SIX

Aquellas palabras parecieron hipnotizar a Ana. Me miraba con los ojos entrecerrados y la boca formando una “o” grande que se cerraba o abría según lo que mis dedos sobre su clítoris le hicieran sentir.

-No voy a parar hasta sentir como te corres toda llena de leche caliente…- Le susurré al oído acelerando mis dedos. Ana frunció el ceño, y me pareció que se acercaba a su orgasmo. Continué hablándole para que se concentrara en su coño. –Sé muy bien que te gusta sentirte llena de leche caliente zorra… Si… bien llenita… Lo notas??

Quería que se concentrara en su coño, en el calor de mi semen y lo que le hacía sentir, en mi voz. Ana me confesó una vez que le ponía muchísimo sentirse llena de leche. Y la idea de tener un orgasmo con mi corrida aun caliente dentro de ella, la iba a poner a mil. Ya se pellizcaba los labios con los dientes, dejando que estos se escaparan para volver a morderlos. Estaba inquieta, le hablaba más despacio, formando pausas entre las palabras mientras mis dedos jugaban con su clítoris.

–Lo… sientes? Verdad? Ese calor que te inunda… Es mi leche… Ahora… Eres mía… Llena de mi… Y te vas a correr sabiéndolo… A que si juguetito…

Giró su cabeza hacía mí y clavó su lengua en mi boca. Comenzó a darme un beso muy húmedo y guarro, lamiéndome la boca, dejando hilillos de saliva entre nuestros labios. Mas que besarme, me lamía la boca, la lengua, los labios. Cuando Ana besaba así es que estaba excitadísima. Era como si necesitara chupar algo, lamer y besar lo que fuera al llegar a ese estado tan extremo. Me volvía loco.

-Mmmhh… Que delicia de coño! Casi puedo chapotear en el!- Le susurré dándole golpecitos con los dedos justo encima de su clítoris.

Ana empezó a dar saltitos con cada golpe. Como si le dieran pequeñas descargas eléctricas.

-Oh! Oh! Oh!- Emitía un gemidito casi inaudible a medio camino entre el dolor y el placer tras cada golpecito.
-SSsssh!- La recriminé para que reprimiera aquellos gemiditos y quejidos.

Mi polla seguía clavada dentro de su coño, pero empezó a perder la dureza de hacía unos segundos. Aunque el calor de Ana, y sentir aquella humedad que me envolvía, sabiendo que parte de ella era mi corrida, alimentaban mi morbo como para que no se deshinchara del todo, y pudiera seguir allí clavada.

Mis dedos pellizcaron su clítoris, y comencé a retorcérselo despacio, teniendo cuidado de hacer la presión justa para no hacerle daño, pero que no se escapara. Ana empezó a retorcerse, como a bailar con las caderas. Y empezó a empujar su culo hacía mí, como si quisiera seguir sintiendo como mi polla la penetraba. Aunque ahora, medio blanda, me daba la sensación de que su coñito era mucho más suave y agradable, como si la estuviera metiendo en gelatina muy caliente y húmeda, y aunque mi polla estaba medio adormilada, la sensación era increíble. Mis dedos hacían que ella temblara cada vez de forma más violenta, y al sentir aquello empujaba su culo hacía atrás de manera más desesperada. Como si necesitara seguir sintiendo como mi polla la follaba y lo echara de menos.

Estaba buscando desesperadamente su orgasmo. Así que me apliqué. Me dediqué a mimar su clítoris, desnudándolo con unos dedos, y frotándolo con otros. Empecé a mover mis caderas de nuevo, pero despacio, con cuidado de que mi polla no se saliese, porque ahora había perdido su dureza, y era mucho más fácil que se doblara y se escapara.

-Eso es juguetito…- Susurré en su oído. –Ahora te toca correrte a ti… Quiero sentir como te corres llena de mí!

Sabía que a Ana le ponía mucho sentir mi corrida en su interior, me había confesado aquella fantasía suya. Normalmente, y sobre todo desde que la obligué a hacerlo, acababa en su boca y ella se lo tragaba, y es que a mí, desde que me hicieron la primera mamada, me ha vuelto loco el sexo oral, y acabar en la boca de una chica y que esta se lo trague, siempre fue una de mis fantasías. Aunque a Ana también le ponía mucho, pero más por nuestro pequeño juego de dominación, ya que en parte se veía obligada a hacerlo, a veces yo no le daba tregua, ni otra opción, y eso le excitaba muchísimo. Acabar en su boca era mi fantasía, y la de Ana es sentir como una polla le llena el coño de leche caliente, sentirse inundada, y al igual que a mi me gustaba que jugara con mi corrida en su boca, a ella le volvía loca que jugara mientras seguía llena de mí.

