SARA LEVESQUE

Me encantan las veladas con velas y temporal. Es como si la luz acompañara la soledad con su peculiar abrazo acogedor. No es una penumbra enigmática, sino íntima, profunda, casi hospitalaria. Y si llueve de fondo, el momento se convierte en el mejor medio para conectar contigo mismo.

Tú, que eres muy de analizarlo todo, no te das cuenta de que eso no tiene nada de taciturno. Tus emociones por el pasado son oscuridad que va desapareciendo con cada uno de tus pasos, pero la sombra no es total. Siempre hay una luz que te guiará, aunque sea la de una escuálida vela. A pesar de su delgadez, también es firme y esbelta, con una llama constante que te llama cuando te sientes perdida.

Y si la luz de la candela se va a descansar, aparece la luz de tu mirada bondadosa. Y si cierras los ojitos, la Luna apartará las nubes de su camino para centellear a tu lado toda la noche, vigilando tus sueños. Y si sientes la Luna muy distante, recuerda que es tu Corazón el faro que cobija luz inmortal.

No permitas que la lluvia en la profundidad que tanto te gusta se convierta en un temporal que te atormente sin piedad. ©

Un comentario sobre “A la luz de…

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