MOISÉS ESTÉVEZ

La fastidiosa mosquita con su lengua veloz hoy no tenía ganas de volar,
había elegido caminar sobre aquel cable haciendo un alarde de equilibrio.
Claro, así cualquiera, con tres pares de patas con propiedades adherentes. La
querría ver yo paseando por ese hilo electrificado con unos pies como los míos,
juanetes incluidos, seguro que caería al vacío. Pero bueno, supongo que
cuando Dios empezó a repartir atributos, a ella le tocó este como le podía
haber tocado otro cualquiera. ¿Le concedió también la particularidad de
posarse en mi cara con una inigualable desfachatez después de estar
pisoteando una mierda? Hija de puta…

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