ALMUTAMID

A la mañana sí nos levantamos bastante cortados. Parecía que en vez de tener más confianza nos acabáramos de conocer. Yo me comprometí a editar el trabajo durante el fin de semana para entregarlo el lunes.

Le di bastantes vueltas a mi ocurrencia de enseñarle la churra para provocar algo cuando se supone que éramos amigos y llegué a la conclusión de que tenía que disculparme. Me empecé a agobiar tanto que el sábado cuando volvimos a salir Claudia, Lourdes, Víctor y yo me notaron pensativo. Yo desde luego no les iba a contar el sucedido, así que mentí diciendo que el trabajo no lo veía muy bien y estaba preocupado por la nota.

Lo único bueno de aquello fue que Claudia para animarme me abrazó varias veces por la espalda clavandome sus tetitas. Estaba tan absorto en mis pensamientos que ni siquiera recuerdo como iba vestida.

Para rematar la noche me encontré un calcetín en el pomo de la puerta y tuve que buscar acomodo en la habitación de algún compañero. Sin embargo tuve suerte y la cama libre era la de Vanessa. Así que tras pasar por el baño me fui a la habitación de Claudia. Con naturalidad me quedé en calzoncillos y camiseta mientras ella se había puesto un pijama de Hello Kitty que no me pegaba nada con su estilo de vestir, recordándome más a María, pero que daba más libertad al movimiento de sus pechos libres.

Nos pasamos como una hora charlando acostados en nuestras camas contándonos nuestras vidas. Yo le conté los fracasos de mis noviazgos, sin entrar en los detalles sexuales, y ella me contó que con tanto estudiar había roto con el novio con el que llevaba años en el instituto. Para ella no era compatible estudiar y tener pareja a tenor de su experiencia. Yo se lo rebatia diciéndole que su problema había sido que su ex no estudiaba.

Así nos durmimos repitiendo el domingo de la semana anterior con desayuno incluido y tarde de siesta.

El lunes entregué el trabajo con María. Teresa me preguntó si nos había pasado algo pues nos notaba distantes. Tenía que hablarlo con ella. Le dije que tomáramos café los dos solos por la tarde y accedió. No sabía como empezar la conversación cuando nos sentamos. Era un poco cortante con María sentada sin atreverse a mirarme los ojos.

-Tengo que disculparme contigo- es lo primero que me salió.
-¿Tú?
-Me pasé contigo…
-No, Luis, perdoname tú. Te provoqué a hacer cosas…yo no soy así- me dijo mirándome al fin con las mejillas encendidas.
-Pero chiquilla si fue culpa mía…
-No, yo me quedé ahí mirando tu…tú cosota…
-Me alegro por lo de cosota…

Me golpeó el brazo con una sonrisa por finy dije:

-Mira María, yo quiero seguir siendo amigos como antes como si no hubiera pasado nada.
-Gracias a Dios, pensé que ya no querrías ser mi amigo…

Con una sonrisa cerramos el tema y un abrazo al despedirnos. Había recuperado a una amiga pero había perdido en una oportunidad de avanzar en mi conocimiento del otro sexo.

Lo malo de empezar a convertirte en un amigo estupendo es que no pasas de la amistad. Ya me entendéis. Sólo me quedaba un cartucho visto el fracaso con María y Claudia. Y ese cartucho era Viqui. Regresé para un puente a casa y convencí a mis amigos para que organizaran algo con el grupito de amigas de Viqui. La ocasión la pintaron calva: un concierto de bandas locales en un parque que se terminó conviertiendo en un macro botellón. Y allí estaba yo, y también Viqui.

El saludo fue seco por su parte. Dos besos con cobra incluída. Me empezaba a temer lo peor. Tras un par de horas de charlas y bebida, y pasando un poco de los conciertos conseguí hablar con ella a solas un momento. Por fin conseguí que me contara por qué estaba tan seca. Dígamos que había interpretado que estábamos saliendo después de nuestro revolcón y esperaba de mí ese comportamiento a través del móvil y a mi regreso después de semanas fuera. Como os podéis imaginar me disculpé con la excusa de fácil de no querer agobiarla con mi ausencia. Me gustaba la niña, estaba muy buena y no iba a desaprovechar la habilidad de sus manos y la posibilidad de disfrutar su cuerpo aunque no estuviese realmente enamorado de ella. Total, no tenía otra cosa en la residencia y al menos yo le gustaba a Viqui.

