duré. Eso sí duré poco pero cumplí, porque mi polla aguantó dura hasta que ella terminó de frotarse. Aunque claro sobando culo y tetas como estaba ¿como no iba a tenerla dura?. Sólo echaba de menos haberle visto mejor el culo pero las posturas y el tamaño del coche no me dejaban muchas opciones. Aun así la visión de mi polla encajada entre sus piernas asomando sobre su vello púbico fue suficiente para correrme con mi paja en el baño y acostarme más relajadito todavía.

El domingo por la tarde volví a la residencia. Pero ya no iba tan ilusionado. Estudiaba a más de 200km de la chica con la que mejor me lo estaba pasando y que abría mis esperanzas de progresar en el sexo. Por eso llegué algo tristón y por supuesto a nadie, ni a Víctor, ni al bocazas de Óscar, y evidentemente a las chicas les conté la causa de mi melancolía. Aunque el ansia masculina de fardar de conquistas me hizo perder la discreción con los compañeros del equipo de fútbol sala presumiendo de conquistas en las duchas. Confiaba en que no saliera de allí lo de mi novieta.

Aunque como oficialmente Viqui y yo estábamos saliendo mis rutinas cambiaron en la residencia pues la llamaba con cierta frecuencia y le mandaba mensajes. Lo que no cambió fue mi fascinación por Claudia. A pesar de mis éxitos recientes no podía evitar desearla y verla como una diosa imposible a mi alcance. Tan cerca y a la vez tan lejos. Y lo peor, ella tan confiada en nuestra amistad mientras yo ni le había contado que tenía novia y seguía suspirando por ella. Además las circunstancias no me ayudaban, semanas sin ver a Viqui y el encendido de la calefacción de la residencia. Yo vivo en una ciudad de clima templado donde en invierno te mueres de frío en las casas. En la residencia con la calefacción puesta hacía más calor que en mi casa en verano. Y tan mal distribuída que te cocías en las habitaciones y el comedor pero te congelabas en el baño. ¿Y por qué cuento ésto? Porque Claudia volvió a dejar las sudaderas y se paseaba delante mía de nuevo con camisetas de verano ajustadas y sus pechos libres con su forma perfectamente marcada. Creo que me pilló más de una vez embobado mirándolos cuando quedábamos a estudiar en algún dormitorio.

Al menos algo me tranquilizaba. Víctor y Lourdes habían hecho muy buenas migas y quedaban o quedábamos muy seguidos por las tardes para estudiar disipando mis estúpidos celos por su cercanía a Claudia. Yo no me aclaraba. Echaba de manos a Viqui y a la vez sin remordimiento alguno deseaba a Claudia. Y mientras María y yo parecíamos haber superado nuestra crisis por mi osadía. Yo estaba menos salido quizá, o la palabra adecuada sea necesitado, como para forzar situaciones como aquella y ella seguía en su mundo de chicas que esperan al príncipe azul. Pero fuese como fuese pasaban los días en la residencia…

El efecto “Viqui” sólo me aplacó durante unos días. Pero el cálculo del tiempo que me faltaba para volver a mi ciudad de nuevo me encendió. Y me sorprendí masturbándome silenciosamente en el baño una madrugada. Lo peor era mi lío mental donde con los ojos cerrados mezclab mis recuerdos de Viqui, de su cuerpo, su piel, su olor, su sabor, sus gemidos provocados por mí…con los pechitos puntiagudos de Claudia marcados en su camiseta. Incluso alguna visión fugaz de la cara de asombro de María ante mi falo portentoso a escasos centímetros de sus ojos.

Sin embargo todo se había rutinizado, incluso mis calentones. Externamente yo seguía igual, en mis clases, mis desayunos y cafés con las chicas de la facultad, mis cenas con Víctor y Claudia, mis entrenamientos. Quizá lo único que había cambiado era mi relación con Óscar. Desde la ocurrencia de Claudia de poner el calcetín en la puerta y gemir mi compañero de dormitorio me trataba con menos desdén. Eso y la marcha del equipo en la liga. Una facultad tradicionalmente femenina tenía a su equipo en los primeros puestos de la liga universitaria con 3 pardillos en el equipo. Y es que de mis 5 minutos iniciales en el primer partido con asistencia incluída me había convertido en fijo en las alineaciones iniciales aunque mi virtud principal seguía siendo la asistencia. Cada vez que me plantaba solo delante del portero el balon acababa tropezando en él o saliendo por fuera. Ya empezaba a pensar que mi problema era materla, en todos los ámbitos. Sin embargo, mi capacidad para levantar la cabeza al entrar al área, y mi miedo a disparara a puerta, me habían convertido en el mejor asistente del equipo. Lo mismo si terminaba metiendo una conseguía meter las otras…

