SIX

Aquella suplica sonó a desesperación, a necesidad. Rompió el silencio del baño, y me puso de nuevo en alerta. Estaba follándomela en aquel cuartucho blanco y frio, donde cada palabra, cada resoplido y cada susurro resonaban con un eco ensordecedor. Me pregunté cuanto rato llevaríamos allí, y me empecé a poner nervioso cuestionándome si alguien estaría preguntando por nosotros, si se notaría nuestra ausencia. Y miré a la puerta de reojo como si cerciorarme de que siguiera cerrada me diera algo de seguridad.

Tenía que darme prisa, pero el morbo y la sobredosis de sexo me nublaban el juicio. No quería acabar con aquello todavía.

Mi polla seguía clavada a fondo en el coño de Ana. Envuelta en su calor, empapada de ella. Creo que Ana pensaba que el hecho de no moverme, era para castigarla, no sospechaba que lo hacía porque no podía más. Me estaba derritiendo dentro de ella sintiendo ese dolor agudo en la punta de la polla que te indica que vas a explotar ya.

-Qué has dicho?- Me burlé de ella volviendo a pegar mi boca en su pelo, haciendo como si no la hubiera escuchado.

Ana hinchó su pecho, arrugó sus cejas y me miró. Parecía que ella no ya no era consciente de donde estábamos.

-Ffffóllame…- Suplicó con un hilillo de voz entre sus dientes.

Noté que cambió el ritmo de sus dedos, probablemente empezaron a tocar su clítoris, o algún punto crítico que le proporcionaba mucho placer. Porque abrió mucho la boca formando una “o” sorda con los labios que se fue agrandando poco a poco conforme arrugaba sus cejas. Cuando aquel gesto suyo fue muy exagerado, reuní el valor suficiente para empezar a mover mi polla sin el riesgo de correrme, y empecé a bombear penetrándola muy lentamente.

Ana acostumbrada al placentero dolor de sentir la presión de mi polla clavada como una palanca, inmóvil, no se esperaba lo que el nuevo movimiento le hizo sentir, y su cara pasó de la sorpresa a una mueca de puro vicio y placer en pocos segundos. Abrió mucho su boca y a punto estuvo de soltar un gruñido largo. Pero lo ahogó mordiéndose la boca y arrugando su nariz y sus cejas. Aquel gesto me dio mucho morbo, parecía estar notando algo muy intenso. Y su otra mano que hasta ahora estaba apoyada contra la pared, se cerró con fuerza, al igual que sus ojos. Todo sin emitir ningún ruido, tan solo el sonido de sordo cuando resoplaba por la nariz, conteniéndose.

Me acerqué tanto a ella, empotrándola, que clavé mi codo contra la pared, y mi boca entre su pelo, en su cuello.

-Joder…- Susurré pegando mi boca a su piel. –Tendría que follarme este coñito todos los días! Que puta maravilla!

Fanfarroneé, pero no exageré. Volver a moverme fue como si mi polla absorbiera todos mis sentidos y los multiplicara, sentí sus paredes húmedas envolverme y tragarme entero. Tenía todos los pelos de mi piel de punta. Cada milímetro de aquel húmedo y caliente roce, me llevaban muy lejos de allí. Me envolvía una calidez indescriptible mientras mi polla se movía de adentro a fuera profundamente, con una lentitud enloquecedora. La justa para controlarme.

-No sabes lo cachondo que me has puesto arriba, en el comedor… abriéndote de piernas… cabrona…- Le susurré entre el pelo, follándomela muy despacio.

Estaba tan al límite que en cualquier momento, si me fallaba la concentración, explotaría dentro de ella.

-Notas lo dura que está??- Seguí susurrándole mientras ella no paraba de jugar con su clítoris. –Notas como te entra??

Hablar me ayudaba a no estar por lo único que ahora me dominaba, no correrme todavía. Aunque Ana no parecía estar conmigo, sino solo con mi polla. No parecía escucharme, cerraba los ojos y su boca, y los abría coincidiendo con el ritmo lentísimo de mi polla. Si la penetraba llenándola, abría su boca hasta sentirla a fondo, cerrando su puño cuando llegaba hasta lo más profundo. Y luego cerraba su boca mordiéndose los labios y arrugando sus cejas cuando mi polla reculaba lentamente. No llegaba a sacársela del todo, y volvía a hundírsela muy despacio, y ella parecía responder a la tortura de ese ritmo tan lento, sin parar de mover sus dedos sobre la bolita hinchada y resbaladiza de su clítoris. Estaba empapada.

