ALMUTAMID

Menudo resacón a la mañana siguiente. Dormí pocas horas y me levanté con dolor de cabeza y la boca seca. Claudia dormía plácidamente en la cama de Óscar. Estaba preciosa con su cara relajada por el sueño profundo mientras su respiración hacía subir su pecho arriba y abajo. Ese pecho que tan nervioso me ponía. Bajé al comedor a beber agua y me fuí a ducharme. El agua caliente y una aspirina contuvieron el dolor de cabeza. Regresé al cuarto a vestirme con mi albornoz. Claudia seguía dormida. Decidí vestirme allí mismo de espaldas a ella me puse rápidamente los calzoncillos y una camiseta. Pero cuando sacaba los pantalones de chandal giré la vista y me encontré con los ojos de Claudia observándome.

-Segunda vez que te veo el culo en pocos días…buenos días.

Colorado como un tomate terminé de acomodarme el pantalón y le devolví los buenos días.

-Voy a buscar algo de desayuno. Si quieres te espero abajo.
-Espera, bajo contigo y desayunamos en un bar.

Ante mi sorpresa se quitó mis calzonas quedando con unas braguitas negras de algodón a juego con su camiseta y se sentó para ponerse las medias negras de la noche anterior. Apenas me dió tiempo a ver como le quedaban porque aparté mi mirada para que no me pillara viendo con cara de tonto, pero sí sus largas piernas blancas. Se terminó de poner las medias, muy opacas, que parecían unos leggins y se acomodó la falda.

-Ya casi estoy…- me dijo enfundándose el chalecón.

Reaccioné acercándole las botas para que se las pusiera. No hacía más que darme motivos para incluirla en mis fantasías masturbatorias. A sus pechos libres ahora unía sus piernas y mi imaginación ya quitaba sus braguitas negras dejando a mi vista su triangulito que suponía muy negro sobre su piel blanca.

Desayunamos en un bar frente a la residencia muy concurrido los fines de semana en que el personal se levantaba tarde. A la vuelta pasamos por su habitación y como ya no tenía calcetín pasó para darse una ducha y cambiarse de ropa. Yo me fuí a la mía. Estaba Óscar al que me negué a darle ninguna descripción de mi supuesta compañera amatoria de la noche anterior.

Aquella semana empezó la liga universitaria y jugué mi primer partido, o mejor dicho, mis 5 primeros minutos que fue los que disputé con el equipo en el que brillé dando una asistencia de gol en nuestra victoria sobre Matemáticas por 5 a 2. Los partidos se jugaban por la tarde así que tras ducharnos en los vestuarios del pabellón que nos habían asignado nos fuímos a tomar una cerveza para celebrar el resultado. Esa tarde había quedado con María para terminar el trabajo que teníamos que presentar la semana siguiente. Como era jueves quedé en pasarme después por su casa. Se me hizo más tarde de lo que esperaba y llegué a casa de María cerca de las 9 de la noche. Cuando comparamos lo que habíamos hecho cada uno nos dimos cuenta que nos quedábamos cortos y habíamos perdido la tarde. Ella tenía que ir a su pueblo ese fin de semana por una celebración familiar. Me propuso terminarlo esa noche en su casa aunque acabáramos tarde. Pidió permiso a sus compañeras para que me quedara allí y no pusieron pegas. Pero si me cerraban la residencia no tendría donde dormir. María me explicó que había un colchón bajo su cama, lo sacábamos y me dejaba una manta.

Entre que nos organizamos y nos pusimos de acuerdo ya eran las 10 pasadas. No podíamos perder más tiempo. María hizo una pizza y nos pusimos manos a la obra mientras nos la comíamos. Estábamos pagando la novatada los dos allí trabajando tan tarde con el ordenador pasando los párrafos que queríamos utilizar a una presentación con fotografías relacionadas. E íbamos más lentos de lo previsto. Sus compañeras ya se habían acostado hacía rato cuando María propuso parar un momento para tomar café y despejarnos. Trajo los cafés y nos sentamos en su cama con las espaldas pegadas a la pared. Nos pusimos a charlar de otras cosas y no sé como llegamos a la conversación sobre su vida íntima.

María a sus 18 años era una niña de colegio. No aparentaba inquietudos por el sexo, ni siquiera una visión románticona o tierna de tener novio, de pensar en un chico guapo. Siempre en colegio femenino de monjas su relación con chicos se basaba en los miembros de su familia. Yo era su primer amigo pues hasta entonces sólo se había relacionado con chicas.

-Pero te gustan los chicos, ¿no?
-Claro tonto…pero…no he conocido a ninguno.
-¿Y cómo sabes que te gustan entonces?

Me enseñó fotografías que guardaba en su carpeta de cantantes y futbolistas.

-Y de sexo, nada de nada…-dije levantándome de su cama para dejar la taza de café en su escritorio y sentarme de nuevo al ordenador.
-No, no, no, no….-dijo negando con la cabeza.
-¿Y no tienes curiosidad?
-El día que me guste un chico ya veremos…
-No serás de las que dice que hasta el matrimonio nada de nada…- la pinché.
-No, pero no soy una guarra que se va liando con tíos por ahí.
-Y nunca has visto a un chico…
-¿Cómo que no? Te estoy viendo a tí ahora, tonto…
-Digo desnudo, tonta…poniéndome depie frente a ella que seguía en la cama sentada.
-No…
-¿Ni en fotos?
-No…-dijo azorada.
-¿No has visto nunca una polla?
-Shhhh, habla bajo. No despiertes a mis compañeras. No, no he visto eso.
-¿Y no tienes curiosidad?