La “discusión” terminó en lo que tradicionalmente hemos llamado una reconciliación, abrazos y un largo beso. Por segunda vez esa noche estuve bastane avispado y comprobé que en una zona más oscura del parque había unos arbustos que formaban como pequeñas cúpulas que llegaban al suelo. Colándome por un hueco ví que había espacio dentro por el que apenas se filtraba la ténue luz blanquecina de las farolas del parque. Tiré de la mano de Viqui y me siguió entrando a gatas al escondrijo. Según mis ojos se acomodaban a la oscuridad se veía suficientemente en aquella gruta vegetal, bastante como para comprobar que no era yo el primero que aprovechaba aquel espacio pues ví algún condón usado tirado en un fondo.

Apoyé mi espalda en el tronco del arbusto pues no cabíamos depie y Viqui se acomodó entre mis piernas apoyando su espalda en una de mis rodilla y pasando sus piernas bajo mi otra pierna. La postura tenía la ventaja de dar bastante acceso a las manos de ambos. En menos de diez segundos nos estábamos besando, primero suave y después con lengua. Mucha lengua y muchas babas. Ésta vez fue ella la que se adelantó con las manos abriendo mi camisa mientras me comía el cuello. Ya llevaba un rato empalmado pero sentir su mano acariciar mi pecho parándose de vez en cuando en mis pezones me hizo gemir ante mi propio asombro. Estaba tan ensimismado en las sensaciones que su mano generaba en mi piel y su boca en mi cuello que me olvidé de usar sus manos. Me estaba dejando hacer. Era un pelele en sus manos en ese momento y solo me acariciaba.

Entonces bajó su mano por mi vientre y se tropezó con mi paquete. Con la misma mezcla de inocencia y descaro al sentir mi polla apretada en el pantalón me susurró al oído.

-Qué duro está mi niño, esto tiene que doler…a ver qué podemos hacer…

Para cuando terminó la frase ya estaba soltando mi cinturón y abriendo los botones del vaquero. Yo la ayudé soltando le botón de la bragueta y en cuando aparté mi mano coló la suya acariciando la piel caliente de mi polla y dándome un escalofrío de sensaciones. Tiró de mi verga sacándola fuera del calzoncillo y con destreza sacó mis pelotas también dejando todo mi sexo expuesto a la luve iluminación de nuestro escóndite. Hasta yo me asusté de mi nabo tieso, totalmente empalmado, con las venas marcadas y el glande hinchado y brillante.

-Luis, Luis…-dijo mientras me agarraba por el mango y empezaba a masturbarme subiendo su mano de mis pelotas al glande y vuelta a bajar en un movimiento lento pero placentero.

Nada que ver con la paja rápida de la primera vez. Entonces reaccioné y para empatar con ella mientras no dejaba de acariciarme el falo empecé a desabrochar los botones de su blusa. Su sujetador blanco apenas sostenía sus pechos entre su buen tamaño y la postura. No me corté e inmediatamente bajé la copa, primero una y después otra liberando sus preciosos pechos muy blancos, con la piel muy suave y con unos pezones con una aureola muy pequeña pero totalmente empitonados. Me volví loco observando mis primeros pechos. Sí, ya había visto otros antes, pero éstos eran los primeros que estaban ante mis ojos, y bajo mis manos, para mi disfrute. Los agarré los amasé y rocé sus pezones con mis pulgares obteniendo sus primeros gemidos y mis primeras palabras:

-Me encantan…

Me sentía en el cielo ante la visión de sus pechos desparramados fuera del sujetador y a mi disposición. Tuve la intención de chuparlos pero la postura me lo impedía y no quería que me soltara la polla.

