LUIS4CONT

XIII- Cuatro cenas: Nerea y Jorge.

Los jueves tocaba comer en el sofá. Era una tradición adquirida recientemente pero que ambos habían institucionalizado con rapidez. Ponían su serie favorita y siempre tenían que anticipar la comida o retrasarla. Así que una noche, decidieron que un bol de ensalada, un sándwich de tres pisos y un par de cervezas, eran el complemento ideal para tomar en el sofá y no perder detalle. Llegaban a los títulos de crédito, generalmente envueltos en un abrazo, dándose caricias inconscientemente, entre la somnolencia producida por el cansancio de la jornada y el pico de tensión que experimentaban al final de cada episodio.

Sin embargo, esa noche, Nerea estaba espabilada a la par que distraída. Con los ojos como platos miraba la televisión, pero sin ver. El final del capítulo la sorprendió distraída, con el hilo perdido y sin saber que había pasado.

Se quedaron amorrados aun diez minutos más. Pero ella estaba en tensión. Rígida y pensativa. Los dos últimos días, muchas cosas le rondaban la cabeza. No acababa de sentirse cómoda con la llegada de Carlos, por muchas seguridades que este le hubiese dado. Algo iba a pasar y ella lo intuía.

Jorge la notó tensionada:

– ¿Qué te pasa? ¿Otra vez las ansias?

– No, estoy bien… Nerea se había pasado el segundo y el tercer mes de embarazo vomitando.

Él, le acarició la barriga desnuda por encima del pijama:

– Entonces ¿qué es lo que te pasa? ¿Ya se te está moviendo?

– No tonto, aún es pronto para que dé patadas.

No acaba de decidirse, como si temiera que lo que pensaba decir afectara a su relación. Quizás fuera así, pero tenía que decirlo. Es preciso que se lo contara. Estaba claro que Nerea ya había respondido a ese dilema. Si no, no estaría revolviéndose inquieta en el sofá, intentando escurrirse de entre los brazos de su marido.

– Jorge: tengo que contarte algo.

– ¡Ostia tú!  ¡Que el niño no es mío! ¡Lo sabía!

– Imbécil…

Ella no pudo reprimir una pequeña risa. Jorge siempre igual: imposible que se tomara nada en serio. A veces llegaba a enfadarse con él, precisamente por esa costumbre suya de banalizarlo todo. Pero tenía que reconocer, que era una de las cosas que más le gustaba de su marido. Su capacidad para desdramatizar; para hacerla reír en los momentos complicados; para retirar la losa de las preocupaciones que a veces la bloqueaba y le impedía actuar.

Decididamente, Jorge le hacía la vida más fácil y más bonita. Su relación era genial, se mirase como se mirase ¿De verdad era necesario abrir la boca? ¿De verdad que era necesario decir nada que pudiera empañar esta relación?

Vamos Nerea, suéltalo ya…

– Jorge ¿te acuerdas que te hable de mi primer novio?

– Sí claro ¿qué pasa, te ha vuelto a tirar los trastos?

– Nunca te he dicho por que cortamos…

Jorge intuyó que era momento de dejar de hacer bromas.

No sabía por qué Nerea había decidido contarle en ese momento, como había acabado su relación, pero de alguna forma, había sentido la necesidad de hacerlo. Puede ser que fuera una tontería. Ahora estaba extremadamente sensible.

Le continuó acariciando la barriga y hasta se atrevió a dar una suave palmadita: ánimo Nerea, venga, suelta lo que te preocupa…

– Fui infiel Jorge. Lo engañé. Lo quería pero lo traicioné con otro.

Siguió un silencio, apenas unos instantes, en los que Nerea esperó, conteniendo el aliento, la reacción de su pareja. Cuando esta llegó, fue muy en la línea de Jorge:

– ¿Debería empezar a preocuparme?

Ella le pego un pequeño empujón:

– No idiota… y no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa.  Su marido era un cielo. Aquella broma, era la forma de decirle que no le importaba nada de lo que hubiera sucedido antes; que la quería y no se le pasaba por la cabeza que, fuera el que fuera el motivo que había tenido para hacerlo, (si es que había habido un motivo), le fuera a ocurrir lo mismo a ellos; la forma de decirle: confío en ti.

Ya intuía que esa sería la reacción más inmediata de Jorge, sobre todo teniendo en cuenta el cariño que se profesaban. Pero tarde o temprano, la sospecha anidaría en su cabeza. Querría conocer los motivos. Pretendería saber. Le preguntaría qué fue lo que la impulsó a hacer una cosa así.

De modo, que era el momento de hablarlo.

– Quería que lo supieras y que además lo hicieras por mí.

– Y ¿por quién me iba a enterar si no?

– No sé Jorge. Quizás algún día, alguna conversación…lo saben más personas. Esta ciudad no es tan grande. No te había dicho nada, quizás, porque no estaba preparada aún. Me sigue avergonzando, pero creo que debes saberlo.

– Bueno pues ya lo sé… y si tú me aseguras que no hay peligro de que vuelva a suceder, pues asunto solucionado…

– Jorge, soy humana y no sé lo que me deparará la vida. Después de aquello no me atrevo a jurar nada a nadie, pero te puedo asegurar que ni se me pasa por la cabeza volver a cometer ese error y menos aún contigo.

– Bueno ya sabes, el corazón…

– El corazón no tuvo nada que ver. Yo quería a Javi. Y no a Claudio.

– ¡Claudio! ¡Se llama como el gallo!