-Sabes una cosa… Me tienes a punto de explotar.- Le confesé hundiendo más mi boca entre su pelo. No aguantaba más. -Y te voy a dejar llenita de leche… zorra.

Ana abrió muy despacio sus ojos y me miró, no dijo nada. La mirada perdida de puro placer me lo dijo todo.

-Hija de puta… Lo estas deseando… verdad?- Disimulé mi asombro burlándome de ella, pero sin poder evitar una sonrisa por la sorpresa, y pegué más mi boca a su oído. –O sea… Quieres que me corra dentro de ti zorra… Ahora lo entiendo! Es lo que has estado buscando todo el día y por eso hoy no te has puesto braguitas… Verdad zorra??

Ya estaba, había alcanzado ese punto en el que sueltas mil barbaridades, que todo te pone ya a mil. Y la mirada de vicio que me echó confirmando lo que le acababa de decir, me volvió loco.

Empujé mi polla hasta el fondo de un golpe. Ya me daba igual todo. Aquella embestida rápida pareció pillarle por sorpresa, abrió más su boca, como si la partiera en dos, y soltó un gemido sordo pegando sus manos a la pared.

Casi me derrito allí mismo dentro de ella! Joder que caliente estaba, y que mojada!

“Hija de puta! Te vas a enterar!” Pensé cogiendo aire. Y empecé a bombear sin controlarme, libre de explotar de una puta vez!

-Uugh! Uugh!! Ugh!! Ugh!!- Emitía ella casi en mi boca.

Hundí mi boca en su cuello, y mi mano subió para amordazarla tirando de su cabeza hacía atrás hasta que la apoyó en mi hombro. La apreté más entre mis brazos y la empotré todo lo que pude. Quería que se sintiera sometida. Ana se rindió por fin a mi abrazo, dejándose llevar. Comenzó a ahogar gemidos tras la mordaza de mi mano, desesperada, pero yo los tenía casi al lado de mi oído y me daba la impresión de que nos estaba escuchando toda la empresa.

-Tócate! Tócate zorra! Aun no te he dado permiso para que dejes de hacerlo!- Le solté mientras se la clavaba una y otra vez.

Ana reaccionó volviendo a meter su mano entre las piernas como si ya no tuviera voluntad propia, y su brazo comenzó a vibrar de nuevo. Yo me había impuesto un ritmo que no me permitía hacer otra cosa que bombear abrazado a ella, con una mano tapándole la boca, y la otra tirando de su cadera.

Ella levantó más el culo, quedando totalmente arqueada y con las tetas aplastadas en la pared como único apoyo. No podía moverse. Era mía. Se habían acabado las tonterías, eran mis últimas embestidas, lo podía notar, estaba a punto de explotar. Esa sensación aguda que te avisa de lo inminente se hacía cada vez más intensa, pero ya me daba todo igual.

Estaba desbocado, por fin liberado de la tensión constante de controlarme y no correrme, eso se había acabado. Sorprendentemente estaba aguantando más de lo que creía. La penetraba una y otra vez sin miramientos, gruñendo sin hacer ruido detrás de ella como un animal. En uno de esos movimientos, calculé mal, y tuve que soltarle la boca para apoyarme en la pared y evitar que ella se diera un golpe con la cara. Ana aprovechó aquel error para girar su cara y buscar mi boca.

-Sigue hijo de puta… Aagh! Dame más fuerte! Cabrón!!- Resopló desesperada en mi boca con un susurro de voz justo antes de darme un beso muy húmedo.

Estaba seguro que aquella suplica se había escuchado fuera. Pero ya estaba sentenciado! Tenía que darlo todo!

Ana intentaba picarme?? Aun me vacilaba?? O eran sus últimos intentos por mantener su orgullo?? Seguramente era yo que ya lo veía todo con el subidón y la borrachera sexual que llevaba encima, no lo sé. De todas formas logró lo que buscaba, aquel susurro entre dientes a la desesperada había roto el silencio del baño, fueron sus primeras palabras en mucho rato, y consiguieron lo que Ana quería.

Sonreí con malicia y me aparté de su boca, sintiendo como ese hijo de puta que llevo dentro tomaba el control.

