CAPITÁNTRUENO

Capitulo 2

La mañana transcurrió sin más mensajes. Bloquear al remitente había dado sus frutos.
Andrés siguió con su trabajo, sin volver a pensar en los mensajes. La mañana pasó deprisa, y al llegar la hora de la comida, salió de la oficina para ir al restaurante de siempre a comer.
Cuando llegó, ya estaba allí Raquel, la chica con la que compartía comida y confidencias, y algún escarceo, desde hace años.
Andrés tenía ya 43 años, y llevaba en aquella empresa desde los 22. Había pasado por distintos departamentos de la empresa, había realizado muchas tareas distintas, había ascendido y ahora era uno de los asesores más importantes de la compañía. Tenía un equipo de 7 personas a su cargo.
Raquel, entró en la empresa dos años después que él. Y desde casi el primer día congeniaron perfectamente. Ella tenía un año menos que él. Era una mujer menuda, de ojos marrones brillantes, con pecas sobre las mejillas, una sonrisa perfecta. No era especialmente guapa, pero sus gestos y su permanente alegría, la convertían en una mujer con mucho atractivo. Vestía siempre elegante, con ropa muy bien coordinada, nunca minifaldas (esas eran para los días libres) nunca escotada (también lo dejaba para los días libres) siempre perfectamente maquillada, sin excesos. Aun así su figura se marcaba perfectamente con su ropa. Aunque bajita, tenía unas piernas bien formadas, un culo respingón del tamaño adecuado y unas tetitas, no excesivamente grandes, pero tampoco pequeñas. Era el conjunto, como decía Andrés, perfecto. Manejable y buenorra.
Se conocían tanto los dos, que en cuanto Andrés se sentó, y a pesar de que no había vuelto a pensar en los mensajes, Raquel le dijo:
-¿Qué ha pasado?
-¿Qué ha pasado de qué?
-Traes mala cara. Te noto raro
-Pero si no he dicho ni he hecho nada
-Andresín, que te conozco chavalín.

Raquel siempre le llamaba así, cuando hablaban de intimidades, de confidencias, o cuando follaban. Porque sí, Raquel y Andrés, de cuando en cuando, sin ataduras ni obligaciones, follaban. Y follaban muy bien, porque se conocían, conocían sus gustos, y porque cuando follaban era como una terapia que alguno delos dos necesitaba. Porque cuando follaban era la válvula de escape a los problemas del día a día.
-No me pasa nada
-Ya. ¿Quieres que hablemos?
-¿De qué?
-Andrés, coño, que te pasa algo. Que se te nota.

Mirando para otro lado, no queriendo que ella le interrogara con la mirada, le respondió:
-He recibido unos WhatsApp
-Unos WhatsApp??
-Sí, unos WhatsApp
-¿Y?
-Pues nada.

Raquel, le miraba, sabía que si eso le preocupaba era porque algo habría detectado. Andrés no era de preocuparse por tonterías, era más pragmático, más decidido. Si algo tenía solución, ¿para que darle vueltas?
-Qué tipo de mensajes?
-Chorradas
-Enséñamelo
-¿Aquí?
-El teléfono gilipollas

Andrés buscó el móvil en el bolsillo de su chaqueta, y se lo extendió.
Raquel escribió la clave de desbloqueo, (hasta ahí llegaba su confianza mutua) y fue derecha a los mensajes. Los leyó, le miró.
-Es una estupidez de algún aburrido
-Seguramente
-Pero le estas dando vueltas
-Mujer, no siempre te mandan estas cosas, y te dicen que no te fíes de tu mujer.
-¿Te fías de Elena?
-¿Por qué no lo tendría que hacer?

Raquel se acercó un poco más, y muy bajito le dijo:
-Porque ¿quién te dice a ti, que ella no tiene un amiguito, como tu yo?
-¿Elena? No. Ella es…
-Ella es una mujer. Que está muy buena por cierto. Que tiene necesidades, como las tenemos todas. Que lo mismo necesita echar un polvo por ahí, de vez en cuando. ¿O tú no follas por ahí?
-Raquel, es distinto, lo nuestro es otra cosa.
-No digo conmigo. Digo ¿que si no has follado por ahí alguna vez?
-¿Es un interrogatorio?
-Yo no necesito interrogarte. Sé cuándo follas con tu mujer, cuando te haces una paja, cuando follas con alguna, cuando te la comen en el almacén….
-¿En el almacén?
-Andresin, Paula, La nena de inversiones, la chupa bien ¿eh?
-¿Paula?
-AYYY Andresín. Que yo no nací ayer. Se me todos tus escarceos.

En ese momento, un sonido y una vibración.

Raquel, aun con el teléfono de Andrés en la mano, lo desbloqueó y leyó en voz alta:
-Andrés, si quieres saber más. Puedo darte toda la información que necesites.
-¿Pero no le habías bloqueado? Interrogó Raquel.
-Claro
-Remitente desconocido.
-Pero es otro. Otro número distinto. ¿Cuántos teléfonos tiene este tío?
-¿Y porque tío?

Sus miradas se cruzaron, se miraban, ahora con preocupación. Raquel sabía que si bien Andrés podía ser muy frio, también podía ser asustadizo, sobre todo con su familia. Que aunque a veces pareciera que no eran importantes, eran toda su vida, eran lo más importante para él.
Andrés se desconectó de la conversación, de la mesa, del restaurante, de Raquel.
Su mente maquinaba:
-¿Qué pasaba con Elena? ¿Sería un lio? ¿Un polvete pasajero? ¿Una aventura? ¿Un amante por el que dejarme?
Raquel, que estaba bastante preocupada, le dijo:
-Andrés. Andrés. Andréeeees
-¿Si?
-Tío te has ido. ¿Qué piensas?
-No lo sé. No sé qué está pasando

Vibración, Sonido.
-¿Quieres la información? Pregunta a Raquel, a ver qué opina ella.

Un comentario sobre “El sonido del agua (2)

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