– Sí como el gallo… de hecho era todo un gallo de corral. Eso fue lo peor de todo. Me encoñé. Fue solo sexo. Estaba enamorada de Javi y le puse los cuernos solo porque estaba caliente; solo porque quería sentirme deseada; solo por las sensaciones que el tipo me despertaba.

Y además me descubrió.

– ¿Cómo?

– Nos pilló en plena faena.

– Joder qué fuerte… ¿y no hubo sangre?

– No te rías que pudo acabar de muy mala manera. Fue muy desagradable. Cada vez que lo pienso me daría de puñetazos…todo por culpa mía.

Siguió un minuto de silencio. Por fin Jorge parecía cavilar y concentrarse acerca de la confesión que le acaba de hace su pareja.

Nerea giró el cuello y lo miro a la cara:

– Bueno: ¿qué opinas ahora de la madre de tu hijo?

– Cariño, eso fue con 22 años…

– Veintitrés…

– Vale, da igual. Ya me has contado otras veces todo lo que tú hacías a esa edad y con tus dos amiguitas. Cosas de juventud. Yo con veintipocos hubiera sido capaz de hacer mucho más.

– Pero no lo hiciste ¿verdad?

– Pues seguramente porque no tuve la oportunidad. Venga Nerea, no me digas que no has cambiado, que ahora que has encontrado el amor verdadero (lo dijo con un guiño en su voz, volvía a hacerse el gracioso) y que además vas a ser madre, piensas que podrías volver a hacer una cosa así… ¡A hacérmelo a mí!

– No, no me creo capaz de hacer una cosa así…concedió…

– Lo ves, ya estás vacunada. Mira, creo que tengo mucha suerte por haberte encontrado ahora y no cuando tenías 20 años…Siempre tengo suerte con las chicas, igual que me paso con Conchi

– ¿Conchi? ¿Qué tiene que ver Conchi con todo esto? Repuso Nerea picada por el comentario. Sabía que Conchi había sido la primera novia de Jorge…

– Pues eso, que Conchi no era virgen cuando empecemos a salir…

– ¿Y?

– Pues qué gracias a eso follamos como locos desde el primer día.

– ¿Ah sí? ¿Y tienes que compararme, joder?

– Ya que estamos de confesiones…

– Y ¿a santo de qué viene sacar el tema de la virginidad de Conchi ahora?

Nerea empezaba a estar más picada que preocupada…

Jorge sonrió. La estaba llevando a su terreno.

– A su primer novio no le dejaba ni acercarse. Estaba obsesionada con que la desfloración era algo salvaje que la iba a hacer sangrar mucho. Que le iba a doler una barbaridad. Creía además, que bastaba con que le arrimaran a su coñito un pito, para que se quedara embarazada. Pensaba que los espermatozoides podrían saltar por el aire.

– Estás de coña…

– Que no, en serio. Ella misma me lo contó. Estuvo 4 años con su primer novio y solo los últimos 4 meses follaron.Imagínate, el chaval se lo estuvo currando más de 3 años y cuando por fin ella accede, se enfadan y cortan. Y lo más gracioso de todo, es que una vez perdido el miedo y viendo que no pasaba nada, era ella la que estaba loca por follar a diario. No tardó ni un mes en buscarse otra pareja, en este caso yo.

– El tema es que, desde el primer día, ya follábamos. Como posesos. No sabes lo agradecido que estoy a aquel chico…

– Eres un guarro…

– No lo sabes bien… Dijo Jorge mientras la mano se le iba del vientre abultado de Nerea a su entrepierna.

– Jorge, de verdad que…

– Él llevó su boca al cuello y empezó a besarla…

– Jorge, tenía que decírtelo…

– Pues ya me lo has dicho. Ahora vamos a lo que vamos… Sabes nunca lo había hecho antes con una mamá… La verdad es que me pone mucho…

Ella rio:

 ¡Estate quieto! Lo hiciste con ésta mamá antes de ayer…

Pero lo dijo sin convicción y sin retirarle la mano, que ya acariciaba sus abultados labios vaginales debajo del pijama…Sintió cómo le recorría con los dedos la rajita húmeda. Ahora se mojaba más, no sabía por qué. Y los orgasmos eran más intensos.

La boca de Jorge se cerró en torno a la tetilla de su oído, a la vez que un dedo la penetraba…

– ¡Dios!, jamás pensó que aquella conversación fuera a acabar así… Pero mira…ahhhhjj… Jóder… ¡Cómo sabía su chico dónde tenía que tocarla!…

– Jorge, la barriga… aquí estoy incómoda…

– Pues vamos a la cama… le susurró al oído, con esa voz cavernosa que indicaba que estaba excitado…

Nerea llevo la mano hasta el pubis de Jorge y pudo comprobar su erección. Desde que estaba embarazada follaban menos, pero el placer era más agudo…

Le apetecía, Dios sabe que le apetecía, que lo necesitaba… Quería que su chico la besara, que le apretara los pechos, que la penetrara en una postura cómoda para ella, para que pudiera correrse bien corrida…

Una sombra de duda cruzó por su mente… Él haría cualquier cosa por complacerla. La quería, pero pasado el tiempo, cuando en algún momento de su vida su matrimonio atravesara alguna dificultad: ¿recordaría él esta infidelidad que le había confesado? ¿Tendría a la larga algún impacto en su relación?

Qué más da, pensó Nerea

Carpe diem. Se lo has dicho y él te responde llevándote a la cama y haciéndote el amor, así que el futuro ya se verá…

Se dejó arrastrar al dormitorio y al cruzar delante del espejo que había en el pasillo, se sorprendió sonriendo a la imagen que reflejaba…

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