SARA LEVESQUE

Recordé cuando me espiabas a hurtadillas. Me sentía observada y envuelta por tu risilla. Tu mirada me provocaba de todo, desde dudosa incertidumbre hasta deliciosas cosquillas… Qué pleno era que, después de titubear sobre si cepillarnos los dientes o no, acabáramos cepillándonos la una a la otra; tú entre mis piernas te perdías nadando en mis Antillas, yo feliz por haberle robado al mundo una de sus Siete Maravillas.

Algunas veces esa alegría se arrugaba como una polilla. Desenvainabas tu silencio tan afilado como la más cruel de las cuchillas. Igual de despiadado que cuando a un ahorcado le pateas la silla. Y en mis ojos, concretamente en sus orillas, aún se asoma la duda de por qué a veces no me quieres compartir tus pesadillas. Tus motivos tendrás, o seré yo que me suelo pasar de listilla.

Solo recuerda que no soy la enemiga, sino tu Compañera deseosa de volver a abrazarte, ya sea en una bohardilla o viviendo dentro de una caja de cerillas. No te voy a dar la espalda, y si me la das tú que sea solo para rascarte cuando te asalten las cosquillas.

Nunca dejes de espiarme con tu sonrisa de Mujer traviesilla. Te lo pido de rodillas. ©

3 comentarios sobre “Una de las siete maravillas

    1. Hola Walter, muchas gracias por tu lectura. Hagamos una cosa, si te parece. Mándame un mensaje privado a mi web (www.bohemiateadoro.wordpress.com) y déjame ahí tu email. Yo te escribiré y hablamos sobre el podcast y lo que gustes. Un abrazo.

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