TANATOS12

Capítulo 23

Estuvimos así unos instantes, en un silencio solo roto porque se oía el succionar de mi boca ultrajando aquella teta y los pequeños quejidos de María. Notaba como ella apretaba aquella polla de plástico, buscando una masturbación imposible pues no había piel que mover arriba y abajo, pero sin duda, era evidente, que ya en aquel momento yo ya no era yo, sino Álvaro, y me preguntaba si aquella postura exacta se habría dado. Si Álvaro le habría comido una teta así mientras ella le pajeaba, y estaba convencido de que sí, pues aquella entrega suya a aquella polla inerte y a aquellos mordiscos en su teta eran impactantes hasta la intimidación.

—Para, bruto… —la escuché sollozar, y se me abrió un dilema, pues si era Pablo debía parar y si era Álvaro debía seguir.

Afortunadamente María me sacó del brete y llevó su torso otra vez a su posición original, y yo cerré los ojos, fingiendo que no los había abierto en ningún momento. Noté entonces como sujetaba la polla de plástico con la mano y se la empujaba contra sí misma, contra su entrepierna… y su cadera se echaba hacia adelante… desesperada… como una perra en celo… frotándose… y respirando… desesperada por metérsela, por cabalgarla imaginando, recordando la polla de Álvaro.

—Uff… Dios… —suspiró para sí, pero resonó por todo el dormitorio— Acabo de contar… ¿vale?

—Vale… —respondí, sin absolutamente nada de aire, sabiendo que lo que saliera de su última confesión podría ser realmente fuerte, fuerte hasta lo insoportable. Tragué saliva y llevé mis manos a sus muslos, sobre sus medias, mientras ella seguía frotándose contra aquella goma, pero con menos intensidad, intentando contenerse para conseguir acabar de contar.

—Pues… eso… nos follaban en las mismas posturas aunque Guille a veces se corría y tenían que parar un poco. Pero Álvaro seguía y seguía follándome… Recuerdo que una vez yo estaba encima de él… como ahora… y Sofía y Guille estaban en uno de esos… descansos… besándose y tocándose a nuestro lado… y… sentí que me estaban mirando… y… les miré, y ¡ufff…! —gimoteó María y no pude evitar entreabrir los ojos y descubrir cómo se seguía empujando aquella polla contra su coño… pero sin metérsela… introduciendo ya no solo un castigo en mí, por mantener mi polla enclaustrada, sino también ella…

—Les miraste… ¿Y?

—Y… me estaban mirando… los dos… juzgándome… totalmente… y… Guille se puso de pie… sobre la cama… Te juro que en ese momento pensé que… que se me acercaba… pensé que se ponía en pie y se me acercaba para metérmela en la boca…

Mi corazón explotaba… no podía más… Necesitaba atraer a María hacia mí, besarla… quitarme el arnés… follarla… correrme… Pero me contenía… y apretaba sus muslos con fuerza… me aferraba a sus piernas mientras ella seguía.

—Y… en serio, pensé que se ponía en pie… y se acercaba, porque se acercaba… para metérmela en la boca… y te juro que deseé que… te juro que deseé que sí… que lo hiciera… Era una polla normal, ni mucho menos como la de Álvaro… pero deseaba chupársela… deseaba que Álvaro me siguiera follando mientras Guille me la metía en la boca… y entonces Sofía se puso de rodillas, frente a él… y fue ella quién… se la metió en la boca… Recuerdo… joder, recuerdo la decepción… y ver a Sofía a mi lado, de rodillas, comiéndosela… y ahí supe que… supe que si Guille también me quisiera follar…

—…Qué…

—Supe que… si me quisiera follar… me acabaría follando…

—Joder, María… —suspiré en una inhalación que ni supe si se me habría oído.

—Y… después lo que recuerdo es que estábamos otra vez… ellos sobre nosotras… Álvaro me follaba… de forma… tremenda… siempre queriendo llegar tan al fondo… y Guille a Sofía… cuando… y ahí pasó lo… para mí el momento más extraño… y es que Sofía como que se empezó a quejar… … en plan que no la tenía dura… que no se le ponía dura… Se puso como medio agresiva y hasta le dijo algo en plan… “me la estás metiendo blanda, joder” y… y Álvaro como que se sonrió y dijo algo como… “yo te doy si quieres” y ella no dijo nada o sí, no sé, el caso es que… me dijo, como a mí: “¿la tiene dura?”, refiriéndose a la polla de Álvaro… y le dije que sí, y entonces ella le dijo a Guille algo así como: “cámbiate con él, métesela blanda a esta…”

—Joder… —suspiré.

—Ya… y… nada… se cambiaron. Cuando me quise dar cuenta tenía la cara de Guille, el cuerpo de Guille, sobre mí… con aquella media sonrisa suya… le acababan de… reprender, digamos, pero me miraba… el muy cabrón… entusiasmado… Y… joder… de un momento a otro escuchaba a Sofía gemir, encantada, y Guille… restregaba su polla por mi coño… recuerdo perfectamente el sonido del látex y la polla medio doblarse… no era capaz de metérmela… Yo no podía creerme que dejara que me follase… pero lo iba a hacer, aunque no era capaz… de lo blanda que la tenía…y entonces se quitó el condón y se tumbó sobre mí… completamente desnudo… y nos besamos… nos besamos a lo bestia… me daba como asco pero a la vez besaba bien… ya en aquel momento recuerdo pensar que no entendía como me había atraído al principio de la noche… pero ahí estaba… a punto de… de follarme él también…