En aquellas semanas cada vez más frías además Víctor, Claudia y Lourdes cada vez salían menos agobiados ya por la acuulación de materia. Y con María, Teresa y Chusa no pasaba de un café por la tarde y alguna caña antes de cenar. Con la de chicas que había en clase me fuí a hacer amigo de as más sosas. Eso me hizo salir más seguido con el equipo de fútbol sala. Aunque no en plan buitre, pues ante ellos yo tenía novia, y me ponía las botas con ella cuando nos veíamos. Un hecho animó una de aquellas salidas de fin de semana. Una noche fría de finales de noviembre, después de uno de los partidos conocimos a un equipo de voleibol femenino. Fácil de reconocer: todas altas, todas delgadas, y todas con el mismo chándal con el nombre del equipo a la espalda. Nosotros nos presentamos como equipo de fútbol sala y con la excusa del deporte entablamos conversación. El equipo eran 12 chicas, pero en aquel bar estaban 6. Nosotros habíamos salido unos 6 del equipo pero a esas alturas sólo quedábamos 4. Era entresemana y no había mucha marcha. Jugaban el viernes y el sábado regresaban a su ciudad. Esa breve estancia las hacía aprovechar al máximo sus viajes.

Me sorprendió como bebían para ser deportistas. Y más me sorprendió cuando nos invitaron a terminar la fiesta en su hostal. Yo no imaginaba sus intenciones pero desde luego las tenía que comprobar in situ. 6 chicas de entre 18 y 25 años con ganas de marcha invitándote a su habitación con dos copitas. ¿Tú te lo pensarías? Yo no, pero el portero del equipo se rajó así que nos quedamos 6 para 3. Mi imaginación volaba y mi sangre empezaba a circular por otras latitudes cuando entre risas y siseos pasamos a una de las habitaciones del hostal. Con cuidado apartamos las camas dejando espacio para poder sentarnos en el suelo y una de las chicas sacó una baraja de cartas. “¿A qué jugamos chicos?”

-¿A qué sabéis jugar?- respondió uno de mis compañeros.
-¿Poker?- respondió una de las chicas.
-Pero ¿con dinero?- pregunté preocupado.

Las chicas se miraron entre ellas sonriéndose.

-Mejor el que pierde o no va paga prenda…

Cualquiera diría que es el sueño de cualquier tío. Pero hay que versse en el sitio. Yo estaba a mitad de camino entre la excitación y el pánico. Siempre he tenido un sentido del ridículo importante y la autoestima baja como ya habréis comprobado. Desde luego no iba a salir huyendo de allí y desaprovechar el momento pero desde luego me daba bastante palo estar empalmado delante de aquellas 6 chicas y mis compañeros. Y no es por tamaño, que después de varios partidos y duchas yo sabía que no andaba mal comparado con mis compañeros presentes. Pero no sé si me podría más el morbo o la vergüenza.

Como era evidente que no era la primera vez que aquellas chicas se montaban un streep poker sabían dirigri el cotarro. De mis dos compañeros yo era el único de primer año. Los otrso dos eran mayores, uno ya de 22 y el otro, más ducho en el fútbol sala que en los estudios seguía en la facultad con 26 años. Las chicas creo recordar que eran todas mayores que yo, pero andaban por los 20 o 22 años. Nos sentaron en círculo de modo que quedabamos un chico cada dos chicas y empezó el juego. Yo no había jugado al poker en mi vida por lo que tuvieron que explicarme por encima como iba. Para que fuese más dinámico sólo se hacía un descarte y para darle emoción había que ir siempre, de modo que en cada ronda todos se quitaban una prenda salvo el ganador.

