MARCELA VARGAS

¿Conoces al joven cejudo que vive allá, enfrente? No te conviene. Lo digo porque yo sí lo conozco. Es un ser delicado, “enojón”. Entra a las casas de sus amistades y, con ojos que transmiten desprecio, acentuados por gruesas cejas de gnomo, mira y remira los objetos; busca y rebusca imperfecciones, y las encuentra por montones. Tras el minucioso análisis… se queda en dichas casas y no se va más.

Ese joven cejudo repudia a la gente que come con las manos. Sin embargo, es capaz de comer alimentos en mal estado para no desecharlos.

No le gusta tirar la basura, pero critica la suciedad y les tiene fobia a los bichos.

Llena tu cabeza de palabras y quejas, y después protesta porque le das malas respuestas. ¡Solamente le estás devolviendo lo que te dio! Nada de más ni nada de menos.

El joven cejudo viene de sus diversos viajes a decirte cómo debes establecerte, cuando tú estás atado a la Tierra.

Se prende de tu buena voluntad, de tu amabilidad. El joven cejudo posee ínfulas de gran crítico, pero ha cometido más errores que todo el mundo.

¡Qué tacaño es! Dándote consejos inverosímiles sobre cómo dejar de malgastar tu propio dinero.

¿Cómo no me vas a creer? ¡Así es el joven cejudo! No estoy hablando por hablar, no me mires así… No te entiendo, antes me reclamabas que no te contaba nada. Ahora que te estoy advirtiendo, dices que difamo. ¡Tampoco digas que soy falso solo porque ayer me viste hablando con él! Es que me saludó y no soy una persona maleducada.

www.relafabula.wordpress.com

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