ROSA LIÑARES

Mientras Isabel disfrutaba su cita con Laurent, Susana y Sergio paseaban por las calles de París. Lo suyo era callejear y ni siquiera se habían molestado en sacar del aparcamiento el coche que Sergio había alquilado para aquellos días.
Ninguno de los dos tenía ganas de ir a un restaurante a cenar, así que optaron por comprarse unos bocadillos en un local cercano al hotel y se los fueron comiendo mientras paseaban. La suya no era una una cita ni una velada romántica; simplemente, dos amigos que quedaban para disfrutar de la noche en París. Se dirigieron andando al Puente Nuevo (que, curiosamente, a pesar de su nombre, era en realidad el puente más viejo de París). Antes de llegar, se toparon con varios artistas que en la calle hacían retratos de los transeúntes. Uno de aquellos hombres, con una simpática barba blanca indicó con gestos a Susana que se sentase para que la retratase. Ella negó con la cabeza y siguió caminando, pero Sergio la animó.
– Vamos, no seas sosa. Deja que te dibuje. Será un bonito recuerdo.
-No me gusta posar, me pone nerviosa-replicó ella- y salgo fatal en las fotos.
-Pero esto no es una foto, es un retrato. Y por lo que se ve, a este hombre no se le da nada mal hacerlos.
Finalmente, aunque un poco a regañadientes, aceptó y se sentó en el taburete que el hombre le ofrecía.
Mientras posaba, con la pose erguida, la mirada fija y una media sonrisa dibujada en su rostro, Sergio pudo contemplar su belleza. Tenía un rostro anguloso, pero dulcificado por unos castaños rizos alborotados que le daban un aspecto de niña traviesa. Lo que más llamaba la atención eran sus ojos, que aún siendo de un tono marrón muy común,
estaban rodeados de unas largas, frondosas y rizadas pestañas. Uno podía perderse en su mirada.
El retrato, hecho a carboncillo, le llevó al hombre apenas quince minutos hacerlo. A Susana le parecía una eternidad. Posar no era lo suyo. Y al ver el retrato terminado se llevó una pequeña decepción; no se reconocía en aquel dibujo.
-La verdad es que he de reconocer que el buen hombre no ha hecho su mejor trabajo… No pareces tú. Aunque, curiosamente, la mujer del retrato me recuerda a mi hermana. Tiene más rasgos en común con ella que contigo.
Susana se quedó un buen rato absorta mirando aquella imagen fijamente. La invadió una sensación extraña.
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Un comentario sobre “Otra vida (32)

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