LUIS4CONT

XVI-Epilogo 2: trio de amigas.

Las tres amigas reían cuando levantaron sus copas.

Incluso Nerea, a pesar de su embarazo, se permitió el lujo de escanciar una copa de vino. La ocasión lo requería.

No era una risa forzada, ni de circunstancias. Era una risa fresca que expresaba alegría genuina. Libre de las suspicacias y la prevención con que habían comenzado el encuentro: formales, pero distantes todavía. Como si no se creyeran que por fin se habían reunido de nuevo. Escépticas acerca de su capacidad de superar el pasado, pero dispuestas a intentarlo.

Y ahora, comprobaban con alivio que todo resultaba sorprendentemente más fácil de lo que habían supuesto. Esquivaban los temas más delicados y se centraban en los recuerdos que las unían, en las evocaciones de los momentos que en su día fueron forjando su amistad. Fue una buena manera de avanzar.

Carol estaba eufórica. No en vano era la principal artífice del encuentro. Siempre había sido el eslabón intermedio. Se había negado a romper, incluso en los peores momentos, manteniendo la posibilidad de que un día se volvieran a reunir. Ella intuyó que tras la visita de Carlos, de la que Bea apenas le contó nada, su amiga había cambiado.

Carol siempre había insistido en los últimos años en que se volvieran a juntar, en que recuperaran su amistad, o al menos, que se hablaran de nuevo. Bea, reacia y dolida al principio, se había negado. Más adelante, dejó de mostrarse tan radical, pero nunca acababa de encontrarse preparada para ese momento: aun no, le respondía a Carol.

Por eso, ella se mostró sorprendida cuando fue su amiga la que tomó la iniciativa.

– ¿Podrías hablar con Nerea?

– ¿Cómo?

– Bueno ya sabes, quedar con ella para vernos ¿Crees que querría?

 – Pues no lo sé, pero no te preocupes que lo averiguo en un momento, comentó mientras buscaba el móvil en el bolso.

Bea la miró sorprendida…joder con Carol, anda que se pensaba las cosas…

– ¿Qué? Dijo ella…voy a llamar antes que te arrepientas, que te conozco…y sí, tengo su número…

– ¿Nerea? Soy Carol. Sí, sí Carol, esa Carol… dijo soltando una carcajada.

– Oye, te va a parecer muy raro, pero hemos pensado Bea y yo que podíamos vernos para cenar esta semana.

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

– ¿Esta semana? Bueno, no sé…

Pero Carol no la dejó pensar.

– Venga Nerea, porfi, nos apetece mucho volver a verte. Hace tantos años… no podemos seguir viviendo en la misma ciudad y sin hablarnos. Te prometo que será guay: vamos en son de paz, te lo aseguro.

Un nuevo silencio al otro lado y finalmente un está bien apenas audible.

– Tía ¿has dicho que sí?

– Sí, de acuerdo.

– Cojonudo, pues ya te llamo mañana ¿alguna preferencia para cenar?

– Bueno, me da igual…

– Venga que estás embarazada y algún antojo habrá ¿no?

Y así fue como cerraron el reencuentro.

Hubo cierta tensión no exenta de desconfianza, cuando se presentaron en el restaurante. Los primeros minutos fueron de tanteo. Pero pronto, el ambiente se relajó. El rescoldo de su amistad no se había apagado del todo y solo hubo que soplar un poco, dejando de lado los temas espinosos.

Solamente hablaron de su vida actual, eludiendo la visita de apenas hacía quince días de Carlos. Si la cosa funcionaba y si recuperaban la confianza, ya habría tiempo más adelante para sincerarse. Para confesiones y si acaso para algún reproche. Pero no ahora. Hoy el objetivo de la reunión era otro. Había que recuperar una amistad.

Y las cosas iban por buen camino.

A lo largo de una hora, parecía que habían superado la desconfianza y se hablaban de nuevo con complicidad. Carol explicaba su nueva aventura ante las miradas reprobadoras de Bea y Nerea. Ambas se miraban y se entendían solo con los ojos, sin necesidad de hablar nada: pero ¿es que ésta no ha aprendido nada de nuestras historias y a dónde nos han llevado nuestros errores?

En fin, Carol es Carol, parecían decirse…

Bea explicó que finalmente había cortado con Quique, aunque hacía ya mucho tiempo que no funcionaban como pareja. Solo había sido un espejismo que duró los primeros años. Algo que la había ayudado a superar un desastre, que ellas conocían muy bien sin tener que dar más explicaciones, pero a la larga, se vio que no tenía futuro.

Carol se mostró entusiasmada. Ella nunca había aprobado esa relación y odiaba a Quique.