Yo al entrar en la habitación me había quitado la sudadera y ahora me arrepentía y no era por frío. En la primera mano ganó mi compañero el mayor así que las chicas se quitaron todas las chaquetas de los chándales quedando con la camiseta de entrenamiento del equipo. Yo sin sudadera por más que peleé no contó como prenda así que me quité los zapatos, y no valía de uno en uno. Aquello fue un espejismo las siguientes rondas las fueron ganando las chicas. Primero calcetines o zapatos todos los perdedores. Cuando mi otro compañero y yo nos quitamos las camisas empezaron los sílbidos de guasa de las niñas y a tararear el “You can leave your hat on” de Joe Cocker. Se lo estaban pasando bien y yo iba perdiendo el pudor. A la siguiente ronda le tocó a varias chicas ya enseñar ropa interior. Todas optaron por quitarse el pantalón y enseñarnos sus bragas antes que el sujetador, después comprendí que se tapaban al sentarse. Lo hacían de una en una y aparte de nuestra fiesta masculina las otras chicas las jaleaban sin gritar mucho por la hora. Aquello era un sueño casi mitólogico, aquellas chicas deportistas con aquellas piernas delgadas y fuertes y con aquella variedad de ropa interior, bragas blancas deportivas, braguitas con algún encaje y hasta un tanga negro de algodón. Mi relajación empazaba a tornarse en preocupación. Se me ponía morcillona y el escenario que temía se podía producir. Mentalmente me decía: “No te empalmes, Luis, no te empalmes…”

Mi suerte. Full de reinas y sietes y gané una mano. Yo seguía con pantalón puesto mientras el resto se quitaba ropa. Saltaron los primeros sujetadores a la vista. Igual que las bragas variados, deportivos, blancos, negros…el negro de encaje transparentando los pezones, y uno blanco a dos telas siendo la superior transparente, ahí se veía totalmente el pezón. Sus risas y su ánimo a compañeras cuando tocaba enseñar nos convertía en meros expectadores e incluso instrumentos d euna diversión que ellas ya tenían decidido. Se lo iban a pasar bien y tuviemos la suerte de que nos había tocado a nosotros. Cuando terminaron ellas le tocaba a uno de mis compañeros quedarse en calzoncillos y la fiesta y los silbidos ahogados aumentaron. Mi compañero se quedó con unos slips blancos marcando paquete y levantando los brazos se dió la vuelta haciendo el gesto a las chicas de aquí me tenéis ya.

Otra mano más y volvió a ganar mi compañero el mayor. Era el que más ropa guardaba todavía. 3 chicas tenían que quitarse el sujetador. La primera se puso en pie y mientras las demás cantaban a coro de nuevo la canción de Nueve Semanas y Media los tres chicos mirábamos embobados. Era la chica del tanga y se quitó el sujetador con habilidad tapándose inmediatamente con un brazo y volviendo a sentarse. Ya le tocaría coger las cartas… La siguiente chica repitió la operación pero al tener más pecho no conseguía taparse del todo y se le escapaba un pecho con un pezón grande y oscuro. Me pilló mirándola embobado y me dió más vergüenza a mí que a ella. La tercera era la más delgada de todas, la que llevaba la lencería de encaje. Sin pudor nos mostró as tetas sin taparselas ante mi asombro y excitación. Mierda en el peor momento. Me quité los pantalones mostrando mis boxers de tela a cuadros y una erección bastante visible ante la fiesta general de las chicas…

Mi cara debía iluminar de lo colorado que me puse. Las chicas se dieron cuenta y empezaron a animarme.

-El más chico y el más fuerte…

Supuse que se refería a mi altura o mi edad.

-Di que sí, niño, con la escopeta cargada…
-A ver si nos sacas un ojo…-reían.

Al final mi compañero el mayor me justificó:

-Normal que el niño se venga arriba, si es que estáis muy buenas…
-Habrá que ver cómo estás tú…- respondió la que no se tapaba las tetas.

Por fin siguieron. Mi otro compañero se lo tenía que quitar todo y una de las chicas lo recordó mientras yo me sentaba intentando disimular mi bulto poniendo las manos delante.

Se levantó y empezó a hacer un bailecito con el típico “tariro tariro…”. No sé cómo lo hizo pero se metió la mano en el calzoncillo y dejó caer los slips tapando con esa mano sus genitales. Las chicas entre risas empezaron a cantar a coro: “Polla, polla, polla…”. Pero mi compañero se sentó señalando a las chicas que se tapaban las tetas.

