ANTONIO LÓPEZ VALLEJO

Existe un piso en Atocha, acostumbrado al sonido de trenes entrando y saliendo de la estación, afiebrando las paredes. Es un piso que ejerce como guardián y protector de una juventud rodeada de cuartillas y lienzos. En su salón, de techos altos y escayolados, de paredes recubiertas de nicotina y muebles atemporales, existe una mesa donde la comida es escasa y las botellas de vino vacías se acumulan.

Allí está nuestra juventud: en los ojos marrones de tus veinte años mirándome por encima del lienzo; en tus manos, fuente de ternura, picoteadas de acuarelas multicolor; en tu pelo castaño y liso, arrancándole destellos al sol que la tarde dejaba entrar por la ventana. Allí están tu juventud y la mía, de días consumidos con avidez, escribiendo poesías, viviéndolas, dándoles sentido con tu piel y la mía.

La pasión que nos abrazaba, puesta en el arte y en nosotros mismos, no hacía más que aumentar la inspiración, alimentándose de sí misma, viéndose estampada en pinturas coloristas y folios garabateados.

El mundo entero cabía en un piso de cuarenta metros con vistas a las vías del tren, donde con tus ojos y mi mirada nos bastaba.

Todo era fácil y simple en aquel lugar, donde el destino se confabuló con nosotros, haciéndonos parte de un amor que no hacía más que crecer, fruto de la inspiración y de la genialidad que nos poseía.

Estábamos convencidos de que hacíamos aquello para lo que habíamos nacido: tú pintar, yo escribir, ambos amarnos. Y ahora tengo la certeza de que debíamos estar en lo cierto, pues en el momento en que abandonamos la pluma y el pincel, imbuidos por los convencionalismos, nuestro ingenio se vio suplantado por la mediocridad de una vida común, plena de trabajos mal pagados, hipotecas y tipos de interés.

Veinte años después de aquel piso en Atocha tenemos una casa a medio pagar, jornadas laborales maratonianas donde no hay cabida para el amor ni para la inspiración, y una cita en el juzgado, pues ni siquiera hemos sido capaces de poner fin de mutuo acuerdo a una relación donde ya ni tú ni yo somos aquellos dos jóvenes que reían escuchando el sonido de los trenes, corriendo a agarrar todo lo que fuera susceptible de caer debido al temblor que daba vida a las paredes.

Tus manos ya no exhiben, como si fueran medallas, las marcas de pintura que antes daban sentido a tu existir. Por mi mente ya no pasan las imágenes de los relatos que las musas, coquetas, venían a susurrar a mis oídos y que llenaban mis días y mis cuadernos.

Tú y yo ya no somos tú y yo, por eso el juzgado, por eso la disputa, por eso la rabia de sabernos distintos.

Pero existe un piso en Atocha, un lugar de hace veinte años, donde habitan las musas, y donde el amor que nos poseyó, solapado con la inspiración, dieron sentido a nuestro existir.

https://antoniolopezvallejo.wordpress.com/

Un comentario sobre “Cuartillas y Lienzos

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s