– Demasiado tiempo has tardado en darle la patada…

Cuando le tocó el turno a Nerea, explicó cómo había encontrado su sitio al lado de Jorge. Les confesó que esa cena era ya lo único que le faltaba, para encontrar la paz consigo misma. Los años inmediatamente siguientes a todos aquellos sucesos, habían sido un carrusel de ansiedades y depresiones. Una montaña rusa de sentimientos que la habían dejado rota y agotada. Así fue como la halló su actual pareja. Dolida, arisca y escéptica. Volviendo una y otra vez a las pastillas y a los tratamientos. Pero al final, poco a poco y con mucha paciencia, consiguió que volviera a enamorarse. Que se sintiera bien a su lado y que pensara en el futuro, no como una amenaza, sino como una promesa.

Y ahora con la llegada de su hijo…

– ¿Podemos? Preguntó Carol mientras alargaba la mano hasta su vientre.

– Claro.

Ambas depositaron los dedos sobre su abultada barriga. Permanecieron absortas, como si pudieran sentir cada patada, cada movimiento o cada latido del feto. Estaban emocionadas y Nerea recibió el contacto no como si fueran manos extrañas, sino como una caricia, como una promesa de amistad.

De forma impulsiva, Carol se le abrazó muy fuerte. Ella le devolvió el apretón.

– Te he echado de menos Nere… le susurró al oído. Nere era su mote de guerra cuando salían juntas.

-Yo también… le susurró ella con un nudo en la garganta.

Luego fue el turno de Bea. Esta vez no hizo falta decir nada. Ambas dudaron un poco, pero luego se abrazaron igualmente. Nerea sintió hipar a su amiga y separándose un poco, pudo ver como las lágrimas le corrían por las mejillas. No pudo evitar llorar también.

– Bea, yo… Otro nudo en la garganta le impidió continuar.

– No pasa nada Nerea, todas cometimos errores, yo la que más.

– Bien, cuando terminéis de restregaros las dos, podemos pagar e irnos a tomar una copa. Bueno, la preñada que se tome un cóctel sin alcohol…Ay Dios mío, con esa barriga esta noche nos vamos a ligar nada…

– No te creas, contestó Nerea, a los tíos les ponen mucho las embarazadas…

– Pues entonces ni una palabra más, si lo dice una experta…

Antes de irse, decidieron pasar al baño para recomponerse el maquillaje.

– Alcánzame el bolso, dijo Bea. Habían dejado los abrigos y los bolsos en una silla para que no estorbaran. Carol lo cogió pero se le escurrió de entre los dedos cayéndose al suelo y esparciéndose el contenido. Entre la barra de labios, una polvera, el monedero y la cartera, un sobre color sepia…

– Y esto ¿qué es? ¿Vas a ir a votar o qué?…

– Bueno, eso me lo dio Carlos antes de irse…dijo Bea, de repente seria.

Ambas amigas se quedaron calladas y la miraron con interés. Carol se quedó paralizada, cómo si ese sobre que tenía la mano, de improviso, se hubiera convertido en algo muy peligroso. No sabía si volver a guardarlo en el bolso, o llevada por su descaro habitual, abrirlo y mirar dentro…

– ¿Y qué pone aquí, sí puede saberse?

– No pone nada.

Las dos amigas enarcaron las cejas interrogantes.

– No pone nada, es solo un billete de avión a Madrid…

– ¿A Madrid? ¿No es allí donde vive ahora Carlos? preguntó Nerea…

– Sí, eso es, dijo Bea mirándolas.

– ¿¿¿¿Y????

– ¿Y qué?

– Que si vas a ir…

– Bueno, pues… sí. La verdad es que el motivo de esta cena, es que os quería decir que voy a pasar una temporada fuera.

– ¡Si serás perra! Le espetó una risueña Carol mientras se le echaba al cuello. ¡Qué callado os lo teníais!mira Bea, me parece genial que lo volváis a intentar. Pasara lo que pasara en su día, y alguna vez nos lo tendrás que contar, Carlos te quería. Es el único tío que te ha querido de verdad.

– No lances aun las campanas al vuelo. No sé si somos ya los mismos. Sólo voy en misión de reconocimiento. A ver qué pasa.

– Con eso me vale. Si vas es porque después de todo, tú tampoco lo has olvidado…

Bea miró interrogante a Nerea, como si también buscara su aprobación.

– Creo que os irá bien Bea. Solo un consejo: no miréis al pasado. Todos hicimos demasiadas tonterías en esa época. Procura que no te lastren a la hora de vivir el resto de tu vida. Yo tardé en entenderlo…tardé demasiado en perdonarme y a punto estuve de perderme…

– Bueno, ahora tenemos otro motivo para echarnos un chupito…joder que bombazo…Carol tiró de ellas hacia fuera. ¡Vámonos chicas!

FIN

Un comentario sobre “Espiando a Bea: 10 años después (16)

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