Decidimos que el juego terminaría cuando sólo uno tuviera una prenda pero no nos poníamos de acuerdo sobre como castigar a los que ya estaban desnudos del todo. Mi compañero, el mayor proponía una prueba, pero las chicas no se fiaban. Al final el castigo sería ponerse de pie y retirar las manos para que los viésemos desnudos.

Repartimos las cartas y los que se tapaban las vieron con dificultad sin destaparse. Ganó la chica más vestida. Esta vez pidieron cambiar el orden, primero los chicos. Mi compañero se quitó los pantalones quedándose con unos boxers negros mientras las chicas medio de pitorreo le decían: “Tío bueno… macizo” Con chulería se colocó el paquete antes de sentarse.

Después iba yo. Mi erección había bajado dejandome la polla morcillona. Intenté emular a mi compañero metiendo la mano dentro para taparme pero no conseguía bajarme el calzoncillo. Aprovechando mi bisoñez las chicas me animaban:

-Venga, que disfrutemos con lo que guardas ahí…
-Chiquillo danos una alegría, jajaja…

Respiré ondo y recordando el momento con María tiré con mis dos manos hacia abajo de mi bóxer saltando mi polla morcillona a la vista de las chicas que la recibieron de nuevo al grito de “Polla, polla, polla…bieeeeen”. Me saqué la prenda por los pies y me tapé con las manos sentándome con dignidad y con el corazón acelerado.

Ahora venian las chicas. Una más se quedó en tetas tapándose. Pero 3 tenían que desnudarse del todo. La primera se quitó las bragas rápidamente tapándose con una mano el chocho y con otra las tetas. Aun asi sus piernas, culo y vientre eran espectaculares. La segunda se tapó el coño dejando por fin a la vista dos melones considerables con grandes pezones y las venas transparentandose en la piel. Cuando se sentó se las volvió a tapar. La última se bajó las bragas de encaje dejando un coño totalmente rasurado ante nuestros ojos. Tenía unas caderas contundentes y las piernas se le separaban asomando unos labios muy marcados.

De golpe se me clavaron los ojos en su coño y se me levantó la polla como un resorte. La chica se dió cuenta y me atacó:

-¿Es que nunca has visto una chica desnuda?

Pero esta vez no me corté y respondí:

-Cuando las tengo desnudas para mí siempre me pasa esto…- y retiré mis manos enseñándole mi nabo tieso a lo que me respondió con una sonrisa.

La novedad ahora era que al sentarse tenían que taparse con las dos manos y para poder coger las cartas tenían que destaparse algo. Total, ya les habíamos visto las tetas más o menos al desnudarse con lo que todas iban optando por taparse el chochete que por la postura de estar sentadas con las piernas abiertas quedaba bastante abierto y a la vista. Yo no dejaba de alucinar. Desde que había empezado en la residencia había visto a Vanessa desnuda, a Viqui y ahora tenía a 4 chicas desnudas, otra en bragas y otra en sujetador delante de mis narices. Lo menos que me podía pasar es estar empalmado. Lo que no comprendía era como mi compañero el de 22 aparentemente no lo estaba tapándose con una mano lo que yo ya era incapaz de cubrir.

Nueva ronda y por suerte, que no por habilidad, gané ahorrandome el suplicio de enseñar mi erección allí en medio a todo el mundo. Empezaron quitándose prendas los que aún tenían. La chica que quedaba con sujetador se lo quitó también con habilidad y mayor facilidad al tener las tetas pequeñas y puntiagudas. ¿Serían así las de Claudia? “Qué ricas, pensé”. Después mi compeñero el mayor se quedó en pelotas con naturalidad. Era un chico bastante alto y fortote y no se cortó un pelo presumiendo de un buen miembro que colgaba sobre dos pelotas bastante gordas también mientras las chicas lo observaban, alguna bastante interesada. Su cuerpo, velludo pero recortado trazaba un triángulo de pelo en el pecho que descendía por su vientre para volver a ensancharse con forma de embudo sobre sus genitales. Vamos un toro en toda regla que poco tenía que ver con mi pecho con 4 pelos y la sombra que me crecía en el pubis.