No respondió.

-¿Quieres ver una?

Me miró extrañada sin saber como responder a mi pregunta.

-Que si quieres ver una…-insistí.
-¿Y me vas a explicar cómo es?- por fin reaccionó.
-Claro. Yo sé como funcionan…- dije con media sonrisa.
-Bueno, a ver…-dijo separando su espalda de la cam y sentándose en el filo de la cama esperando que le enseñara una foto en el ordenador o el móvil.

Entonces llevado por un impulso y acelerándoseme el corazón me bajé de un tirón el pantalón de chandal y los calzoncillos dejando mis genitales colgando a su vista. María se sobresalto y se puso una mano en la boca mientras yo observaba su reacción. Afortunadamente no me gritó ni me mandó de inmediato a la mierda. Transcurrido unos segundos tras su sorpresa y sin quitarse la mano de la boca empezó a observarla detenidamente siendo entonces yo el que empecé a sentir la vergüenza que había perdido en mi gesto espontáneo anterior. Yo ya pensaba en subirme la ropa y taparme pero como María seguía observando esperé. En condiciones normales sólo de pensar que una chica me miraba mis partes me habría empalmado como un toro, sin embargo la situación se me empezaba a hacer tan embarazosa que mi polla colgaba totalmente fláccida sobre mis pelotas con el prepucio totalmente arrugado cubriéndola por completo.

-Me imaginaba otra cosa- dijo por fin- así no da miedo.
-Es que no estoy empalmado- me defendí- así no sirve para el sexo.
-¿Y cómo se empalma?

O verdaderamente no sabía nada o se hacía la tonta muy bien.

-Pues si me excito. Si voy a tener sexo con una chica y nos besamos, o nos tocamos…- dije de forma didáctica.
-¿Y qué le pasa cuando te excitas?- dijo sin dejar de observarla a apenas medio metro de distancia.
-Pues que crece y se pone dura. Es la única forma de que entre en tu chochito.- respondí medio de coña.

Sin embargo la situación estaba cambiando. La cercanía de María, los minutos con el pirindolo al aire y sus preguntitas estaban sustituyendo la vergüenza por cierta excitación. Empecé a sentir como la sangre empezaba a bombear y mi polla cambiaba de estado alicaído a morcillona. Como consecuencia el prepucio empezó a retraerse un poco asomando el glande al abrirse el hueco que ya no cerraba tanto pellejo.

-¿Eso lo estás haciendo tú?- me preguntó de nuevo obervando mi polla como si fuese un experimento de laboratorio.
-No. Pasa sólo.
-¿Por qué?- preguntó levantando la mirada a mis ojos.
-Me estoy poniendo un poco nervioso- dije con la voz algo entrecortada sin poder evitar que mi polla empezara a levantarse sóla ante los ojos de María- al fin y al cabo yo soy un hombre y tú una chica guapa…
-¿Te estás excitando conmigo?
-Es la situación, María. Estás muy cerca…

Para entonces ya estaba bastante empalmado, con la polla tiesa y el glande casi totalmente asomando.

-Pero cuanto ha cambiado…es mucho más grande que antes. Eso tan grande no entra en mi…

La situación era un poco extraña pero bastante morbosa a la vez. Sin embargo María no se había ido, ni me había icho guarro ni nada por el estilo ni me había obligado a guardarmela. Seguía allí mirando con cara de extrañeza. Eso me hizo venirme arriba ante su curiosidad y le dije:

-Así como está ya se puede “usar”.
-No pensarás que yo…
-No, no. Sólo te digo que cuando está así ya se puede. Así ya puede echar semen.
-¿Y quedarme embarazada??
-No te puedes quedar embarazada si no te echan el semen dentro.
-¿Entonces?
-Pues la chica se la toca al chico con unos movimientos de la mano y el chico echa el semen. Como si lo estuvieran haciendo…
-No voy a tocarte eso- dijo con cara de asco- guardatelo ya, que ya he visto bastante.

Algo cortado me subí los calzoncillo y el pantelón acomodándome el bulto como pude y sudando por la situación y bastante cortado nos pusimos a terminar el trabajo. No conseguía que se me bajara el empalme y estuve tentado de irme al baño a hacerme una paja, pero me daba vergüenza levantarme y que se diera cuenta. Estuvimos casi una hora en la que estuve muy callado mientras ella me daba indicaciones sobre el trabajo hasta que al fin lo terminamos cerca de las 5 de la mañana. María se fue al baño mientras yo sacaba el colchón y lo cubría con unas sábanas y una manta que me había dado. Me iba a quedar en calzoncillos para dormir pero no sabía como se lo tomaría María después de nuestro sucedido. Ella regresó del baño con un pijama puesto en el que por fin pude comprobar sus curvas por primera vez asombrándome del buen culo y las tetas bien puestas de mi compañera. Y hacía un rato casi consigo que me la menee…

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