ALMUTAMID

Nos habíamos despedido con un largo beso en el portal de su casa y con la promesa de vernos. Si el resultado final era el mismo no dudaría en volver a quedar con ella. Sin embargo, un error de una amiga suya a la mañana siguiente me privó de volver a verla por el castigo de sus padres.

Eso sí. Al día siguiente me paseé entre mis amigos como un gallo de corral, eso sí sin dar detalles de lo sucedido para “guardar la virtud de la dama”, más que para evitar exagerar y quedar mal después.

El domingo por la noche motivado y aún con el recuerdo de la tersa piel de la teta de Viqui y aun con el olor de mis dedos tras pasearse por su sexo guardados en mi cerebro, regresé a la residencia. Sin embargo, fue llegar a las duchas y cruzarme con Claudia y Vanessa y olvidarme de todo.

¿Significaba que me iba a olvidar de Viqui? Claro que no. Casi sentía aun su lengua en mi boca y su mano agarrando mi polla. Simplemente había descubierto la gradación de las circunstancias. Viqui era terrenal mientras Claudia era celestial. Un ser etéreo imposible de alcanzar con la que tenía que cruzarme en los pasillos y el comedor sabedor que me veía como el más lejano de los seres: un amigo.

Y todo con cierto bochorno provocado cuando tras volver de los baños y mientras me vestía en el dormitorio alguien llamó a la puerta y Óscar sin ningún cuidado abrió la puerta mientras yo aún subía mis calzoncillos con mi culo blanco a la vista. A la vista de Claudia que había venido a devolver mi camiseta y que se la dio a mi compañero mientras yo me tapaba lo más honrosamente que podía y sin salir a saludarla escuchaba como mi amiga, o mi deseada, mejor dicho, se despedía de Óscar evitando su descaro y me gritaba: “Ahora te veo en el comedor”.

No discutí con Óscar por abrir la puerta estando yo desnudo. Tenía más prisa por bajar a cenar.

Bajé corriendo a sentarme a cenar con Claudia aunque cuando llegaba al comedor empecé a sentir vergüenza. Me acababa de pillar subiendome los calzoncillos. Frené mi carrera pero ya me había visto. Llegué hasta ella pero me lo facilitó bastante:

-Luis, perdona por no entrar a devolverte la camiseta, pero creo que no te pillé en buen momento.
-Ya. Óscar ha abierto la puerta sin darme tiempo a…
-Ya, por eso…

Debí ponerme coloradisimo porque Claudia siguió diciendo:

-… tranquilo, que no se te ha visto nada. Bueno, ¿Qué tal en casa?
-Bien, ya sabes. Familia, amigos…

No era plan de decirle: le he tocado las tetas a otra tía pensando que era esas tuyas que se marcan en la camiseta y no sé como evitar mirar.

-…¿Y tú? – rematé.
-Al final me quedé. He empezado ya a estudiar en serio y no quiero perder mucho tiempo.
-¿Sola todo el fin de semana?
-No, Víctor me ha acompañado mucho tiempo…

Admito que tuve un golpe de celos. Supongo que injusto mientras yo metía mis dedos en otro coño. Pero¿ Quién ha dicho que el enamoramiento sea racional? Empezaba a arrepentirme de haberme liado con Viqui. Sin embargo aguanté la conversación disimulando la desazón que me había provocado e incluso me comporté con normalidad cuando Víctor se nos unió. Desde luego nadie debía saber lo de Viqui en la residencia. No podía llegar a oídos de Claudia.

Al día siguiente tras las clases tuve mi primer entrenamiento con el equipo de la facultad. Para mi sorpresa era una especie de casting. De los 5 nuevos que llegamos nos seleccionaron sólo a tres. Ninguno era de mi clase, pero al menos eran de la facultad. Aparte de los partidos, teníamos dos tardes de entrenamiento en una pista polideportiva más cerca de la residencia que de la facultad.

Por otra parte la semana pasó entre clases, cafés con mis tres compañeras de clase y mi estudio forzado para quedar con Claudia y Víctor. Me sorprendí a mí mismo escribiéndole a Viqui para no perder el contacto mientras los primeros fríos del otoño cambiaron las camisetas ajustadas a los pechos de Claudia por sudaderas cómodas privandome de su contemplación a hurtadillas.