… y entonces… mientras nos besábamos… bajé mi mano… y le pajeaba para ponérsela dura… y comenzó a frotarse… a restregarse… le dije que se pusiera algo… pero cuando me pude dar cuenta… su polla se… vamos… que empezó a deslizarse… hacer como el movimiento de follarme… hasta que… hasta que entró sola… y comenzó a… a follarme… sin nada… y… le iba a decir que se apartase… porque… en el fondo… por un lado me estaba dando asco… pero no pude, sentí su polla… a pelo… sin nada… otra vez otro tacto, otro olor… un placer… un morbo… de que aquel cabrón me follara… que ufff… le acabé rodeando con las piernas para que me la metiera bien… hasta el fondo… no era la polla de Álvaro… pero joder… reconozco que me encantó… me… encantaba como me follaba él también…

…comenzó eso… a follarme… la sentía… tan bien… y se echó el cuerpo un poco hacia atrás, pero sin dejar de penetrarme… para mirarme a la cara y yo le miré… miré su cuerpo… estaba sudado de follarse a Sofía pero estaba aún todo repeinado… y con aquella medio barriga… era… algo rarísimo… porque me daba asco y placer al mismo tiempo, y no podía creerme que me dejara follar por aquel cerdo, pero a la vez no podía parar. Yo quería atraerlo hacia mí, para no mirarle… y cuando lo hacía él me decía en el oído algo como… “qué buena estás, qué buena estás”, así dicho muy rápido… y creo que… “me encanta follarte…” también lo repitió varias veces… y yo solo quería que no hablase… y que no se apartase, para no verle la cara de cerdo… pero no quería que dejara de follarme…

Yo ni sabía cómo mantenía los ojos cerrados, y me daba la sensación de que iba a eyacular mientras la escuchaba, aun sin que me tocase. Me quería morir del deseo y del morbo. Me llevé las manos a la cara mientras María seguía frotándose, rozando su coño contra aquel arnés. Podía sentir su calentura, su excitación… por su narración entre cortada, por sus jadeos, por la temperatura de sus muslos, de su cuerpo sobre mí. No era capaz de digerir todo lo que me decía.

—Y… ufff… después… Álvaro o Guille o la misma Sofía quiso, no lo sé… alguien decidió porque recuerdo que después nos pusieron… como… en perrito… es que no sé cómo decirlo… a las dos… nos follaban a las dos igual… y ahí sí que fue el primer momento en el que ellos se soltaron más… y Guille empezó a… no con la chulería o… la arrogancia digamos de Álvaro… ya que… sonaba hasta más bien… ridículo o cutre… pero sí que me hablaba más… y más alto… me follaba y decía guarradas, pero no susurradas… como queriendo que Sofía y Álvaro lo escuchasen… Si Álvaro las guarradas que me había dicho eran sobre todo sobre… sobre mi culo… y sobre follarme por el culo… Guille estaba… bueno como que me hablaba de las tetas… No me acuerdo como las llamaba… era como… tetones… o algo así, creo que tetones no era, pero parecido, en plan “Joder… qué tetones tienes…” lo decía en voz alta y me las acariciaba… Me follaba así, como en perrito… que suena ridículo… y me agarraba las tetas con las manos y me decía algo en ese plan… en plan “joder, ¡qué tetones tienes!” y… ahí fue yo creo cuando apareciste tú… y… claro… imagínate… yo estaba que me… te juro que estaba justo a punto de correrme otra vez cuando apareciste… y casi me muero al verte aparecer.

No quise preguntarle por qué, simplemente dejé que siguiera contando.

—Ufff… quiero acabar de contar… pero… no puedo más… —dijo y noté como se bajaba de la cama— Siéntate… por favor —me pidió y yo me giré lo suficiente como para que las plantas de mis pies tocasen el suelo y no quise abrir los ojos— y… después te fuiste… te fuiste mientras Guille me daba desde atrás y Álvaro me la metía en la boca…

—Sí… —resoplé y entre abrí los ojos y vi que ella estaba de rodillas en el suelo, entre mis piernas. Puso sus manos en mis muslos… y se metió la polla de goma en la boca… Comenzó a chupar aquella polla de manera tremenda y yo ni me atreví a llevar mis manos a su cara o a su cabeza. Aquella polla era la de Álvaro… y no me atreví a participar allí. Estuvo más de un minuto chupando y lamiendo aquella polla de goma de color carne imaginando aquel momento en el que Guille la follaba sin condón, por el coño y Álvaro le follaba la boca… Y volví a sentir aquella impresión de María, de ser tan extremadamente sexual, aquella sensación de que estaba hecha para un sexo que a mí me sobrepasaba y que a nuestras pollas de goma las sobrepasaba igualmente; estaba hecha para un sexo brutal que pocos podían darle.

No alzaba la mirada para mirarme, solo chupaba y lamía y le temblaban las manos de la excitación, hasta que no pudo más y se echó hacia atrás, produciendo un sonido hueco y húmedo al apartar su boca de aquella polla.

Yo estaba excitado, pero estaba incluso más impactado.

—No puedo… no puedo más… —dijo desesperada, pero a la vez solemne, seria, poniéndose en pie, con aquel torso desnudo imponente, con aquellas tetas colosales, con aquellas medias y aquel liguero de guarra, y dándose la vuelta, para sentarse sobre mí, para sentarse sobre aquel pollón que era Álvaro, dándome la espalda para imaginar mejor que era aquel crío quien la follaba.

—Fóllame bien… por favor —imploró, llorosa, mientras cogía aquella polla con una mano, separaba los labios de su coño con la otra y flexionaba las piernas para penetrarse por fin.

Supe entonces que no me contaría más aquella noche y que aquella última frase suya era la última dirigida hacia mí. A partir de aquel momento yo sería Álvaro y tendría que intentar calmar como fuera a aquella mujer… a aquella hembra que estaba totalmente fuera de sí.

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