Viendo su estado de abandono ofreciéndome su cuerpo decidí ir por más. Solté sus tetas y me dirigí al botón de su vaquero. Lo desabroché y bajé la cremallera quedando a mi vista unas braguitas blancas con el mismo tipo de tela que el sujetador. Pensé en meter mi mano bajo la fina tela pero bajé mi mirada a mi polla tan hinchada y quise más. Me sentí orgulloso de mi miembro viéndolo parecer tan enorme con su manita agarrándolo y lo tuve claro. Quiero ver su coño.

Agarré pantalón y braga tirando hacia abajo lo que la postura me permitía y Viqui me ayudó levantando el culo del suelo apoyando su peso en mi pierna. Conseguí bajarlos hasta medio muslo dejando ante mis ojos su triángulo de vello rizado apretado entre sus muslos. Sin dilación bajé mi mano acariciándolo. Recordaba su tacto pero era la primera vez que veía uno de verdad. Y veía mi mano revolver su vello, y la suavidad de su piel y como encogía la barriga y su pecho subía y bajaba, y su mano agarraba mi polla.

Por fin mi dedo se abrió paso entre sus piernas apretadas alcanzado su humedad. Su respiración agitada se tornó en gemidos y mi dedo se abrió paso en su coño empapándose de su flujo. Hundí mi dedo y Viqui empezó a morderse los labios cerrando los ojos moviendo torpemente su mano en mi polla. Yo empecé a meter y sacar mi dedo en su coño mientras ella abría las piernas lo que sus pantalones le permitían moviendo sus caderas al ritmo en que mi dedo la follaba.

Era todo un espectáculo verla disfrutar. Cómo sería si en vez de mi dedo fuese mi polla la que la penetrara. Qué sentiría ella y que sentiría yo.

Viqui se había olvidado de mi polla mientras mi dedo seguía clavándose en su coño. Pero no me importaba su placer me tenía en éxtasis, aunque en realidad fue ella la que lo consiguió. De golpe sus gemidos se agudizaron y sus piernas se cerraron de nuevo impidiendo que mi mano siguiera moviéndose. Sus ojos cerrados y su boca abierta con grititos ahogados me indicaron que se estaba corriendo. Y yo totalmente hinchado de haberlo conseguido.

No dejaba de tragar saliva y no abría los ojos mientras a mi se me ocurrió acariciar su ombligo y sus pechos notando como se estremecía.

Por fin abrió los ojos con una sonrisa y cuando pensaba que se iba a vestir avergonzada de su desnudez pasado el momento del calentón me miró y me dijo:

-Perdona Luis, uff es que me tocas ahí y me olvido de todo.

Por mi mente pasó decirle: “Pues espera que te meta la polla…”. Pero no tengo tanta cara. En vez de eso Viqui se giró y con una mano me agarró la polla que no me había dado cuenta que chorreaba líquido preseminal y con la otra las pelotas. Me agradó como me las masajeaba mientras ganaba velocidad en la paja. Con tanta emoción empecé a notar el cosquilleo en los testículos que avisaba mi orgasmo inminente.

-Viqui, me corro, me corro…-avisé.

Para entonces su mano apretaba mis pelotas y empezaron a salir chorros con una fuerza sobrenatural cayendo sobre el pecho y la barriga de Viqui entre gemidos y sacudidas de su mano que también se había pringado.

La puse perdida. Pero en vez de enfadarse de nuevo me sonrió.

-Estabas cargadito. Como me has puesto..
-Perdona, no he podido avisarte antes…
-Tranquilo, quería que disfrutaras. Anda, pásame el bolso que tengo kleenex allí.

Se lo pasé y me limpió primero a mí y después ella misma se limpió ofreciéndome una nueva visión de sus pechos moviéndose. Hasta que no se levantó para vestirse no pude guardarme la polla y vestirme yo también. Nos fuimos del parque entre arrumacos y besos.

Si eso era salir con Viqui me iba a olvidar de Claudia.

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