ISA HDEZ

El matrimonio Buendía y su hija Marta de doce años, hacían un viaje de placer por Europa. Visitaron varias ciudades del centro, entre ellas Bruselas. En una de sus pintorescas plazas mientras contemplaban las fachadas de las casas de época que la bordeaban, admirando la arquitectura en la gélida mañana, sintieron el deseo de tomar algo caliente y se disponían hacia el café, cuando una señora con una cesta de hierbas, que parecían aromáticas, los abordó con la intención de venderles una ramita de la buena suerte y leerles la mano para adivinarles el futuro, a cambio de unas monedas. El padre hizo amago de seguir, debido al frío infernal, pero la esposa decidió detenerse con la hechicera. La niña ajena a la situación atendía con asombro a lo que la señora hablaba sin parar; mientras, con cara de pasmo le describía todo lo que observaba en las líneas de la mano de su madre. El padre atónito miraba con enojo y, se mordía el labio deseando que la señora acabara con la verborrea inventada para condicionar la mente cegada de su esposa, a la que estaba manipulando, mientras ella lo enfilaba creyéndose todo lo que la hechicera soltaba por su boca. El señor Buendía tomó a Marta de su mano y, transitó hacia el café, dejándolas a ambas solas en la plaza, como si de dos estatuas se tratara. Al instante entró la esposa enfurecida encarándose con su esposo, a lo que Marta objetó con parsimonia que el café se estaba enfriando. El viaje estaba llegando a su fin. ©

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