ROSA LIÑARES

Susana y Charo se acomodaron en sendas camas, apoyadas en unos grandes almohadones y se taparon con las mantas. De repente, a pesar de los días calurosos que estaban pasando, parecía que hacía mucho frío en la habitación.
-Yo crecí sin un padre- comenzó diciendo Susana – Al ir creciendo empecé a preguntar dónde estaba mi padre. Al principio, mi madre simplemente me contestaba que yo no tenía, sin más explicaciones. Yo tampoco las pedía porque no las necesitaba. Al fin y al cabo, no sabía lo que era tener un padre y no lo echaba en falta. Pero a medida que me iba haciendo mayor tenía más curiosidad. Cuando era adolescente y ante mi creciente insistencia en preguntar, mi madre me dijo que mi padre era un chico que había conocido, con el que había salido poco tiempo y que se había ido a vivir al extranjero y no había vuelto a saber de él; cuando se fue, ella no sabía ni que estaba embarazada de mí, así que cuando lo supo ya era tarde. Estaba ella sola.
-Y decidió tenerte de todos modos- la interrumpió Charo.
-Sí, ella por aquel entonces ya estaba emancipada y tenía trabajo. No quería abortar y decidió seguir adelante con su embarazo. Aún así, tuvo el apoyo de sus padres. Una gran ayuda, desde luego. Criar a una hija sola no era fácil, aunque tengo que decir que lo hizo muy bien. Ella valía por los dos, padre y madre. Si te soy sincera, la ausencia de una figuras paterna yo no la notaba, salvo contadas ocasiones en el colegio, cuando se celebraba el día del padre y cosas así. Ahí me sentía un poco descolocada, pero tampoco le di demasiada importancia. Los años pasaron y yo dejé de hacer preguntas. Pero todo cambió con la enfermedad de mi madre. Cuando le detectaron el cáncer y empezó con la quimioterapia no sabíamos qué iba a pasar. Supongo que ella ahí vio la muerte cerca y quiso poner todas las cartas sobre la mesa; quería que cuando ella faltase yo supiese toda la verdad. Y solo ella podía contármela.
A esas alturas de la historia, Charo empezaba a sentir el corazón encogido. Todavía no acababa de asimilar que Ramón fuese el padre de Susana y no sabía cómo había sido todo, pero sintió cierta pena por la madre de su amiga. No podía imaginarse la dura historia que había vivido.
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Un comentario sobre “Otra vida (36)

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