Le empujé su cabeza hasta que su cara quedó empotrada contra la pared, luego abrí mi mano y la apoyé asegurándome de que Ana permaneciera así, humillándola como si ella me diera igual. Aceleré todo lo que pude, hundiéndosela desde atrás, iba a follarme su coño a mi antojo con lo poco que me quedaba ya. Iba a darlo todo!

Ana empezó a ahogar unos gruñidos mordiéndose la boca con la cara de lado aplastada contra la fría pared. Mi puño se cerró en su pelo, atrapando un buen mechón. Dejé a un lado los miramientos y comencé a resoplar como un animal golpeando su culo con mis caderas cuando mi polla llegaba hasta el fondo. Ana no podía contener algún gemido, y estos sonaban como truenos en el pequeño cuarto que formaba aquel baño.

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!…”

Aquel pequeño baño se llenó de los palmeos que hacían nuestros cuerpos al chocar, resonaban como si alguien estuviera aplaudiendo constantemente, rebotando con un eco apagado en las paredes. Recé para que nadie escuchara nada, porque sabía que aquel jaleo traspasaba la fina puerta y llegaba hasta el pasillo. Pero ya no podía parar.

-Córrete! Córrete cabrona!!- Le susurré entre dientes sin miramientos. –Te voy a dejar llenita de leche!!!

Pero creo que Ana estaba más por mi polla que por otra cosa ya, lo demás parecía darle igual. Incluso parecía gustarle el agarrón del pelo, y que la tuviera empotrada de aquella manera contra la pared. Cuando yo empujaba, ella echaba su culo hacía atrás como si quisiera sentirla más adentro emitiendo un pequeño gruñido. Yo embestía y ella reculaba con una sincronización perfecta y deliciosa.

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!…”

Estaba fuera de mí. Los dos nos estábamos desahogando en un baile violento y liberador, como si ya estuviera todo dicho y solo quedara culminarlo. Lo cierto es que si alguien nos hubiera pillado, la estaba empotrando contra la pared de tal forma, inmovilizada, y sometida a unas embestidas tan fuertes, que a no ser por cómo se movía Ana, podría haber sido fácil pensar que la estaba violando.

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!…”

Empecé a sentir que esa sensación aguda en la punta de mi polla, se hacía ya insoportable semejante placer, ya no había vuelta atrás, mi polla había alcanzado ese punto álgido en el que sabes que va a descargar. Ese punto en el que parece que aguantes la respiración, y en el que sabes que en cualquier segundo explotas, pero por alguna razón que no te explicas aun aguantas, y te entra ese ansia por sentir el orgasmo, y aceleras dándolo todo.

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!…”

Lo necesitaba. Mi polla había nublado mi juicio y todo mi cuerpo buscaba esa explosión de placer. Ni siquiera era consciente del ruido que ahora hacíamos.

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!…”

-Oogh!!- Comenzó a gemir sin poder remediarlo.

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!…”

-Oogh!! Oogh!! Oogh!!- Sus gemidos ya no se contenían.

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!…”

-Oogh!! Oogh!! Oogh!!- Nos iba a oir!

“Plaf! Plaf! Plaf! Plaf!…”

Los dos jadeábamos y gruñíamos como animales.

De repente, me tiré contra Ana aplastándola contra la pared, abrazándola con fuerza, y hundiéndole la polla hasta el fondo. Le di una embestida tan fuerte que Ana se puso de puntillas.

Ya estaba!

Ana tomó aire y contuvo la respiración al notar como se la clavé de un golpe, mientras mi cuerpo se tensaba. Mi polla se hinchó dentro de su coño, y me envolvió con un calor difícil de describir. Lo noté todo a cámara lenta. Soltó la primera descarga ofreciéndome un orgasmo que fue como si me liberaran de una punzada intensa y me inundara una ola de placer.

Puro alivio…

-UUgghh!!- Se me escapó entre dientes, y lo intenté esconder hundiendo mi boca en el cuello de Ana.

Ella cerró los ojos sintiéndome. Sintiendo como mi polla la llenaba después de palpitar. No podía moverme, mi piel se erizó y sentí como un escalofrío recorría mi espalda poniendo mis pelos de puta como las ondas que deja una piedra al caer en el agua. La primera descarga había sido muy larga y potente, noté como salió un chorro caliente y muy largo. Ana tuvo que haberla notado como un disparo caliente que la llenó por dentro. Fue como si toda la tensión sexual acumulada de la excitación de todo lo sucedido se descargara de un solo golpe, saliendo a chorro por mi polla.