Los estudios cogían carrera, nunca mejor dicho, y si mis amigos Claudia y Víctor ya acumulaban tarea de estudio y muchas prácticas, a mí también me llegó el primer trabajo. La profesora de literatura inglesa quería un trabajo sobre la leyenda artúrica y la quería por parejas para hacer presentaciones en clase. Teresa y Chusa formaron pareja y María y yo también. Al principio quedamos los 4 en la biblioteca de la facultad una tarde para buscar bibliografía. Después decidimos repartirnos los materiales para que no se notara demasiado que lo habíamos hecho juntos los 4.

Nos repartimos una parte indivisual que después montaríamos en pareja para llevarla mejor preparada a la presentación en clase. Fue mi excusa perfecta para quedarme alguna tarde estudiando con Claudia y Víctor. Tampoco era plan de abandona tan pronto. Nos metíamos en el dormitorio que quedara libre y mientras uno se sentaba a la mesa con el ordenador los otros dos solían estar tirados en una cama subrayando o leyendo. No ví nada especial entre ellos así que me tranquilicé. Podía seguir teniendo esperanzas con Claudia.

El fin de semana convencí a mis amigos de repetir la primera salida y para mi alegría ambos aceptaron. Pero previamente el viernes habíamos quedado los del equipo de fútbol sala para tomar unas cervezas antes de empezar la liga y hacer piña. Aquello me arregló el viernes. El sábado quedamos los tres después de cenar en el vestíbulo. La ropa de invierno también le sentaba muy bien a Claudia. Se puso una mini de cuero negra con un chalecón de lana que le llegaba a media falda, con medias a juego y botas de tachuelas. La sorpresa fue que una compañera suya de facultad vino con ella. La chica se llamaba Lourdes. Era alta, de mi altura con los taconcitos que llevaba y muy delgada. Castaña clara con media melena, con ojos verdes, muy fina de cara y con una sonrisa cálida. Además la ropa que llevaba la hacía parecer más esbelta con un vaquero ceñido y una chaqueta ajustada a la cintura. Claudia la había convencido de que éramos muy divertidos y yo le prometí intentar no defraudarla.

Repetims el ritual de la otra vez. Cervecitas por el centro, en gran parte repitiendo las anécdotas de la otra noche para que Lourdes las conociera. Ella estaba en una residencia femenina de monjas y el horario era muy estricto así que nos fuímos un poco antes a tomar copas y bailar para que ella tuviera tiempo. Al principio la supuse algo estirarada y empollona pero según se soltaba con las cervezas resultó ser divertida. Me recordaba un poco a María, más preocupada por sus padres aunque la responsabilidad de estudiar Medicina también era un peso importante.

Cuando empezamos con las copas y el baile me llegó mi momento más recordado de la noche. Hacía calor en el local. Víctory yo nada más entrar nos habíamos quitado los jerseys. Lourdes al igual se quedó con una blusa a juego con su chaqueta. Pero cuando Claudia se quitó el chalecón casi se me sale el corazón por la boca. Llevaba una camiseta negra de licra ajustada sin sujetador. Con la luz del local no se veían sus pechos bien, pero con el baile se comprobaba perfectamente su movimiento que me hipnotizaba. Tuve que disimular una vez más ante ella para no quedarme embobado mirando sus tetas al bailar aunque no podía evitar mirar de soslayo.

Así pasamos la noche hasta que llegó la hora de acompañar a Lourdes a su residencia. Después de dejarla allí con la promesa de quedar otro día nos quedaba una hora hasta el toque de queda en la residencia. Propuse a los chicos comprar algo y bebernoslo en una habitación. Entramos igilosamente a la residencia ocultando nuestra bebida algo de picoteo y los invité a pasar a mi habitación. Óscar no estaba pero por si volvía se me ocurrió dejar un calcetín en el pomo.

Cuando llevábamos un rato hablando flojito sentimos pasos al otro lado de la puerta. Claudia con el cachondeo empezó a imitar gemidos como si yo estuviera con una chica dentro. Entonces oímos la voz de Óscar: “No me creo que el pardillo esté ahí con una titi”. Temimos que fuera a entrar y descubrir el engaño pero lo oímos de nuevo: “Vamonos a otro lado…”. Claudia dejó de gemir y los tres reímos aunque no dejé d epensar que ojalá yo provocara esos gemidos. Entre chupitos de alcohol y cacahuetes se nos hizo muy tarde y Víctor se fue a su cuarto. Pero Claudia volvió a mi dormitorio. Su cuarto estaba ocupado. Vanessa estaba con alguien. Aquella noche dormimos juntos. Le dejé unas clazonas que se puso en el baño y durmió con la camiseta negra que tan nervioso me había puesto…

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