Después vino la chica que quedaba en bragas. Tenía también poco pecho y no le importaba que se lo viéramos. Se quitó las bragas frente a mí y pude ver igualmente su pubis con el vello muy recortado terminado en una raja bastante ancha de la que sobresalían unos labios arrugados. Era muy distinto del coño de Viqui y la chica que estaba a mi lado, la que me sonrió, me dió un codazo diciendome que me cortara un poco mirando. Me disculpé avergonzado. Ahora tocaba que todo el mundo se pusiera depie para mostrar su desnudez, pero la chica ganadora dió el juego por finalizado. ¿Y ahora qué?

Todos seguíamos sentados en pelotas esperando que alguien dijera algo. Yo me imaginaba una orgía de esas locas que alguna vez había visto en alguna web de internet en la que estudiantes yankis follaban todos unos con otros mientras las chicas se enrollaban entre ellas. Incluso si no eran tan lanzadas yo llevaba algún condón en la cartera de los que había querido usar con Viqui. Pero la realidad es muy distinta a la ficción y lo que allí ocurrió es que una de las chicas dijo que eran las 3 de la mañana y ntrenaban temprano para el partido de la tarde. Rápidamente todas decían que había que acostarse y empezaron avestirse mientras mis compañeros y yo nos mirábamos con cara de bobos. De hecho para cuando quise al menos aprovechar y echar los últimos vistazos a sus tetas, culos y coños ya practicamente estaban todas con bragas y camisetas puestas. Pero mi churra seguía tiesa y no me atrevía a levantarme. Mis compañeros se vestían en silencio y me miraban con cara de decir: “¿A qué esperas?”. Entonces caí en la cuenta y dije:

-Tengo un problema…-todos se volvierona mirarme y continué-…mi residencia está cerrada y no puedo ir allí a dormir. ¿Alguien me acoge?

Las chicas se miraron y al fin la que había ganado el juego contestó:

-Puedes quedarte con nosotras pero tienes que estar fuera del hostal antes de las 8 que vendrá la entrenadora a buscarnos.
-Sin problema. Me pongo el despertador del móvil y me voy antes.- respondí.

Entonces la chica que me había sonreído cuando le enseñé la polla me dijo:

-Puedes quedarte en esta misma habitación. Ahora pegamos las camas y dormimos los tres. Pero chiquillo, ponte algo…-me soltó mirando mi polla aun al aire ya algo más tranquila.
-Sí, sí, claro. Me pongo los calzconcillos que no traigo pijama. Si no os importa…

Los chicos se fueron y las demás chicas se retiraron a sus dormitorios. Yo esperé que las chicas pasaran al baño y las esperé en calzonillos sentado en la cama. Cuando salieron, una llevaba un pijama de inierno. Pero la que me había invitado llevaba una camiseta y sus mismas bragas de encaje negro. De pensar que me iba a meter en la cama con las dos casi me empalmo de nuevo. Salí del baño y la chica me dijo:

-Deberías dormir tu en medio que es más incómodo, pero a mi compañera le da palo dormir con un tío desconocido. Vamos que tiene novio y tal, así que me pongo yo en medio y tú y ella en los extremos. Eso sí, como te roces más de la cuenta o intentes algo te corto el pito.
-Tranquila encima que me hacéis el favor no voy a joderos…perdón por la expresión, quería decir meter…vaya como estoy, a cagarla.

Me sonrió por mi inocencia y nos acomodamos los tres en la cama. Las chicas al rato parecían dormidas. Pero yo estaba dandole vueltas a la cabeza sobre todo lo ocurrido y empalmado dándole la espalda a la chica para no rozarme. Sin embargo ella dormida se movía y varias veces me rozó con su culo en la cadera o me pasó su mano por el hombro y el pecho. Por fin me metía en la cama con una chica y no era sólo una sino dos, además podía presumir de haberme pasado la noche en vela, el problema es que no había sido una noche de lujuria desenfrenada desde luego. No esperé ni a que sonara el móvil. Ví que eran las 6 y media. Me levanté y fuí al baño a mear. Me vestí y cuando me disponía a irme ví que por el hueco de la manta asomaba el culo de la chica con media nalga al aire. Sin pensarmelo y con el corazón a mil por si me pillaban le hice una foto con el móvil y me fuí corriendo…

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