Yo lo sabía, pero era un regalo que le hacía de vez en cuando, sobre todo para que no se convirtiera en rutina, y Ana sintiera esa fantasía de forma más intensa cuando ocurría. Como ahora. Estaba en una especie de trance, dejándose llevar por todas las sensaciones que la envolvían. Se la estaban follando en un lavabo del curro, al antojo de alguien que tenía la facilidad de dominarla y poseerla como a le diera la gana, cosa que ella había descubierto que le encantaba. Se acababan de correr en su coño, llenándoselo de leche caliente, cumpliendo una de sus pequeñas fantasías, tras una follada en la que se había sentido sometida a ratos, o poderosa mientras había jugado conmigo.

Estaba embriagada de morbo y deseo, borracha de placer, y su coño a punto de saturarse de sexo. No le costó nada correrse. A los pocos minutos empezó a acelerar su respiración y a dar saltitos. Apenas podía contener unos grititos muy agudos, y tuve que volver a taparle la boca.

-Sssh!! Silencio!- Le ordené con un susurro en su oído. –Cómo te vuelva a oír te dejo con las ganas… zorra.

Me miró con un gesto lastimero y sumiso en la mirada, y ella misma se mordió la boca para no emitir ningún ruido. Se notaba que ya le daba igual todo menos una cosa. Mis dedos continuaron jugando con ella, mientras movía lentamente mis caderas. Yo apenas sentía otra cosa que una sensación de calor húmedo y agradable en torno a mi polla, la tenía medio adormilada por semejante orgasmo que acababa de tener, y algo blanda sin perder del todo la rigidez. Me gustaba seguir moviéndola dentro de ella, pero solo buscaba su orgasmo, estaba derrotado.

Ana ya estaba, se lo podía notar por la manera de respirar, y por como me miraba. Me ponía muchísimo verla así, en ese estado. Era una especie de trance en el que parecía decirme con sus gestos, y la forma de mirarme algo como: “Soy tuya, hazme lo que quieras…”, con una miradita lastimera cargada de sumisión. Su cuerpo temblaba sin control casi al ritmo que le imponían mis dedos a su clítoris. Había dejado de culear contra mí, y ahora parecía que aquel tembleque la dominaba entera.

Estalló mirándome de aquella manera, temblando entre la pared y yo. Fue una maravilla notar sus contracciones envolviendo mi polla. Pero justo un segundo antes de que sus últimas contracciones terminasen. Tiré de ella para darle la vuelta, y volví a empujarla contra la pared hasta empotrarla.

Ana me miró sobresaltada, y yo le obligué a abrir las piernas dándole unos golpes con mi pie, luego la agarré de una teta, estrujándosela firmemente, y comencé a darle pequeñas palmadas en el coño, muy seguidas y rápidas con la intención de que mis dedos golpearan su clítoris.

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!”

Ana empezó a emitir unos quejiditos muy graciosos y lastimeros, su orgasmo no había terminado cuando empecé a castigar su clítoris de aquella manera. Mi mano empezó a chapotear con las gotas de su flujo mezclado con mi semen que empezaron a salir de su coño. Ana me miraba con carita de cordero degollado arrugando sus cejas y agarrada con ambas manos a mi cara, como si se hubiera quedado a medio camino para darme un beso.

-Ouh! Ouh! Ouh! Ouh! Oouh!! Oouuhh!! Ggghhmm!!!- Emitía entre lloriqueos.

Le metí los dedos del centro y empecé a menear mi mano para que toda ella rozara con su coño y su clítoris, buscando obtener el mayor roce posible. Y Ana intentó cerrar sus piernas, pero le fue inútil. Me mano chapoteaba, y se escuchaba un ruidito viscoso mientras ella lloriqueaba frunciendo el ceño. Intentando agarrarse a mi para no caer de bruces.

La intensidad de su orgasmo se fue apagando, y su pecho comenzó a subir y bajar como si hubiera corrido una mataron. Me abalancé sobre su boca, y Ana me devoró con ganas. Estaba sonrojada, los labios de su boca estaban hinchados y deliciosos. Me besaba con ganas, con un mezcla de deseo y agradecimiento. Unos besos de esos que ella da con la boca abierta, lamiéndote, que parece necesitar. Me dejaba claro que todo aquello le había puesto muchísimo, como si no quisiera que se terminara todavía, pero no pudiera hacer nada más que besarme.

-Mira como me has puesto, guarra.- Le solté enseñándole mi mano empapada en la mezcla de semen blanco y restos de gotas transparentes que salían de su coño.

Ana me miró y sonrió satisfecha. Pero esa sonrisa se fue torciendo en lo que a mí me pareció de nuevo esa sonrisa de triunfo con la que me volvía a vacilar. Era una sonrisa medio perversa y traviesa que solo ella, en ese momento podía poner.

La miré a los ojos, y ella me devolvió una miradita con la que interpreté que me decía algo así como: “eso es todo?”, y de nuevo me logró picar, así que le llevé la mano manchada a la cara y se la restregué por los labios, manchándole la boca y parte de las mejillas de semen y fluidos.

-Hijo de puta…- Susurró aun respirando profundamente.

Y entonces sonreí yo triunfante.

Me separé un poco de ella, lo suficiente como para admirarla. Y le metí los dedos en la boca, los mismos que acababan manchar su cara.

