MANGER

El quejumbroso llanto de la trompeta hacía suponer que los labios del anónimo trompetista marcaban el rictus de un alma rota por el desconsuelo; pero ni un pequeño desafino rompió su melodía, un conocido jazz cuyos compases repetía, una y otra vez, mientras la salobre bruma del puerto iba encurtiendo la luz de las farolas con un halo de melancolía que parecía hermanarse con sus tristes notas.

Sacó un último cigarrillo y lo prendió entre los labios disponiéndose a disfrutar durante unos segundos más de aquella quebrada voz del metal. Mientras, apresurada por la rápida sucesión de unos rancios fotogramas filmados en blanco y negro, se proyectaron en su mente los inflados mofletes de un maduro Louis Armstrong tomados de las casi ya olvidadas cintas de su particular salón de las vivencias.

Aquellas notas y su quebrada voz le hablaban del desencanto de una vida desechada, de las iras destempladas, de crímenes sin causa ni perdón posible, del esperpento de su personal tragicomedia; todos esos demonios por los que se había dejado llevar haciéndole despreciar la belleza del amor, el candor de la mirada de un niño, un beso, una caricia, la ternura de la propia vida… ¡y de cuántas cosas más!

Un torbellino de sentimientos se mezclaron con aquella melodía inundando su corazón y, tras dejarse caer desde el embarcadero sin otra voluntad que la del necesitado de tantas y tantas redenciones, mientras su cuerpo apuntaba sin retorno hacia la muerte, absorbiéndole hasta el círculo concéntrico que intuía en el fondo de aquellas negras aguas, sus oídos dejaron de escuchar al anónimo trompetista, quizás cansados ya sus labios, quizás estupefacto ante la justa sentencia… quizás callado por el respeto al arrancarse entre la densa niebla del muelle los rasgos de una guitarra acústica donde el quinto vibrar del bordón daba paso a la lejana voz de un Johnny Cash vestido en luto para festejar su despedida con un último y definitivo “Folsom Prison Blues”.

3 comentarios sobre “Justa sentencia

  1. Excelente!.
    fellcudades!.

    Una vez , en el Harlen habia ido a N.Y. y alguien en un local oyendo jazz me dijo: “En la melodia hay una nota cautiva q pugna por escaparse de la disciplina de la partitura.
    Localizala, monta en ella como si fuera un corcel y cabalga en ella y escapais juntos””.
    La “desertora” suele venir en la trompeta o en el clarinete””.
    Salusdos. Alberto

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  2. Excelente relato!!.
    Felicitaciones.
    Una vez , en un local de jazz en el Harlen neoyorquino, alguien me dip una receta para oir jazz

    “”En la melodia hay una nota rebelde q quiere escapar de la disciplina de la partitura. Localizala, monta en ella como si fuera un caballo y juntos cabalgais ..Buscala en la trompeta o en el clarinete””‘.

    Saludos. Alberto

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  3. Muchas gracias, Alberto, por tu comentario. Muy acertada esa receta, que bien puede cocinarse al fuego de cualquier otro estilo musical, aunque el jazz sea un gran condimento para ello. La música es un ser misterioso, un ejemplar cimarrón al que cabalgar con oídos prestos y muy finos. Gracias, y mis saludos afectuosos también.

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