Las demás descargas fueron más cortas, pero para mí igual de intensas. Apenas podía moverme, mi espalda se tensaba con cada una de ellas, y me provocaba un pequeño espasmo que me hacía dar como un saltito abrazado a ella. Conozco mi cuerpo, y tras estar aguantando tanto rato el orgasmo en la punta de mi polla, luchando contra él, el regalo al final, es mucho más intenso. Fue algo exagerado, noté como descargué mucho más semen de lo normal, y con mucha más fuerza. Incluso cuando creí que ya estaba, sentía otra palpitación, y notaba otra deliciosa descarga.

Ana giró su cabeza y me besó con un beso muy húmedo y cariñoso, que más que a sexo, me supo a agradecimiento, a pura satisfacción. Y me enamoró.

Joder! Aquella corrida había roto mis barreras.

Su lengua invadió mi boca, y decidí dejarme llevar por aquel beso, concentrándome en su boca para evitar el bajón tras sentir aquel orgasmo de manera tan intensa.

Los dos, con la cara pegada a la pared, y yo con mi polla aún dentro de ella, nos comíamos la boca entrelazando nuestras lenguas en un beso que poco a poco pasó de la ternura, al deseo. Su respiración se mezclaba con la mía, y se fue acelerando, llegando a resoplar los dos de nuevo.

Me zumbaban los oídos, parecía que de repente el baño daba vueltas y se cerraba entorno a mi. Había sido muy intenso, y me había dejado exhausto. Casi mareado.

Ana era capaz de provocarme aquellos orgasmos, era como una droga. Esa capacidad que tenía para herir mi orgullo y mantenerme siempre en el precipicio de la cordura, del deseo, me emborrachaba. Ana era un súcubo que me exprimía, y de qué forma! No me quedaban fuerzas, estaba mareado pegado a su espalda, agarrado a su cuerpo e intentando disimular aquella debilidad en las piernas.

Me di cuenta de que Ana no había alcanzado su orgasmo, dudé en castigarla y dejarla con las ganas, inventando un pretexto para mantener mi papel de cabronazo. Simplemente porque no podía moverme, jadeaba intentando recuperar el aliento.

O podía hacer un esfuerzo, reunir mis últimas fuerzas para recompensarla. Se lo había ganado a pulso. Y nada más pensar en la idea de verla corriéndose, hizo que me concentrara en el calor que sentía en su coño, con mi polla dentro de ella, y lo húmedo que sentía ahora su interior con mi corrida dentro de ella. Sonreí y ese otro yo volvió a apoderarse de mí poco a poco, como si aquel orgasmo tan intenso lo hubiera golpeado, apagándolo, y de nuevo se despertara perezoso reclamando el control de nuevo.

Bajé mi mano hasta el coño de Ana sin sacarle la lengua de la boca, ni la polla de su coño. Mi polla aun palpitaba con cualquier roce, y con cada movimiento de Ana, me invadía un nuevo escalofrío que de vez en cuando me provocaba un espasmo, y me hacía dar algún saltito ridículo, y a ella parecía ponerle muy cachonda. Sonreía en mi boca cada vez que me veía dar un pequeño brinco, pero no despegaba sus labios de los míos.

Comencé de nuevo a masturbarla, al principio lentamente, como sin muchas ganas. Pero a medida que aquel hijo de puta que llevaba dentro se iba calentando, empecé a acelerar. Ahora la sentía mucho más húmeda, caliente y mojada llena de mí. Invadida todavía por mi polla, empezó a mover las caderas como si vibrara cuando mis dedos estrujaban su clítoris al pasar sobre él, y cada uno de sus micro espasmos me hacía ver el cielo. Tenía la polla muy sensible.

-Oouhh… Sssshhh…- Siseé sorbiendo saliva entre mis dientes. –Notas lo llenita que estas? Me has dejado seco… Y ahora lo noto todo dentro de ti…

Ahora mi tono era algo más cariñoso. Ana se puso colorada como si le hubiera invadido la vergüenza. Me miró con una mirada extraña que no supe interpretar, una especie de mezcla entre el asombro, el subidón de acabar de hacer una travesura, y el no creerse capaz de haberla hecho.

-Sientes todo ese calor?- Le susurré mirándola a los ojos refiriéndome a mi corrida llenándole el coño. -Ahora vas a correrte llenita de mí…

Continuará…

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