Ana los chupó mirándome con cara de vicio, como si acabara de abusar de ella, y ella lo hubiera permitido todo, hinchando su pecho, y con la cara llena de orgullo habiendo disfrutado de todo al máximo. Los dos nos mirábamos como si en ese instante fuéramos los seres más poderosos del mundo.

-No sabes cómo me pone follarte…- Susurré separándome de ella, sin dejar de mirarla. –Tendría que follarte así cada día…

Ana continuaba apoyada en la pared con la espalda, casi en la misma posición en la que se había corrido, con las piernas todavía abiertas, mirándome como si me desafiara, relamiéndose. Con la típica miradita de antes que parecía decir “ya esta?? Eso es todo?” y sonreía traviesa como si esperara otro asalto. Aunque supiera perfectamente que allí no podíamos abusar, y ya nos estábamos pasando mucho.

A mí aquellas miraditas me provocaban. Me volvían loco. Porque con ellas me derrotaba, y mi orgullo me pedía volver a humillarla, a vencerla de alguna manera para que dejara de vacilarme así. Hija de puta, Sabía que lo hacía a propósito, con ellas sacaba lo que quería de mí, y hacía que me cuestionara quien dominaba a quien, y quien era el juguete de los dos. Ana para mí era puro vicio, provocándome esa dependencia de la que un drogadicto no puede escapar. Y no quería escapar de ella.

-Eres un cerdo…- Soltó de golpe con un suspiro rompiendo el silencio de aquel baño. –No deberíamos hacer esto aquí… Es muy arriesgado.

Y de repente me descolocaba con aquellos comentarios, como si de golpe la cordura se apoderara de ella. Y el degenerado fuera yo.

Me encogí de hombros.

-Y me lo dices tú? La que ha venido sin bragas a trabajar?- Me burlé.
-Eso lo he hecho porque me lo pediste tu ayer.- Contestó.
-Y no te ha gustado?- Pregunté con el mismo tono burlón.

Ana me miró, se repeinó un poco la maraña de pelo que tenía en la cabeza, y me hizo una caidita de ojos que se trasformó en una sonrisa de esas que uno no puede contener.

-Aah! Ves??- Solté señalándola con el dedo.
-No pienso venir así todos los días!- Sentenció.
-Tu a partir de ahora vendrás como a mí me dé la gana.- Solté agarrándola de la mandíbula y zarandeándola un poco. Fanfarroneaba.

Ana me apartó las manos con un gesto un poco brusco.

-Quien coño te has creído que eres??- Soltó con un tono que me recordaba a la Ana con la que me solía pelear.

“Peligro. Me había pasado?”

La miré extrañado, aquel tono me sorprendió, yo estaba jugando. Quizás empezaba a pasarme de la raya. Pero me pudo el orgullo.

-El que tiene esto.- Le solté agarrándome la polla.

Ana abrió la boca sorprendida, no se esperaba mi reacción, pero es que no me gustó su tono y mi orgullo se impuso. Luego frunció el ceño, a ella tampoco le había gustado mi respuesta.

-Joder Ana! No me jodas!- Susurré sin pensármelo mucho. –Si te follo en mi casa, luego eres puro amor! Dulce, y supercariñosa… y si te la meto aquí, me vienes con estas tonterías?? Que coño te pasa?? Joder! Te sienta mal correrte en el curro?? Es que no te ha gustado??

Ana hizo un gesto raro con la mirada, como si no se creyera lo que le estaba soltando.

-Tu eres imbécil?- Soltó abriendo las manos hacía mí.

Me la quedé mirando, ya a un par de pasos de ella. Estaba tremenda, despeinada, con la cara manchada con algún pegote blanco, transparente y brillante. Estaba muy colorada debido al esfuerzo del orgasmo, con los labios enrojecidos e hinchados, la blusa medio desabrochada, y sin nada de cintura para abajo excepto sus zapatos de tacón.

Joder estaba buenísima!

Sonreí. No pude disimular ni contenerme.

-Joder! Deja de usar ese tonito conmigo…- Susurré. –Porque me la estas volviendo a poner dura.

Era cierto, mi polla empezaba a hincharse de nuevo, empezaba a cabecear hacia arriba lentamente. Pero estaba derrotada y no llegaba a hincharse del todo, por lo que no paraba de cabecear intentando endurecerse sin lograrlo. Y es que verla indignarse de aquella manera, tal y como estaba, me estaba dando mucho morbo.

Ana me miró la polla, y luego me miró a mi asombrada.

-Joder, en serio?- Preguntó.

Me encogí de hombros.

-Díselo a mi polla, yo no la controlo, como me sigas hablando en ese tono… Tendré que abalanzarme sobre ti y ponerle remedio… Estas muy buena como para poder contenerme… Y ese tonito me pone muy burro.- Bromeé.

Ana me dio por imposible, y no pudo aguantar una sonrisa. Eran los nervios, esa sensación de culpa de acabar de hacer algo y darse cuenta de que no estaba bien lo que la cabreaba.

-Anda! Guárdate eso!- Me dijo señalando a mi polla.

Continuará…

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